Desde vender cigarrillos en las calles hasta convertirse en un pintor, Ehmedo Khalil, de 35 años, está desde su juventud, atrapado entre su lucha diaria por sobrevivir y su verdadera vocación. 


 

Detrás de sus fuertes rasgos faciales se encuentra la historia de un hombre que trabajó mucho para ganarse la vida pero que siempre soñó en grande para escapar de la pequeña ciudad de Hassakeh, de donde es originario.

 

 

“A los 15 años dejé la escuela para ayudar económicamente a mis padres” cuenta Khalil. Su largo esfuerzo tomó muchas formas mientras lentamente su dolor formó al hombre que es hoy y al artista que siempre quiso ser.

Antes de ser artista realizó diferentes trabajos. Entre ellos se dedicó a vender cigarrillos, pintar casas, trabajar en el campo y en la construcción. Solo sus manos son testigo de la dura que ha tenido. Las suyas son diferentes a las de cualquier otro pintor que haya visto. 

“La vida solo me dio un descanso cuando me uní al ejército a los 19 años. Pocos meses antes de eso trabajé gratis en una oficina de calígrafos, donde aprendí a escribir consignas en caligrafía árabe.”

 

 

Sin embargo, Ehmedo no quería ser soldado. Lo que a él le apasionaba era la pintura, por lo que tenía un plan para escapar de su destino en las fuerzas armadas. 

Cuando lo llamaron para entrar al ejército, se presentó como pintor y comenzó a dibujar retratos del presidente y escribir lemas como: “Una nación árabe con una vocación inmortal” o “Una nación árabe socialista libre”, “La República Árabe Siria” etc.

Ehmedo aprovechó para terminar la secundaria durante su servicio militar. Más tarde, una vez cumplido el servicio militar, viajó a Abu Dhabi, donde trabajó como contratista de construcción.

Allí y por primera vez pudo visitar galerías de arte y museos. En Abu Dhabi descubrió que la pintura era su verdadera misión en la vida. Comenzó a comprar libros y aprender más y más sobre técnicas de pintura, ya que estaba ansioso por aprender y crecer en ese campo. 

Después de vivir en los Emiratos Árabes Unidos decidió venir a Líbano en 2010.

 

 

Entre sorbos de café me cuenta que antes tenía la convicción de que el arte y la pintura en particular eran una filosofía por sí mismos. “Pero me di cuenta de que estaba equivocado y de que es puramente estética. Ves Christiane, no necesitas una filosofía para pintar, solo necesitas un alma pura”.

Ehmedo insiste en que su arte no se limita a su identidad kurda, sino que tiene un mensaje más universal; uno humanitario. 

Le digo que me parece muy interesante la transición que tuvo de pintar solo colores, que luego fue añadiéndole personajes, y ahora está más interesado en un expresionismo abstracto ya que siente que esto es lo que más le representa en esta fase particular de su vida.

 Me muestra algunas de sus pinturas y comienza a hablar sobre los espíritus y sobre cómo el alma unifica a los animales, la naturaleza y los seres humanos. 

“Todos somos uno y de eso trata el núcleo del existencialismo de la vida”, asegura Ehmedo. 

Cuando felicito sus pinturas, suspira y me dice que a menudo es una maldición nacer artista si es en esa región donde no hay ayuda que le permita crecer en este campo. Me mira y me dice con un tono alto y claro para convencernos a los dos de que si él no tuviera esa voluntad tan fuerte y una verdadera pasión por sus artes, habría dejado la pintura hace mucho tiempo.

“¿Cómo no voy a pintar? Este es el núcleo de mi persona, es quién soy y quien quiero ser. Es como mi nombre, mi verdadera identidad”.

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