Desde el pasado 22 de febrero decenas de miles de manifestantes protestan en las principales ciudades de Argelia contra la posibilidad de un quinto mandato del actual presidente Abdelazziz Bouteflika. Abdelgani Zalene, director de campaña del presidente, presentó a última hora del domingo la candidatura de Bouteflika ante el Consejo Constitucional, ignorando las demandas de la población. Hasta el momento el carácter de las movilizaciones es pacífico y laico.


 

Abdelazziz Bouteflika se presentará a las elecciones del próximo 18 de abril en Argelia. A pesar de las movilizaciones pacíficas, pero masivas, que han surgido en el país desde el pasado 22 de febrero, el actual presidente ha decidido ignorar las peticiones de los manifestantes y se presentará al que sería su quinto mandato consecutivo. Las protestas continúan a pesar del anuncio de su gabinete de gobierno de convocar elecciones en un año si volviera a ser reelegido.

La población argelina se ha cansado. Los 20 años que lleva Bouteflika en el poder son suficientes. Así lo dicen los cánticos diarios durante las marchas multitudinarias, a las que se han unido personas de todas las clases y edades, a pesar de estar prohibidas desde 2001. “¡No a un quinto mandato! “¡Queremos libertad!’’. 

“Hay muchos escenarios posibles. Pero es complejo saber el desenlace de esta oleada de protestas”, asegura Mourad, un analista político que actualmente está en Argel, capital de Argelia, y que ha preferido no dar su nombre real por seguridad. Mourad afirma que la gente no va a parar de salir a la calle hasta que todo el gabinete que respalda a Bouteflika salga del poder. “Todos soñamos con ver una Argelia plural, donde todo el mundo cabe. Donde todos tengan una libertad individual real. Por ello hay tanta gente en la calle”.

Las protestas comenzaron tras el anuncio de Abdelazziz Bouteflika de presentarse a un quinto mandato consecutivo el pasado 10 de febrero. Ello provocó la ira del pueblo argelino, que logró organizarse y movilizarse con la ayuda de las redes sociales. Aunque el epicentro de las protestas ha sido Argel, son ya muchas las ciudades contagiadas por estas movilizaciones como Bejaia, Setif, Orán, Constantino o Bouira.

Hasta el momento las protestas son pacíficas y con ningún signo islamista y radical que pudiera recordar a las mal llamadas “primaveras árabes”. Salvo altercados puntuales, las imágenes mostradas por muchos medios occidentales distan mucho de la realidad. Cánticos como “policía y pueblo somos hermanos, ni disturbios ni destrucción solo queremos cambio” e imágenes de policías llorando, abrazando a manifestantes o aceptando botellas de agua confirman la realidad y no los hechos aislados. “La actuación policial hasta el momento es buena. Pero la cúpula militar está sometida a mucha presión. Veremos cómo evolucionan las protestas. Una cosa es clara: nadie quiere un baño de sangre.”, sostiene Mourad.

Los diferentes partidos de la débil oposición argelina han expresado que “los manifestantes han dado una lección extraordinaria de coraje, de sentido de la responsabilidad, de capacidad de discernimiento y de preservación de la seguridad nacional al conservar la naturaleza pacífica de las marchas».

Aunque la tensión y la incertidumbre se han apoderado de las protestas desde el inicio. La posición de la nación es clara: no al quinto mandato de Bouteflika. Por otro lado, la sombra de la década negra (1992-2002) que dejó 200.000 bajas sigue muy presente entre los ciudadanos. Por ello, el miedo ante los disturbios y la destrucción hace que la nación esté siendo precavida ante los acontecimientos históricos que vive el país.

 

MOH14. ARGELIA (ALGERIA), 01/03/2019.- Manifestantes asisten a una manifestación contra la candidatura a un quinto mandato del presidente, Abdelaziz Bouteflika, este viernes, en la capital de Argelia. Decenas de miles de personas volvieron hoy a salir a las calles de Argelia para protestar contra la candidatura a un quinto mandato del presidente, Abdelaziz Bouteflika, en una manifestación que desbordó las calles del centro de la capital. EFE/ Mohamed Messara

 

El pasado 1 de marzo se registraron en Argel 2.300.000 personas que dieron un ápice de esperanza a un país desgastado. Fueron las movilizaciones más multitudinarias de la última década. A las marchas también se han unido importantes personalidades del país como Djamila Bouhired, una de las primeras mujeres condenada a la guillotina durante la década negra. También se han sumado importantes abogados y periodistas.

Con un gobierno caduco y corrupto que gobierna desde 1999, la población argelina vive con un sistema social y económico muy deteriorado y poco reformado desde su independencia de Francia en 1962. En lo social, la vida cotidiana es excesivamente cara. El sueldo mínimo oscila entre los 100 y los 150 euros y el desempleo golpea a gran parte de un país donde el 45% de los ciudadanos tiene menos de 25 años. En el plano económico la fuerte caída de los precios del petróleo y del gas, que representan un 95% de los ingresos, han dañado el país. El precio del petróleo, que sufrió una fuerte caída a partir de 2014, ha afectado al ya de por sí frágil sistema financiero argelino.

A parte de los problemas sociales y económicos, la sociedad argelina se encuentra con el liderazgo de un presidente ausente y con graves problemas de salud desde 2006, cuando sufrió un accidente cerebrovascular que le dejó en silla de ruedas. Luego, en 2013 sufrió un ictus. Desde entonces, Bouteflika no ha hecho ninguna aparición pública.

Los evidentes problemas de salud del mandatario argelino se han agudizado en la actualidad. Desde hace ya 10 días, Bouteflika está ingresado en un hospital de Ginebra. El motivo del viaje, según su gabinete de gobierno, fue para hacerse unas “revisiones médicas”. Aunque desde entonces, y con la oleada de protestas que asola el país, no se sabe nada sobre su estado. 

“El problema real de la gente no es con Bouteflika, es con el gobierno que tiene detrás. Pero la realidad es que sus problemas de salud no le hacen apto para ejercer el cargo”, asegura Mourad. Según el artículo 102 de la Constitución de Argelia se autoriza al Consejo Constitucional a requerir al Parlamento la incapacitación del presidente si por causas de enfermedad grave y duradera este no puede ejercer sus funciones con normalidad. Pero desde su gabinete se presentó a última hora el certificado por el que el presidente tiene todas las capacidades para gobernar. “¿Por qué no viene a Argelia a someterse a las pruebas médicas?, ese certificado está claramente falsificado, solo hay que verlo por la televisión los últimos años”, concluye.

Tras el anuncio del director de campaña del presidente, Abdelgani Zalene, sobre la candidatura de Bouteflika, se leyó un comunicado en nombre del presidente. En el comunicado se explicaba que, en caso de ser reelegido, se convocarían elecciones en el periodo de un año.

Aunque con el mensaje se buscaba apaciguar la situación, ha ocurrido todo lo contrario. Los ciudadanos se sienten engañados y lo ven como una estrategia del gobierno para preparar al futuro sustituto. De esta forma el eterno Frente de Liberación Nacional seguirá liderando el país. “Están intentando conseguir un año más, un poco más de oxígeno para tener margen de maniobra”, explica Mourad.

A pesar del anuncio, las movilizaciones han continuado en el país. Las universidades importantes amanecieron vacías el lunes, martes y miércoles y se está llamando a una huelga general de cuatro días como forma de protesta. Algo que la mayoría de empresas han rechazado rotundamente. Para el próximo viernes 8 de marzo hay convocada una huelga masiva en la que se espera que al menos acudan 20 millones de argelinos. En el comunicado de la convocatoria se hace hincapié en el carácter pacífico, en no entrar a ninguna provocación, en empatizar con la policía, el cuidado de las mujeres y los menores y la limpieza total de las calles cuando finalice la marcha, entre otros puntos.

Con estas premisas todo parecía indicar que habría un cambio real en Argelia. Pero la realidad ha sido otra. El clima de tensión y decepción impera en el país. Argelia pide un cambio y una salida rápida de la élite que gobierna. Aunque por el momento, parece que desde la presidencia solo se están adoptando medidas para ganar tiempo y buscar un sustituto que continúe con un gobierno con el que la población argelina ya no se siente identificada. Argelia ha dicho basta y las elecciones del próximo 18 de abril serán claves para deducir el futuro del país más grande de África. Mourad, en cambio, es optimista. “Tengo fe en que las cosas van a cambiar”.

 

 

Consecuencias de una “primavera laica”

Aunque el ambiente de las manifestaciones está siendo pacífico, hace décadas que no se vivía un movimiento similar en Argelia. El riesgo de inestabilidad de este país africano tendría unas consecuencias directas en España. 

Iñaki Méndez es colaborador del Observatorio Español de Estudios de Terrorismo y The Political Room. Méndez no prevé que Argelia se desestabilice, al menos a corto plazo. Aunque asegura que es complejo deducir el futuro de un movimiento de tal magnitud. El analista destaca dos posibles consecuencias fundamentales para España. “Tenemos que ser conscientes de donde procede el gas que consumimos”, asegura. El 56% del gas que consume España proviene de las grandes reservas del país africano, crucial para la industria. Otra consecuencia directa, afirma Méndez, sería la salida de miles de personas del país como resultado de un conflicto. Argelia está situada a solo 200 kilómetros de las costas españolas. Algo que podría propiciar otra crisis humanitaria de grandes magnitudes, como ya está sufriendo Italia.

Además de pacíficas, las protestas están destacando por su carácter laico. En un país donde el 99% de la población profesa el islam suní y solo el 1 % la religión católica, es inevitable hacer comparaciones con las movilizaciones que surgieron en el mundo árabe en 2011 y que causaron el caos en varios países musulmanes. “La voz cantante hasta el momento parece estar en manos de una élite cultural laica y los militares aún controlan firmemente resortes del poder. Por lo que el riesgo de una involución islamista, aunque aún esté presente, no es una realidad firme. No veo al país desestabilizado a corto plazo, al menos en una situación como hace décadas”, afirma Méndez.

La inestabilidad de Argelia, afectaría de manera rotunda tanto a Marruecos como a España. El riesgo a una “primavera árabe tardía” debe evitarse por todos los medios para llegar a un acuerdo estable entre las élites que gobiernan y los ciudadanos. Iñaki Méndez concluye. “Viendo el resultado global de las primaveras árabes, es preferible que la sociedad argelina y el poder lleguen a un acuerdo de transición”.

 

 

 

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