La erosión del statu quo político que tuvo lugar el 4 de abril durante las elecciones parlamentarias búlgaras puede acabar con dinamitando definitivamente gracias a la repetición electoral de julio. Boiko Borisov y su entorno en GERB, que dirigen el país desde 2009, siguen asediados por múltiples frentes de protesta y descontento. A esto se suman los esfuerzos del presidente, Rumen Radev. A través de la designación de figuras leales para integrar gobierno interino, se inició una enorme campaña contra la compra de votos y el clientelismo que lleva sustentado parte del poderío de GERB durante más de una década.

 

 

Resaca electoral en abril

El país balcánico, habituado al dinamismo político, vio como el 4 de abril se produjo una desintegración del orden establecido desde 2009. Bulgaria fue sacudida por intensas protestas anticorrupción durante el verano y parte del otoño de 2020. No eran las primeras de este tipo bajo el gobierno Borisov, él mismo dimitió dos veces (2013 y 2017) con anterioridad a causa del descontento para luego alzarse con victorias electorales. Pese a ello, en un ambiente enrarecido por la pandemia, que todavía no termina de golpear con toda su fuerza a Bulgaria, se percibía que la frustración de la población comenzaba a tocar techo. Hace casi un año se analizó la situación de Bulgaria en este mismo medio, si bien no se esperaban grandes movimientos tectónicos, la voluntad de cambio empieza a producir algunos tímidos frutos. 

Como era de esperar, GERB (centroderecha-conservadores) se alzó de nuevo con la victoria en abril, pero perdiendo una parte considerable de sus apoyos y cosechando el peor resultado desde su primera victoria en 2009. Tres partidos de voto protesta lograron algo más del 30% de los apoyos. Una de esas formaciones fue ITN, encabezada por el showman y cantante Slavi Trifonov, que consiguió desbancar a históricos como el BSP (socialistas) o DPS (minoría turca, centroderecha liberal) y situarse como la segunda formación más votada gracias al gran apoyo que recibió por parte de los búlgaros en el extranjero (1/3 optaron por él) y muchos jóvenes, en su mayor parte hombres. DB (centroderecha liberal-verdes) e ISMV (centroizquierda/atrapalotodo), los otros dos partidos protesta, capitalizaron los apoyos de la población urbana y mujeres para situarse como la quinta y sexta opción respectivamente. Otra novedad, bastante esperada, fue que ninguno de los grupos nacionalistas o de extrema derecha, cuya coalición se rompió, consiguió entrar en la Asamblea Nacional. Partidos como Volya, NFSB o VMRO, entre otros, constituyeron el principal apoyo de GERB y Borisov para formar gobierno en 2017.

 

 

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Incluso desde antes de las elecciones, las primeras encuestas daban a entender que habría una repetición electoral a causa de la fragmentación. GERB se vio privado de los apoyos del sector nacionalista y extrema derecha, quedando por tanto sin un socio claro, nadie iba a apoyarles y arriesgarse a sufrir desgaste. Boiko Borisov afirmó que no volvería a optar para el puesto de Primer Ministro y que dejaría su puesto de diputado, descartando presentarse a futuras elecciones, pero ni aun así logró que se despertase interés para pactar con GERB. Trifonov, por su parte, aclaró que ITN buscaba gobernar en solitario y que pactar con GERB o BSP estaba descartado, el resto de formaciones poco podían hacer al respecto, ya que DB o ISMV tampoco querían pactar con BSP. 

Las elecciones contaron con una bajísima participación, un 49,10%, uno de los peores resultados que se recuerda, exceptuando la repetición electoral de 2014. Esto se explica, en parte, por la mala situación con el Covid-19 que atravesaba Bulgaria. El sector de la tercera edad no pudo participar como en otras ocasiones a causa del miedo e incertidumbre, algo que también se vio en Rumanía en diciembre de 2020. No obstante otra cuestión de mayor importancia es la apatía general que viene caracterizando todos los procesos electorales. La población percibe que nada cambia debido a la corrupción endémica y la mala situación económica, por ello muchos optan por no acudir a depositar su voto o, en ciertos casos, venderlo. El gobierno interino decidió tomar cartas en el asunto de una vez por todas. 

 

Gobierno presidencial de facto e investigaciones

A principios de mayo se confirmó que habría nuevas elecciones, fue entonces cuando Rumen Radev entró en acción. Aprovechando la ocasión que se presentaba, decidió erosionar todavía más la popularidad de GERB. No es ningún secreto que desde que llegó a la presidencia en 2017, Radev se ha erigido como el mayor enemigo y crítico de Borisov en la esfera política, a pesar de que el cargo presidencial apenas cuenta con poderes y no puede legislar, pero sí actuar como contrapeso. Desde la presidencia se ha llegado a encabezar, de forma más o menos disimulada, distintas y fundadas operaciones contra Borisov y su círculo, que acabaron generando múltiples titulares, mayor enfado contra el gobierno y una pequeña, pero prolongada, crisis constitucional que le enfrenta con la plana de GERB y parte del poder judicial, en especial con el Fiscal General Ivan Geshev, cercano a Borisov y que ha llevado a cabo infructuosos intentos por enjuiciar a Radev. Entre las recientes polémicas del último año y medio que salpicaron a Borisov se encuentra su connivencia con las prácticas de oligarcas afines al DPS como Delyan Peevski y el antiguo líder de dicha formación, Ahmed Dogan; fotos en una de sus supuestas residencias donde aparecen fajos de billetes de elevadas cantidades y una pistola; o una trama de blanqueo de capitales en Barcelona, entre otros muchos. Los desencuentros entre Radev y Borisov han sido múltiples, ya sea en actos donde coincidían o en ataques que se vertían a través de medios de comunicación. No obstante, el tono de Borisov se fue radicalizando e infantilizando paulatinamente, según la presión en las calles aumentaba, para más tarde optar por un ostracismo autoimpuesto en aras de mantenerse bajo el radar mediático. Ya no puede mostrarse como un “hombre fuerte” ni deleitarse con las prácticas y actitudes mesiánicas que le ganaron simpatías entre algunos votantes. 

Radev apoyó públicamente las protestas ante grupos de medios y manifestantes, generando una gran polémica y críticas por parte de los afines de GERB, ya que llegó a  afirmar: “comienza una lucha por una Bulgaria justa, moderna y Europea” o “no al miedo, recuperaremos Bulgaria”, declaró que los mafiosos deberían abandonar el poder político y judicial, en clara alusión a Borisov o Geshev, entre otros. Si bien su carácter de figura externa (antiguo Comandante de la Fuerza Aérea) se ve matizado por el apoyo político del BSP, sabe que dicho partido tiene difícil alzarse con la a victoria en las parlamentarias y que cualquier opción política nueva podría constituir una buena noticia o, al menos, un mal menor. En la encuesta más reciente, de mediados de marzo, un 57% de los búlgaros afirmó confiar en Radev, mientras que un 33% desconfía. Es el único político búlgaro que mantiene un continuo alto porcentaje de aprobación, nada habitual en el país, lo cual ha conllevado también a que la valoración que se le da a la Oficina Presidencial aumente.

Para dirigir el gobierno interino, Radev designó a Stefan Yanev, general de brigada retirado que ya ocupó puestos en el Ministerio de Defensa durante la integración de Bulgaria en la UE/OTAN, cooperando en labores contra el crimen organizado y el terrorismo y sirviendo como agregado militar en EE.UU. También se designó a Boiko Rashkov, antiguo asesor legal de la presidencia, como ministro de interior en funciones, además de viceprimer ministro. Rashkov destaca por ser un jurista de largo recorrido que ocupó puestos como viceministro de justicia o director del Servicio Nacional de Investigaciones. Desde su nombramiento, ha llevado a cabo lo que muchos denominan como una “ventilación”, “limpieza” o incluso “purga” de personal sospechoso de formar parte de las redes clientelares de GERB. El objetivo principal ha sido desmantelar todas las redes corruptas de interior o policía que han permitido la aparición de diversas formas de amaño electoral, especialmente la compra de votos. 

 

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Rashkov afirmó que: “no hay ninguna purga, hay un cambio de personal y habrá más”. Se iniciaron investigaciones en todas las entidades territoriales del Ministerio de Interior (MVR) y el uso que se daba a los fondos estatales y europeos, que han sido durante años una parte importante de enriquecimiento ilícito para la red corrupta que opera en Bulgaria, a lo cual Bruselas siempre ha hecho oídos sordos. También se anunció que ninguno de los cargos sospechosos de formar parte de la compra de votos tomará parte en cualquier tipo de labor electoral en los inminentes comicios. Se han publicado, de forma diaria, diversas informaciones sobre enriquecimiento ilícito o  amenazas contra empresarios por todo el país. Un empresario llegó a afirmar ante una comisión de la Asamblea Nacional que Borisov le amenazó personalmente diciendo que le asesinaría para “darle de comer a su familia”. El ministro de Finanzas en funciones, Asen Vasilev, desveló que un 40% de los fondos públicos para la infraestructura y la reconstrucción durante el periodo 2019-2021 (8 mil millones de euros) se asignaron a dedo a compañías sin ningún tipo de transparencia. 

Una destitución que generó bastante polémica fue la de Dimitar Georgiev, jefe de la Agencia de Seguridad Nacional (DANS), relevado de su puesto a través de un decreto presidencial alentado por Yanev y Rashkov. El encargado de suceder a Georgiev fue Plamen Tonchev, de nuevo, antiguo militar y policía que dirigía una de las ramas regionales de DANS. También fueron sustituidos o jubilados el Secretario en Jefe del Ministerio de Interior, además de altos cargos administrativos y policiales, especialmente en Sofía. El cambio se produjo aún a pesar de que algunos de los cargos relevados intentaron evitar su despido a través de curiosas “tácticas” como coger vacaciones no pagadas hasta septiembre, en un infructuoso intento de blindarse contra destituciones durante el periodo en funciones del gobierno Yanev y hasta la eventual formación de uno nuevo después de las elecciones. La legislación búlgara impide el despido solamente en caso de que se trate de una baja por enfermedad, que se esté de vacaciones, pagadas o no, no impide el despido. Muchas de estas destituciones cobraron todavía más sentido cuando se supo que las cúpulas de dos de las formaciones de protesta, DB e ISMV, además de la Oficina Presidencial, se vieron sometidas a escuchas ilegales por parte de DANS y la policía. Las autoridades del gobierno interino han afirmado que una vez pudieron ponerse manos a la obra, gran parte del material relativo a las escuchas había sido destruido por los anteriores responsables.

Borisov y su entorno, que habían seleccionado a cargos como Georgiev para dirigir DANS cuando GERB todavía controlaba la presidencia, criticaron las destituciones y se defendieron de las acusaciones de escuchas ilegales afirmando se trataba de una “operación rusa” y de “políticas revanchistas”. Borisov optó por adoptar un discurso irrisorio, quizás copiando a ciertos políticos de otros países, acusando al gobierno interino de organizar un golpe de estado. Es más que evidente que el gobierno en funciones está aprovechando la situación para actuar contra todos los cargos cercanos a GERB en aquellas esferas donde los límites legales lo permitan. A su vez, la destitución de cargos policiales, con el foco puesto en la capital no es algo sorprendente. Boiko Borisov ocupó diversos puestos en las altas esferas del Ministerio de Interior y la policía antes de ser alcalde de Sofia, durante la etapa de gobierno de Simeón Sakskoburggotski (2001-2005), labrándose muchos contactos de los que ha hecho uso. 

Todas estas acciones no se llevan a cabo únicamente para aprovechar la debilidad de GERB, sino teniendo en mente las elecciones presidenciales de noviembre, donde Radev pretende revalidar el puesto en una carrera electoral a la que se podrían presentar el propio Borisov o incluso Trifonov. El primero no ha confirmado su participación, pero con las idas y venidas que le caracterizan, no se debe descartar que planee un retorno durante los próximos meses. En el caso de Trifonov, dejó caer la posibilidad de una candidatura presidencial tras renunciar a encabezar la lista de ITN para la repetición electoral de julio. 

Como se ha mencionado con anterioridad, uno de los principales objetivos para el 11 de julio ha sido desmantelar en la medida de lo posible los sistemas de compra de votos y recuperar la confianza de los ciudadanos para que acudan a depositar su voto sin miedo.  A principios de julio, Rashkov reveló que se estaba llevando a cabo una operación especial sin precedentes contra el amaño electoral que duraría hasta el mismo día de las elecciones. El MVR contaba con más de cien avisos de posibles irregularidades, incluidos también amaños en centros de votación en el extranjero, especialmente en Alemania. Se anunció que se supervisaría el “turismo electoral” que tiene lugar desde Turquía y Macedonia, que cuentan con una reseñable cantidad de portadores de pasaporte búlgaro. Es especialmente en las pequeñas localidades urbanas y zonas rurales donde se produce una masiva compra de votos. Rashkov declaró que se tenía constancia de irregularidades ya cometidas en las elecciones de abril donde en localidades rurales con un censo oficial de 300 votantes acababan votando 1000. A fecha de 8 de julio, las investigaciones del MVR contra el amaño electoral han aumentado en un 400%, se han levantado cerca de 6000 actas y hay más de 700 detenidos, no obstante, se espera que las cifras finales sean aún mayores. 

 

Sanciones estadounidenses y silencio en Bruselas.

Gran parte de los medios no pudieron ocultar su sorpresa en los titulares cuando el Departamento de Estado de EE.UU anunció recientemente la introducción de sanciones, bajo la Ley Magnitsky, contra ciudadanos búlgaros y 64 entidades bajo su propiedad, el bloqueo de sus activos y la prohibición de entrada en territorio estadounidense. Siendo, generalmente, una ley bajo la que se imponen sanciones altos cargos rusos, chinos o latinoamericanos; y no precisamente a ciudadanos de Estados miembros de la UE y la OTAN, la noticia causó bastante revuelo. Entre los sancionados están Delian Peevski, antiguo diputado por DPS y oligarca que controla gran parte de los medios en Bulgaria, además, uno de los principales sospechoso de la quiebra de CorpBank, el cuarto mayor banco del país. El segundo sancionado fue Ilko Zheliazkov, testaferro de Peevski y antiguo subjefe de la Agencia Estatal de Operaciones Técnicas de Bulgaria, el servicio encubierto de recopilación de inteligencia para DANS. Zheliazkov fue designado para el puesto por el gobierno de Borisov y es posiblemente uno de los responsables de las operaciones de escucha organizadas contra DB, ISMV y la Oficina Presidencial. 

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El último y más importante de los afectados es Vasil Bozhkov, apodado “El Chapo búlgaro”, considerado el “empresario” más rico de Bulgaria, involucrado en la compraventa en el mercado negro de armas y antigüedades tracias y greco-romanas, casinos, estafas piramidales, fraude, malversación de fondos a través de empresas opacas y un interminable etcétera. Bozhkov, que es uno de los antiguos miembros de SIC, la empresa de seguros que aglutinó a gran parte de los mafiosos búlgaros en los 90, se encuentra “exiliado” en Dubái desde enero de 2020, aunque no pierde la ocasión de comentar la política de vez en cuando. También hay otros sancionados como Aleksandr Manolev (antiguo viceministro de Economía), Petar Haralampiev (antiguo miembro de VMRO) o Krasimir Tomov (antiguo secretario general de la Agencia Estatal para Búlgaros en el Extranjero). 

El Departamento de Estado afirmó que todas estas personas son responsables de socavar la democracia, el Estado de derecho y promover la corrupción y el crimen organizado. Además se señaló que autoridades judiciales, en especial la Fiscalía General, tienen parte de responsabilidad por no actuar contra esa corrupción  La actuación forma una pequeña parte de la lista que EE.UU está elaborando contra figuras criminales en la región balcánica, en un intento por recuperar influencia y dar un lavado de cara. Si bien no constituye un gran cambio para los búlgaros en general o para los mafiosos sancionados en particular, se trata de un curioso y nuevo toque de atención que afecta a Borisov. Es bien sabido que tanto Peevski como Bozhkov han estado relacionados con él, sobre todo teniendo en cuenta que Borisov está conectado con el entramado de SIC que le catapultó hasta los puestos que ocupó a principios de los 2000. En el artículo donde se analizaron las protestas del año pasado, se señaló que el hecho de que la embajada de EE.UU en Sofia emitiese un comunicado posicionándose a favor de las quejas ciudadanas y realizando una crítica velada a Borisov, constituía un aviso de que ya no era imprescindible. Estas sanciones por parte de la Administración Biden lo confirman. Si bien Borisov lleva recibiendo críticas y acusaciones de todo tipo por parte de medios y organizaciones extranjeras, incluidos estadounidenses, no es lo mismo si las críticas provienen de las autoridades gubernamentales. También se han producido inusuales reuniones entre la embajadora estadounidense en Sofia, el Primer Ministro en funciones Stefan Yanev y diversos de sus ministros. Para Borisov, que se ha labrado la imagen de enemigo acérrimo del crimen organizado durante toda su vida, además de posicionarse como un activo seguro para los EE.UU en los Balcanes, las críticas procedentes de Washington sobre la situación de corrupción rampante en las altas esferas de Bulgaria constituyen un gran daño a nivel moral y deslegitiman aún más su labor como Primer Ministro. 

 

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Como contrapartida, la UE se ha seguido mostrando tímida con Borisov, quien tiene buenas conexiones en los círculos de la organización, además de que GERB es miembro del Partido Popular Europeo (PPE), lo cual parece hacer inviables las críticas para un político que parece irremplazable para Bruselas, a pesar de su corrupción. Incluso cuando las protestas en Bulgaria coincidieron con las de Bielorrusia, el tono del PPE y de Manfred Weber fue de apoyo a Borisov en vez de a los manifestantes. Es cierto, no obstante, que hubo una resolución donde el Parlamento Europeo “lamentaba el deterioro de los principios europeos, la democracia o los derechos fundamentales en Bulgaria”, pero más allá de eso, nunca se han visto campañas como las dirigidas contra el PiS y Duda (Polonia) o contra Fidesz y Orbán (Hungría). Merkel siempre ha parecido débil y permisiva ante Borisov y la sintonía entre ambos ha sido algo destacable, llegando a ser objeto de mofa en programas de humor búlgaros. Donald Tusk tampoco ha sido muy distinto, se llegó a reunir con Borisov durante el año pasado y si bien afirmó que éste “había admitido sus errores”, más que preocupado, Tusk parecía compadecerse del búlgaro. Incluso aunque Bruselas cambiase el tono, a estas alturas ya sería demasiado tarde, porque Borisov parece estár cada vez más alejado del poder. 

 

¿Qué se puede esperar tras el domingo electoral?

Se acrecentará la caída electoral de GERB, las diversas encuestas predicen un pérdida de 5% de apoyos que habría que sumar al casi 7% que perdió en abril. Es posible que continúe siendo el partido más votado, pero perderá apoyos en favor del resto de formaciones. El partido de Trinofov, ITN,  también se podría alzar con la victoria. Lo que es seguro es que Borisov está, aparentemente, derrotado y su partido no cuenta con ninguna otra personalidad destacable, al menos no al mismo nivel. 

El BSP podría beneficiarse de la relativa mejoría de la situación pandémica y recuperar a muchos de los fieles votantes de la tercera edad que no pudieron votar en abril, afianzándose en el tercer puesto y evitando repetir su peor resultado electoral desde la caída del socialismo. 

El cuarto lugar sería disputado por DB y DPS. Se podría dar el caso de que DB superase al partido de la minoría turca. DPS siempre ha sido la formación bisagra en la que se han apoyado tanto el centroderecha como la izquierda para formar gobierno a cambio de hacer polémicas concesiones en supuesto beneficio de esta minoría, o más bien de su cúpula. Si bien no sería su peor resultado y seguiría siendo un partido importante, los pasados casos de corrupción, la relación de la anterior dirección con el oligarca Peevski o el importante papel que ha jugado DPS en el desvío de fondos europeos en las comunidades rurales donde recibe sus votos, haría que cualquiera que pactase con ellos sufriese un golpe a su popularidad.  

La formación ISMV revalidaría el sexto puesto y todavía existe la duda de si los partidos nacionalistas y de extrema derecha (VMRO, VOLYA, NFSB), que se reagruparon bajo una nueva coalición (BP-Patriotas Búlgaros) a finales de mayo, lograrán el 4% exigido para entrar en la Asamblea Nacional. 

 

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GERB e ITN rondarían el 20%, BSP el 15% y DPS el 11%, las otras dos formaciones de protesta, DB e ISMV, aglutinarían un 16% de los votos. No está del todo claro que ITN siga buscando gobernar en solitario y ninguno de los tres partidos protesta planea pactar con los partidos tradicionales. Incluso en el caso de un pacto ITN-DB-ISMV, se podría necesitar el apoyo de una cuarta formación. Es por tanto bastante probable que Bulgaria se enfrente a unas terceras elecciones, ya que la coalición anti GERB no tendría la mayoría necesaria. Si bien se podrían dar sorpresas a causa de la introducción del voto electrónico, perjudicando especialmente al DPS. Todos los partidos, salvo GERB, parecen preparados para una tercera ronda electoral.

Se dan dos posibles opciones para acabar con el estancamiento de Bulgaria, una coalición que mantenga cierto statu quo, con diferentes caras y de larga duración, o un bloque reformista con una fuerte agenda y actuaciones que marquen un camino a seguir, además de sentar las bases para mayores reformas (incluso constitucionales) tras unos nuevos comicios durante los próximos dos años, aproximadamente. 

La postura de ITN y Trifonov todavía generan incógnitas, ya que la estrella televisiva no tiene nada claro, por no decir que sus contradicciones son un caos absoluto. Si bien ya no es cabeza de lista, su primera campaña electoral destacó por la nula interacción con los medios búlgaros, discursos negacionistas respecto al Covid-19, amplia promoción por redes sociales y una actitud que se llegó a tildar con el ya manido término de “trumpista”. No obstante, recientemente alabó la labor de Radev y concedió varias entrevistas donde dedicó buenas palabras al proyecto europeo y la membresía de Bulgaria a la OTAN, se posicionó contra Orbán en la reciente polémica con Hungría y comentó la necesidad de ayudar a las “minorías marginalizadas”. ¿Es este “cambio de aires” parte de una nueva estrategia para abrir paso a pactos?

El apoyo, aunque sea tácito, del BSP y la Oficina Presidencial, a los tres partidos protesta será la clave. Unas terceras elecciones darían tiempo a que el próximo gobierno interino, de nuevo influenciado por Radev, siga investigando y presionando a GERB y sus redes clientelares, además de aumentar los ataques contra el Fiscal General Geshev, prácticamente uno de los últimos pesos pesados que le quedan a Borisov. Las nuevas elecciones prácticamente coincidirían con las presidenciales de noviembre, facilitando un doble golpe decisivo y el establecimiento de un gobierno reformista. Las principales preocupaciones para el nuevo gobierno serían reformar el poder judicial, proteger a la Fiscalía de interferencias políticas o sentar las bases para acabar con la debilidad económica y la pobreza, además de tomarse más en serio la pandemia del Covid-19 y sus consecuencias. 

El futuro político de Bulgaria sigue siendo incierto, los anteriores intentos fallidos de reformas y protesta traen el recuerdo de decepciones y derrotas. El tiempo dirá si estamos ante otro espejismo pasajero o si, por el contrario, la población ha decidido despertar.