Londres, 5 de enero de 2019 – Quiero recuperar esta película estrenada en 2006 para hablar de la serie de escandalosos acontecimientos que han acaparado el panorama europeo en los último años. «Azur y Asmar» es un largometraje que ha pasado ligeramente desapercibido pero que contiene una serie de elementos que todos los ciudadanos europeos deberíamos tener en cuenta a la hora de tomar decisiones con respecto a cuestiones de inmigración.


 

Los personajes principales son dos jóvenes: un europeo, Azur; y un norafricano, Asmar; criados, desde su nacimiento, por la madre del segundo. A pesar de su fuerte vínculo, los niños toman diferentes caminos a la fuerza, con el Mediterráneo de por medio, dando así lugar a una separación territorial, cultural y, sobre todo, llena de rencor.

Nuestro análisis comienza cuando Azur naufraga frente a las costas del norte de África. Allí conoce a Crapoux, un hombre de origen europeo que fue a África en busca de un tesoro que nunca encontró. Azur finge ser ciego, puesto que sus ojos azules asustan a la supersticiosa población local, así que Crapoux monta sobre sus hombros y ejerce de guía.

 

Fuente: abc.com

 

Los comentarios que este personaje hace, cuando Azur pregunta acerca de algún sonido o textura llamativa, son cruciales para entender el problema que existe con la inmigración en Europa. “¿Qué es una palmera?” –, pregunta Azur – “Es el árbol de aquí. Es feo, como todo lo que hay. Aquí no tienen ni abetos.” – contesta Crapoux. O: “es el muecín, que llama a la oración. Aquí no tienen campanas.” O, entre pedorretas: “¡son una especie de músicos que agitan trozos de metal! ¡No tienen guitarras!”.

Estas frases, o similares, que cualquiera de nosotros podría haber tenido en la boca en más de una ocasión, de manera casi inconsciente, no son más que fruto de una cuestión cultural de superioridad. Es innegable que en el mundo existe, por parte de todos y cada uno de los países que lo forman, una competición por el poder en la que casi podríamos establecer un ranking donde los países europeos junto con otras naciones como los Estados Unidos o China ocupan los primeros puestos. Los países respetan a aquellos que están en una posición superior pero desprecian a los que, por lo contrario, se encuentran por debajo en la lista.

 

Borisov, Tusk, Erdoğan y Juncker en la cumbre celebrada en Varna, en marzo del pasado 2018.

 

Dentro de Europa encontramos una clasificación similar. Países como el Reino Unido o Alemania se encuentran a la cabeza mientras que los países del sur son generalmente tratados como inferiores especialmente a nivel económico. Y es cierto que, a raíz de la crisis de 2008, y los rescates de Grecia, Irlanda, Portugal, Chipre y España, la tasa de migrantes de estas nacionalidades incrementó notablemente, provocando un aumento de la tensión en los países del norte, especialmente en Gran Bretaña, donde sus ciudadanos ahora ven acercarse las peligrosas consecuencias del Brexit, que es, en gran parte, una reacción ante la crisis de inmigración actual.

La relación de Europa en su conjunto con otros continentes no se escapa a este esquema, lo que ha provocado un incremento del rechazo al inmigrante especialmente procedente de Oriente Medio, el norte e África y Latinoamérica; estos dos últimos, extremamente aplicables a España. Esto ha convertido a Europa en un continente donde la derecha, más o menos extremista, está haciéndose con el control de manera realmente fácil.

 

Matteo Salvini, Ministro del Interior y Vicepresidente de la República Italiana, en el programa de televisión «Porta a Porta».

 

En Italia, el Vicepresidente y Ministro del Interior de la República, Matteo Salvini, está llevando a cabo un impecable trabajo para ganar apoyos, basado en las campañas contra la mafia y el tráfico de personas (especialmente en las costas de Libia) o inmigración ilegal; puesto que estos dos términos se utilizan de manera sinónima en su discurso. Por lo tanto, el vicepresidente italiano, miembro del partido Liga Norte, no deja opción alguna: si estás en contra de la mafia, estás con Salvini; si estás en contra de la inmigración ilegal, estás con Salvini; si estás en contra del tráfico de personas, estás con Salvini. Fue Salvini quien en junio de 2018 rechazó el atraco del barco Aquarius en sus costas, con 629 personas a bordo.

En los países del este de Europa, conocidos en lo relacionado con el tema como la “ruta de los Balcanes”, el odio se ha visto reflejado hacia los migrantes, principalmente de origen sirio, que se vieron obligados a huir del país árabe tras el comienzo de la guerra en el año 2011. Todos hemos visto las imágenes en las que una periodista húngara, cámara en mano, reparte patadas entre un grupo de migrantes sirios mientras cruzan la frontera. Pero no se trata de un caso aislado. El gobierno húngaro aprobó, el pasado junio, una ley que castiga con un año de cárcel a todo aquel que ayude a cualquier inmigrante en “situación irregular”.

 

Fotogramas del vídeo en que se ve cómo la periodista húngara, Petra László, hace la zancadilla a un migrante sirio, que corre con su hijo en brazos para cruzar la frontera. (2015)

 

Turquía se ha encargado de buena parte de lo que podrían ser refugiados, pero que no gozan de tal Estatuto, en cuanto a aquellos que huyen de la guerra en Siria. El país gobernado por Tayyip Erdoğan, funciona como una barrera natural entre Europa, geográficamente hablando, y Oriente Medio. Por este motivo, la Unión Europea firmó en 2016 un pacto con el gobierno turco que permitía, literalmente, retornar a Turquía a todos los nuevos migrantes con rumbo a las islas griegas. Además, Turquía ha puesto especialmente a los kurdos en el punto de mira, siendo víctimas de una dura persecución.

Por otro lado, Italia y Hungría son solo dos de todos los países europeos que juegan con la confusión y la ignorancia de su población acerca de lo que hay en el exterior. El miedo a lo extraño, a lo desconocido, y al mismo tiempo el uso de la retórica para generar más desconocimiento, fomentando así la creación de dogmas, ocupan un puesto muy importante en esta cuestión. Las asociaciones de lo islámico con el terrorismo como si de una sola cosa se tratase, de lo latinoamericano con lo contrabandista y las organizaciones criminales o de lo asiático con lo intruso, no son otra cosa que una retahíla de estereotipos utilizados como una herramienta de manipulación.

 

Refugiados en «La Jungla de Calais» muestran una pancarta: «No somos terroristas. No destruyáis nuestras casas». Gran parte del campo de refugiados de Calais fue desmantelado en 2016 por el Gobierno de Francia.

 

“¿Qué ruido es ese?” –, pregunta Azur – “Una gacela: un animal con las patas largas. (Pedorreta) ¡No tienen conejos!” – contesta Crapoux. Sería absurdo exigir la presencia de un conejo en el desierto, pero Crapoux quiere un conejo en el desierto, aunque seguramente no quiera una gacela en su amada Europa.

Puede parecer confuso hablar de conejos y gacelas y sí, es complejo y por eso no voy a redactar una larga explicación de la metáfora, pero esta es una reflexión absolutamente necesaria para todo ciudadano europeo, puesto que se encuentra, de manera irremediable, en el centro de una crisis de inmigración.

Quien no haya visto Azur y Asmar, quizá imagine a un joven en vaqueros siendo guiado por las calles de Marrakech por un guiri aventurero. En cualquier caso, a modo de conclusión me gustaría aclarar que Azur y Asmar es una película ambientada en la Edad Media aunque, al parecer, pocas cosas han cambiado.

 

Familia de migrantes descansando en el suelo.

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