“Ucrania” es una palabra que hasta hace poco estaba en boca de gran parte de los medios y sin embargo, la aparición o reactivación de focos de tensión en otras zonas del mundo y la congelación del conflicto en el este del país, han hecho que las miradas girasen hacia otro lado y toda noticia relativa al mismo quedase relegada a un triste segundo plano o a ninguna mención en absoluto.


 

Entender y desarrollar la esencia de lo que es y significa Ucrania es una labor compleja que genera debates y conflictos incluso dentro del país; por ello no se puede hacer un análisis a la ligera. Para algunos, Ucrania y Rusia tienen un origen común. Para otros, escuchar tal cosa es una aberración, aunque es imposible negar que Ucrania posee vínculos históricos, culturales y lingüísticos con Rusia. Por ello, en esta serie de artículos se tratará de aportar una visión más amplia de la historia y la política que normalmente suele omitirse en los análisis, ya sea por afán de ahorrar tiempo o complejidad para el lector.  

La tarea de este primer artículo será la de explicar el origen, en ocasiones algo mítico, del que beben ambos países. No se puede explicar el presente de ambos sin ahondar en el pasado y en las diversas causas de la división identitaria entre ucranianos y rusos. 

La problemática que plantea hablar de la historia de la región que hoy abarcan Ucrania, Bielorrusia y Rusia es que hay dos vertientes históricas mayormente aceptadas: la ucraniana y la rusa, las cuales dependiendo del historiador o autor, también poseen diferencias. Este artículo tratará de presentar una visión neutral que ayude al lector a hacerse una idea general. Es notable destacar que hasta los nombres de los dirigentes, príncipes o incluso los historiadores o escritores que nutren la historiografía que nos ha llegado son, en ocasiones, objeto de debate o modificación idiomática. Un ejemplo de ello es el de Mijailo Maksimovich (para Ucrania), Mijail (en el caso ruso) o “Vladimir I de Kiev” (para Rusia), Volodimir (en el caso ucraniano). En este artículo se empleará solo la versión rusa o ucraniana dependiendo de la ocasión, pero el lector debería tener presente que dependiendo del contexto en el que se encuentre o la fuente que pueda leer por su cuenta se puede encontrar con una u otra versión.  

Hay diversas denominaciones historiográficas: Rus de Kiev, Estado de Kiev, Antigua Rusia, Rutenia, etc. El territorio en cuestión estaba poblado, desde hace tiempo, por diversas tribus eslavas, además de por los siempre intermitentes pueblos de las estepas. Durante las primeras etapas de la Alta Edad Media (siglos V al X) no existió un “estado ruso” o “estado ucraniano” entendidos como los estados actuales, sino una suerte de agrupaciones tribales eslavas que fueron desarrollando en menor o mayor medida un modelo de convivencia bajo un sistema feudal que acabó desembocando en el Rus de Kiev.

Por ello, se considera que el estado antecesor de Ucrania y Rusia es el “Rus de Kiev”, una monarquía feudal existente entre finales del siglo IX y mediados del XIII. Antes de ahondar en los orígenes de la misma conviene aclarar que estos datos están disputados por diversos historiadores. La Crónica de Néstor es -supuestamente- la fuente más antigua que nos habla de los años pasados, la historia del primer estado eslavo oriental. Ésta encuentra sus orígenes en el siglo XII y fue escrita por el monje que le da nombre. Dicho monje empleó a su vez diversas crónicas de su época, escritos de cronistas bizantinos, así como leyendas populares e incluso sagas nórdicas. Muchas de las supuestas fuentes empleadas por Néstor para escribir sus crónicas se perdieron, y al relatar el autor la historia que le precedió casi 300 años antes, es complicado saber hasta qué punto son verídicos los hechos y cuánto hay de reinterpretación o incluso invención. No hay que engañarse, y es que es algo característico de la historia nacional de la mayor parte de los estados modernos. También hay que añadir que Néstor escribió sus crónicas durante el reinado de Sviatopolk II, un dirigente con supuesta admiración por los escandinavos, por ello es posible que su trabajo estuviera influenciado por su pensamiento.

Para más inri, hay que añadir que la obra original de Néstor ya no existe, y lo más reciente que hay son copias: el Códice Radziwill, el Códice Laurentino y el Códice de Ipátiev. Dichas copias a su vez, omiten diversas etapas de los últimos años del Rus de Kiev.  Debido a esto, es comprensible que exista un cierto conflicto a la hora de explicar la identidad común de Ucrania y de Rusia. Ambos son estados que afirman encontrar sus orígenes en el Rus de Kiev, pero no podemos saber con exactitud hasta qué punto es verídico todo lo relativo a la fundación del mismo. 

Aclarado esto, e indagando en lo que se extrae de las crónicas mencionadas, se cree que la fundación del Rus de Kiev se remonta a la llegada de los varegos en el siglo IX. “Varego” (Varyag) es la palabra utilizada para designar a lo que en Occidente se conoce como vikingos. Otra denominación que recibían es la de “Rus” (Rhos), la cual da nombre al Rus de Kiev y también a la actual Rusia y su gente. Las interpretaciones sobre lo que exactamente significa “Rus” son variadas, pero tanto las fuentes de la época como las actuales interpretaciones ucranianas y rusas consideran que dicho termino se refiere a “hombres que reman” o que es una designación de carácter físico en alusión al pelo y barbas rubias o rojizas que solían tener estos navegantes escandinavos. Esta última teoría la apoyan historiadores occidentales como Peter Frankopan en su obra “El corazón del mundo”. Otros en cambio, consideran que el nombre procede de diversas localidades en Suecia o Finlandia.

Sea como fuere, estos pueblos escandinavos atravesaron el interior de lo que hoy son Rusia y Ucrania, navegando por los ríos Neva, Volga, Dniéper, Dniéster y sus afluentes, llegando hasta los Urales, el Cáucaso, el Mar Negro y el Caspio. Hicieron contacto con el Imperio Bizantino, el Califato Islámico y con Persia, enriqueciéndose gracias al comercio de esclavos, pieles o miel. Para llegar hasta estos destinos, los varegos no podían evitar establecer contacto con los pueblos eslavos que habitaban la zona, con los cuales también comerciaban gracias al establecimiento de puestos comerciales y la consecuente migración de población escandinava.

Según se afirma en la Crónica de Néstor (recordemos que puede estar fuertemente influenciada por un pensamiento proescandinavo), hubo un momento en el que los pueblos eslavos decidieron dejar de tratar con los varegos y les expulsaron de sus tierras. No obstante, el caos reinó entre los eslavos y no pudieron gobernarse a sí mismos, por lo que pidieron el retorno de los varegos y optaron por designar a alguno de sus príncipes para gobernarles y poner orden. Fue entonces cuando llegaron Rurik y su séquito. Rurik era un varego (sueco o finlandés) que acabó siendo el fundador de la dinastía Ruríkida que gobernaría el Rus de Kiev hasta su desintegración, los diversos principados sucesores del mismo así como el propio Zarato ruso hasta 1610 (llegada de los Romanov en 1613).

 

“Llamando a los varegos”. Pintura de Viktor Vasnetsov.

“Llamando a los varegos”. Pintura de Viktor Vasnetsov.

 

Los varegos de Rurik se asentaron en la ciudad de Holmgård en el año 860 y fortalecieron los puestos comerciales ya existentes que traían y llevaban productos desde el norte hacia el sur y viceversa. Estos eran Staraya Ladoga, Ruríkovo Gorodische, Belozersk y especialmente Nóvgorod (ciudad nueva), la cual sería la capital de manera momentánea. El hijo de Rurik, Oleg, fue el que trasladó la capital de Nóvgorod a Kiev, lo cual dio paso a la fundación del Rus de Kiev en torno al año 880. El reino comenzó a prosperar y tuvo diversos conflictos con los pueblos de las estepas (Jázaros), con el Imperio Bizantino y con el Primer Reino Búlgaro, lo cual no obstante no detuvo el flujo comercial. Kiev se situaba en el epicentro de control de la ruta que unía el mar Báltico con el mar Negro y era clave para el rápido acceso a Oriente y la ruta de la seda. 

Es destacable también que la mayor parte de la nobleza y la élite político militar estaba integrada por los escandinavos. Si bien hubo cierta mezcla de éstos con la población eslava, la misma no tuvo lugar de manera inmediata. Durante el reinado del exitoso Sviatoslav, esta élite escandinava comenzó a adoptar los nombres y la religión de los eslavos. Con la destrucción y dispersión de los Jázaros y el posterior debilitamiento del reino búlgaro, el Rus de Kiev se alzó como la potencia a tener en cuenta entre las últimas décadas del siglo X y la gran parte del siglo XI. 

Rus de Kiev era gobernado por un Veilikii Knyaz (Knyaz es una palabra nobiliaria de origen eslavo que hasta cierto punto en español se traduce de manera incorrecta por “príncipe” o “duque”, pero dependiendo del contexto histórico podría ser el equivalente a Rey). El Velikii Knyaz Vladimir I (980-1015) (Volodimir en ucraniano), hijo de Sviatoslav, fue quien inició la conversión al cristianismo ortodoxo en el año 988. Lo más probable es que el astuto dirigente de Rus de Kiev supiese entender que a través de la conversión al cristianismo, el Rey detentaría no solo el poder político, sino también el religioso, algo que no sucedía en las religiones paganas escandinava o eslava donde los líderes religiosos detentaban gran poder e influencia. Además de esto, con su conversión, Vladimir I obtuvo la mano de la princesa bizantina Ana Porfirogéneta, hija del emperador Romano II. Es destacable también mencionar que, tal y como indica el nombre de ésta princesa bizantina, era una “nacida en púrpura”, es decir, nacida durante el reinado de su padre como emperador, lo cual automáticamente otorgaba un mayor derecho al trono. Por ello, parece que la conversión de Vladimir I fue una estratagema política. Sacerdotes bizantinos fueron enviados al Rus de Kiev y Vladimir I obligó a sus súbditos a sumergirse en el agua del Dniéper para ser bautizados, lo cual conllevó que él mismo fuese declarado santo por haber conseguido la conversión a la fe cristiana de tanta gente. 

 

“Bautismo de Kiev” Pintura de Klavdi Lebedev.

 

Con la conversión al rito ortodoxo, se impulsó también la utilización del alfabeto cirílico, ya empleado por otros estados del rito griego en los Balcanes como Bulgaria. La llegada de la literatura y filosofía griegas a través de la conversión religiosa favorecieron la elaboración de una literatura y cultura propias, alejadas de la influencia latina que imperaba entre los estados de corte católico. 

Es durante la última etapa de Vladimir y durante el reinado de Yaroslav El Sabio cuando, según las crónicas, comienza a surgir el veche. El veche era una forma de asamblea popular (posiblemente de origen tribal eslavo) que prosperó en Nóvgorod (hasta 1478), pero también en Kiev o Pskov. El veche discutía sobre cuestiones legislativas, sociales, militares o de administración y se considera que es el primer ejemplo de formas de democracia directa en territorios eslavos. El Rus de Kiev estaba formado por aquel entonces por numerosos dominios que abarcaban una gran extensión de terreno y tenían diversos príncipes y nobles a la cabeza, lo cual ayuda a entender la razón de que se comenzasen a utilizar también asambleas como el veche. 

 

“Veche de Pskov” Pintura de Viktor Vasnetsov.

 

Con Yaroslav El Sabio (1019-1054), el Rus de Kiev incrementó su apogeo cultural y militar y sumó a ello el emparejamiento de sus hijas e incluso nietas con diversos monarcas de otros estados feudales europeos como Noruega, Hungría o el Sacro Imperio Romano Germánico. De entre todos estos destacó el matrimonio de su hija Anna Yaroslavna con el Rey Enrique I de Francia. A través de esto, la Dinastía Ruríkida llegó prácticamente a todas las importantes casas nobiliarias europeas y se tejieron múltiples alianzas. Durante el reinado de Yaroslav se realizó una compilación de leyes denominada Pravda Yaroslava (ley de Yaroslav), el cristianismo se fortaleció y estratificó, se creó una especie de educación primaria, bibliotecas y se apoyó la traducción de todo tipo de obras al eslavo eclesiástico (idioma litúrgico de las iglesias ortodoxas eslavas).

 

Rus de Kiev durante su máxima expansión. Siglos XI a XII

Rus de Kiev durante su máxima expansión. Siglos XI a XII

 

Durante esta etapa el Rus de Kiev alcanzó su cenit como potencia europea. No obstante, diversos errores de gobierno y hechos históricos, marcarían el inicio del fin. 

Para supuestamente asegurar la unidad del dispar y extenso estado feudal, Yaroslav estableció la primogenitura, según la cual su hijo de mayor edad le sucedería como Velikii Knyaz y dirigiría Kiev y Nóvgorod, el resto de los dominios se repartirían de forma más o menos equitativa entre sus hijos menores, pero evidentemente estarían subordinados al primogénito. Las divisiones marcadas por el afán de poder, no tardarían en aparecer y disgregar al extenso Rus de Kiev. Por si no fuera poco, el comienzo de las cruzadas dañó gravemente las rutas comerciales de las que Rus de Kiev sacaba beneficio y las constantes incursiones de pueblos de la estepa como los Cumanos provocaron que el Rus de Kiev perdiese paulatinamente su dominio e influencia en las desembocaduras del Dniéster y Dniéper así como sobre Crimea, haciendo más difícil el acceso al Mar Negro y a la ruta de la seda. 

Los diversos príncipes ruríkidas empezaron a pugnar entre ellos, a veces contando con la intervención de potencias extranjeras que les ayudasen en sus disputas territoriales, algo que por supuesto, no hacían a cambio de nada. Vladimir II Monómaco (1112-1125) fue el último gobernante exitoso de Rus de Kiev. Consiguió mantener parte del prestigio y fue un buen administrador, así como ducho en la literatura. Dejó escritas las “Enseñanzas de Vladimir Monómaco”, una especie de enseñanza moral y política que legó a sus descendientes, pero también a cualquier príncipe o duque que quisiese alcanzar la rectitud en la gobernanza. 

Pese a esto, con Vladimir II Monómaco quedó en evidencia que la balanza de poder estaba cambiando y que principados del norte y noreste como Nóvgorod, Vladímir-Suzdal, Polotsk, Smolensk o Chernigov comenzaban a ganar protagonismo y a crear una suerte de identidad propia distinta a la del poder central en Kiev. Por su parte, principados como Galitzia o Volinia (oeste de Ucrania) incrementaron sus relaciones con Polonia, Lituania o Hungría y por ende la influencia de éstas en la región. 

Yuri Dolgoruki, uno de los hijos de Vladimir II heredó el Principado de Vladímir-Suzdal y acentuó todavía más la transición de poder. Al propio Dolgoruki se le considera fundador de Moscú, ya que fortificó dicha localidad, aunque es posible que la misma existiese desde antes. Con la muerte de Mstislav I (1125-1132), otro de los hijos de Vladimir II, se desencadenó la lucha definitiva por el control del trono en Kiev y por ende del título de Velikii Knyaz, el cual, cada vez perdía más importancia debido al debilitamiento interno. 

La República de Nóvgorod controlaba las rutas comerciales del Mar Báltico y el Volga y ante la caída de Kiev, comenzó a independizarse paulatinamente del poder central. El ya mencionado veche ganó todavía más relevancia y poder, haciendo que la ciudad estuviese gobernada por una oligarquía (comerciantes, artesanos, etc.) que elegían a un príncipe que se ocupase de los asuntos militares. 

Por su parte, el Principado de Vladimir-Suzdal también fue ganando en notoriedad y en 1169 su príncipe, Andrei Bogoliubski, atacó Kiev y puso en el trono a su hermano menor. De esta forma el poder de Kiev sufrió otro duro golpe político para acabar siendo definitivamente destruido militarmente durante la invasión mongola y completándose con la emigración de los líderes religiosos de Kiev a otros principados.

 

Invasiones mongolas del Rus de Kiev. The Map Archive.

 

La invasión mongola (1237-1242) es posiblemente uno de los factores más determinantes en el comienzo de la división identitaria entre rusos y ucranianos. Los diversos príncipes del Rus fueron incapaces de dejar de lado sus diferencias y luchas de poder para oponerse a la invasión. A raíz de esto, el Rus de Kiev fue reducido a cenizas, la zona actual del centro y sur de Ucrania fue totalmente destruida y sufrió cierta despoblación. Los principados de Galitzia y Volinia  (oeste de la actual Ucrania) acabaron cayendo bajo el dominio e influencia de Polonia, Lituania y Hungría. Esto sería clave para ejercer una fuerte influencia de carácter cultural, lingüística e incluso religiosa (católica) sobre el oeste de Ucrania. Los principados restantes, mayoritariamente en el territorio de la Rusia actual, cayeron en gran medida en manos de los mongoles, y también sufrieron el vasallaje, aunque la destrucción no fue tan marcada y pudieron recuperarse paulatinamente. Gracias al visionario liderazgo de príncipes como Alexander Nevski, algunos principados como Nóvgorod y más tarde Moscú, soportaron el estatus de vasallos y el pago de tributos a la espera de condiciones más propicias para asestar un golpe contra sus opresores.

La presencia mongola se extendió durante casi 300 años y los antes prósperos territorios del Rus de Kiev sufrieron un considerable retraso en toda una serie de avances políticos, sociales o culturales respecto a sus homólogos occidentales. A eso hay que sumar la despoblación del epicentro neurálgico alrededor de Kiev, la pérdida de las fértiles tierras de Ucrania y la emigración hacia el oeste o el norte, además de las incursiones de otras potencias como los teutones, los lituanos, suecos y polacos que buscaron sacar tajada de la situación. 

Tras la batalla de Kulikovo (1380) y especialmente tras la del río Ugra (1480), el dominio mongol sobre el actual territorio de Rusia comenzó a resquebrajarse y Nóvgorod y Moscú se alzaron como potencias en la región. Dicha situación propició el surgimiento de la identidad nacional rusa. Por el contrario, para aquel entonces gran parte del oeste y del centro del extinto Rus de Kiev era territorio de la Mancomunidad Polaco-Lituana, el Kanato de Crimea (protectorado otomano) controlaba el sur y en el sureste todavía había remanentes mongoles. Las tierras de la actual Ucrania serían objeto de conflicto continuado entre distintos actores prácticamente hasta mediados del siglo XVIII, lo cual también sería determinante para forjar la identidad nacional ucraniana, la cual se desarrollaría en unas condiciones muy distintas a las de Rusia. 

 

Situación de los antiguos territorios del Rus de Kiev en el año 1460. The Map Archive.

 

Una vez explicado esto, no está de más ahondar en algunas de las disputas de carácter histórico o incluso lingüístico que sostienen ucranianos y rusos.

El supuesto origen escandinavo del Rus de Kiev es objeto de debate incluso hoy en día. Algunas interpretaciones llegan a afirmar que el Rus de Kiev tiene un origen puramente eslavo y que el origen escandinavo no es verídico; no obstante esto viene de largo. Ha habido historiadores que no han compartido la interpretación que otorga tanto protagonismo a los escandinavos en la fundación del Rus de Kiev (antinormanistas). 

 

Mijaíl Lomonosov

 

Mijaíl Lomonosov fue uno de los máximos exponentes antinormanistas. Consideraba que el término varego era aplicado no solo a los escandinavos, sino a toda clase de navegantes que se dedicaban al comercio. A su vez, Dmitri Ilovaiski y Mijailo Grushevskii son también ejemplos de historiadores rusos y ucranianos que nunca abrazaron la tesis normanista. Como se ha venido diciendo, el dudoso origen y elaboración de las fuentes medievales es siempre motivo de debate y también lo es entre normanistas y antinormanistas. 

Las disputas surgieron cuando Moscú se empezó a abrir a los europeos entre los siglos XVI-XVII. Al parecer, las tesis normanistas fueron directamente apoyadas y publicitadas por diplomáticos suecos y alemanes residentes en Rusia. Gottlieb Bayer, un académico sueco residente en la Rusia en el siglo XVIII, publicó ensayos que alimentaban las tesis normanistas y el estudioso Vasili Tatishchev incluyó parte de esto en sus obras sobre historia de Rusia. Nikolai Karamzin, otro historiador ruso, fue algo más neutral en sus escritos y vio ciertas herencias culturales, lingüísticas o artísticas entre el Rus de Kiev y los escandinavos. Мijail Pogodin, por el contrario, es otro ejemplo de historiador y reconocido paneslavista que fue un firme defensor de la tesis normanista. La lista de autores hablando sobre este tema es francamente extensa. 

Hoy en día la disputa sigue más o menos vigente en círculos limitados. No obstante, es evidente que el origen o formación de un estado no depende de la etnicidad del gobernante. Aunque la élite del Rus de Kiev fuese escandinava durante las primeras etapas, ello no evitó que se diluyese entre la masiva presencia eslava.

Otro foco de debate es la denominación de Ucrania (Україна). Algunos ucranianos afirman que proviene de “У” (nаtivo) “країна” (país). Por el contrario en ruso (Украина) provendría de краи (borde, límite) y quizás tenga un significado geográfico. Algunos ucranianos utilizan el término “Rutenia”, un término proveniente del latín. También hay términos medievales como Pequeña Rusia (Malaia Rus) o más modernos como Nueva Rusia que han tenido diversos alcances geográficos, pero que son vistos como despectivos en Ucrania. La finalidad, significado o interpretación de todos estos términos no será tratada en excesiva profundidad porque simplemente generan más conflicto y nunca se vislumbra una salida clara del mismo, no obstante el lector debe conocer su existencia.

 Es también tema de disputa la “herencia” estatal del Rus de Kiev. El escritor e historiador de origen cosaco, Mijailo Maksimovich (antinormanista), utilizó el término “Rus de Kiev” a principios del siglo XIX en su obra “De dónde viene la tierra rusa”. Este término lo empleó para denominar al Principado de Kiev y las tierras de su alrededor. El mismo término fue utilizado por historiadores como Serguei Soloviov o Dmitri Ilovaiski. Esta denominación poseía una mera designación territorial o geográfica, pero no política. Durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX otros historiadores como Vasili Kliuchevski emplearon el término en un contexto histórico y más tarde político, al realizar distinciones entre el Rus de Kiev (como estado antiguo) y la “Nueva Rusia” (sucesora del Rus de Kiev tras la invasión mongola) al norte del Volga. 

 

Mijailo Grushevskii

 

Es notable destacar que la historiografía rusa basa parte de sus pretensiones como estado heredero del Rus de Kiev en el ya mencionado saqueo de Kiev de 1169 a manos de Andrei Bogoliubski, príncipe Vladimir-Suzdal que aprovechó el momento de debilidad del poder central en Kiev e hizo que el centro de poder político y más tarde el religioso se trasladasen no solo de Kiev a Vladimir-Suzdal, sino hacia el noreste, hacia el futuro Principado de Moscú (sucesor de Vladimir-Suzdal) y la República de Nóvgorod, de los cuales nacería Rusia.  

El posiblemente principal historiador ucraniano y figura clave en la reactivación nacional ucraniana, Mijailo Grushevskii (antinormanista) argumentaba lo contrario. Consideraba a los pueblos escitas (no eslavos) como ancestros del pueblo ucraniano, asociándolos a su vez con el Rus de Kiev y los cosacos como herencia de Ucrania como estado-nación. Grushevskii arguye que el Principado de Galitzia-Volynia es el heredero del Rus de Kiev. 

Es posible que el lector se haya percatado de que las tesis normanistas suelen ser defendidas más por historiadores rusos que por los ucranianos como Maksimovich o Grushevskii. A diferencia de los rusos, que suelen poner el foco en la influencia escandinava, los ucranianos, sin dejar de lado el origen eslavo, prefieren dar importancia al papel de los pueblos de las estepas y principalmente los cosacos. 

Como se dijo al principio, el proceso de formación de la identidad ucraniana es mucho más difícil de lo que parece y merece más artículos para explicarse con rotundidad. No obstante, hasta ahora podemos afirmar que las actuales Ucrania y Rusia comparten un origen identitario común en el Rus de Kiev. Esta comunidad identitaria fue rota por los diversos factores que llevaron a la desintegración del estado feudal eslavo. A partir de ahí, la evolución cultural, religiosa y política que se fue sucediendo conforme avanzó la historia acrecentó las diferencias entre unos y otros, creando grietas que han sido utilizadas por diversos intereses espurios para crear una situación de conflicto continuo. 

 


¿Quieres que podamos seguir compartiendo este tipo de contenidos? Puedes apoyarnos aquí