El artículo 81 de la ley 2820 de Turquía prohíbe a los partidos políticos sostener que existen minorías en base a cuestiones religiosas, culturales, sectarias, raciales o idiomáticas dentro del país. Del mismo modo, están prohibidos el desarrollo y la difusión de idiomas y culturales que no sean la lengua y la cultura turca oficial.


 

A pesar del discurso que mantienen las autoridades, Turquía es un estado multi-étnico y multi-confesional con unas políticas que, poco a poco, están borrando a las minorías del mapa. 

La UNESCO alerta de que hay 15 idiomas amenazados en territorio turco, de los cuales 3 prácticamente ya están extintos: el Gagavuz (grupo étnico de origen túrquico concentrado en el sur de Moldavia. Mayoritariamente cristianos ortodoxos pero también con comunidades musulmanas), el Asirio y el Ladino. Junto a estos tres, otros 4 están camino de sufrir el mismo futuro: el Abaza, el Homshetsma, el Laz, el Griego Póntico, el Romani, el Suret (similar al asirio) y el armenio occidental.

Pueblo Gagavuz

La desaparición de estos idiomas supone también la desaparición de una parte importante de la historia y las culturas de las cuales se nutre el patrimonio turco. 

De acuerdo al director general de la UNESCO Koichiro Matsuura, «la muerte de un idioma lleva a la desaparición de muchas formas de herencia cultural intangible, especialmente de tradiciones orales y expresiones de la comunidad que la hablan -como poemas, proverbios, leyendas y bromas-. La pérdida de un idioma  supone también un detrimiento de la biodiversidad que transmite el conocimiento de la naturaleza y el universo». 

La UNESCO insiste en la importancia de proteger los idiomas, pero Turquía hace caso omiso y continúa con la turquificación de su territorio y la eliminación de todas las culturas que no sean la hegemónica. La política del gobierno es clara: Una cultura, una lengua, una bandera. 

Las políticas de asimilación forzada amenazan con la desaparición de las lenguas arcaicas previas a la existencia de Turquía. Tres culturas mueren, mientras solo les queda lanzar gritos pidiendo una ayuda para sobrevivir que nunca llega. Ni nunca llegará.

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