14 Milímetros https://14milimetros.com Otra mirada de la guerra Tue, 12 Jan 2021 12:25:40 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.5.3 https://14milimetros.com/wp-content/uploads/2018/09/cropped-Logo-14-milimetros-solo-14-e1537920779190-32x32.png 14 Milímetros https://14milimetros.com 32 32 Kaibiles: La fuerza y la astucia de dos tigres https://14milimetros.com/kaibiles-la-fuerza-y-la-astucia-de-dos-tigres/ https://14milimetros.com/kaibiles-la-fuerza-y-la-astucia-de-dos-tigres/#comments Fri, 25 Dec 2020 16:31:19 +0000 https://14milimetros.com/?p=3780 En la actualidad todos los países del globo cuentan dentro de sus fuerzas armadas con unidades de fuerzas especiales. Estas unidades militares son específicamente entrenadas y formadas para hacer frente a ciertas operaciones de carácter específico, adquiriendo una formación militar más amplia y un equipo y armamento más avanzado que otras unidades de las fuerzas […]

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En la actualidad todos los países del globo cuentan dentro de sus fuerzas armadas con unidades de fuerzas especiales. Estas unidades militares son específicamente entrenadas y formadas para hacer frente a ciertas operaciones de carácter específico, adquiriendo una formación militar más amplia y un equipo y armamento más avanzado que otras unidades de las fuerzas armadas convencionales. Suelen ser unidades adaptables a varios contextos, que operan como fuerzas asimétricas y capaces de operar de forma más independiente que otras unidades.


 

Debido a su pequeño tamaño y el éxito en sus operaciones, hoy en día, varias unidades de fuerzas especiales han adquirido una gran fama y notoriedad mundial, siendo quizás los más conocidos los Navy Seal norteamericanos, los Sayeret Matkal israelís o los Spetsnaz rusos. Pero, algo que muchos no saben es que, una de las fuerzas especiales más eficaces y con mayor fama dentro de este mundo de las unidades especiales son los Kaibiles guatemaltecos.  

 Estas fuerzas especiales creadas el 20 de septiembre de 1974, en plena guerra civil, deben su nombre “Kaibil” a un príncipe del Reino Mam “Kaibil Balam” que en español significa “El que tienen la fuerza y la astucia de dos tigres”. Según la historia, este mítico príncipe maya mam fue entrenado en duras pruebas de supervivencia en la jungla guatemalteca para poder ser digno de heredar el trono de su reino. Este duro entrenamiento le permitió hacer frente a las tropas del conquistador Pedro de Alvarado durante la época de la conquista, quien nunca consiguió apresar al joven príncipe, creado así un hito en la historia de la resistencia indígena. Los “Kaibiles” beben directamente de la influencia de este príncipe maya, siendo su lema el siguiente:

 

Si avanzo, sígueme,

Si me detengo, aprémiame,

Si retrocedo, mátame.

¡KAIBIL!

 

En cualquier caso, para entender la formación, los valores y la misión de esta unidad militar de élite, tenemos que retroceder unos cuantos años a su formación. Las fuerzas armadas siempre han sido un actor político decisivo en la historia guatemalteca. Los problemas internos, las sublevaciones de carácter político-social y los levantamientos, fueron desde el siglo XIX un problema para el Estado guatemalteco, los cuales tenían su origen, en la gran desigualdad que siempre ha caracterizado al país centroamericano; siendo aún en la actualidad uno de los países más desiguales del continente americano. Si a estas características, añadimos el contexto de la Guerra Fría, las fuerzas armadas no solamente se convertían en garantes del orden y el progreso (en su sentido decimonónico), sino que también se convierten en los garantes de la integridad del Estado nación.

A partir del siglo XX, estos procesos se vieron afectados por las tensiones que ocurrían dentro de las propias fuerzas armadas entre los generales (vinculados a postulados conservadores) y jóvenes oficiales (asociados en su mayoría a ideas de carácter progresista). Esta dinámica interna, unida a la situación internacional y regional, provocó que durante la segunda mitad del siglo XX llegaran al poder mediante elecciones democráticas Juan José Arévalo (1945-1951) y el coronel Jacobo Arbenz (1951-1954), quienes además de promover una agenda política centrada en una distribución más equitativa de los recursos y la riqueza, intentaron reducir la presencia militar en la vida política. Estos programas chocaban con la estructura socioeconómica y política del país particularmente desigual, y con los intereses de los Estados Unidos y las fuerzas armadas guatemaltecas. Así en 1954, el general Castillo Armas, gracias a la ayuda de Estados Unidos, consiguió llegar al poder manteniendo las viejas estructuras económicas y sociales e institucionalizando el anticomunismo tan en boga durante los años de la guerra fría. A partir de su gobierno, la militarización de la vida política y la instauración de la doctrina del miedo, fueron el incentivo necesario para el resurgimiento de nuevas revueltas populares y el fortalecimiento de partidos políticos contrarios a la dictadura, como era el caso del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT). 

El asesinato del dictador en 1957 y el levantamiento de ciertos oficiales en 1960, provocó la aparición de una guerra de guerrillas en el país, que unida al miedo de crearse una “Cuba centroamericana”, provocaron una espiral de histeria dentro de las fuerzas armadas. Debido a esta situación y gracias al apoyo logístico y económico de Estados Unidos, se formó un aparato de contra-insurgencia que permitió que a partir de la década de los 60s y hasta bien entrado la década de los 90s, las fuerzas armadas fueran la institución rectora del Estado. Es en este contexto cuando nace la Escuela de Comandos que formaba Kaibiles en 1974, bajo la iniciativa del mayor Pablo Nulia Hub. Siendo entrenados en un primer momento a semejanza de los Rangers norteamericanos por militares guatemaltecos que habían estudiado técnicas de contrainsurgencia en la Escuela de las Américas de Panamá, en menos de una década esta unidad especial de las fuerzas armadas guatemaltecas destacó por su eficacia y brutalidad en las operaciones llevadas a cabo contra la guerrilla guatemalteca.

 

 

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A partir de 1981 se modificó la estrategia para hacer frente al denominado “enemigo interno”, concentrando una gran cantidad de tropas en regiones específicas donde la guerrilla tenía un mayor apoyo social, como los departamentos de Chimaltenango, Quiche, Huehuetenango, hasta llegar a la inhóspita selva del Petén, donde se encontraban los últimos reductos guerrilleros. Hacia finales de 1982 la estrategia de las fuerzas armadas había alcanzo sus objetivos: la guerrilla se había quedado sin bases sociales. La puesta en marcha de esta estrategia, provocó una de las mayores catástrofes humanas del continente, ya que estas fuerzas especiales, punta de lanza del ejército guatemalteco, fueron responsables de masacres en unas 626 aldeas, que acabaron con la vida de unas 200.000 personas, fueron responsables de desplazamientos forzados hacia México (entre 50.000 y 200.000 pasaron la frontera) y más de un millón de personas tuvieron que desplazarse a otras regiones del país. Las masacres llegaron a tal punto que la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH) concluyo que en Guatemala se cometieron actos de genocidio contra gran parte de la población maya de los departamentos anteriormente mencionados. Llegados a este punto cabe preguntarse: ¿Cómo construyeron las fuerzas armadas guatemaltecas a este tipo de soldado que realizaría la mayor matanza en la historia actual del continente americano?

A comienzos de la década de los 80s, los altos cargos militares trabajaron para crear la imagen del soldado kaibil mediante un proceso de reclutamiento y entrenamiento selectivo. Los reclutas que ingresaban en esta fuerza tenían un perfil claro: eran en su mayor parte jóvenes (entre 18 y 20 años), analfabetos e indígenas (su idioma materno no era el castellano). Los reclutas eran sometidos a una invasión total de su privacidad, se les obligó a una estandarización física concreta, formas de control del tiempo, prohibición del uso de sus idiomas maternos, una férrea disciplina, una ritualidad específica y otras muchas particularidades que hacían que los reclutas rechazaran cualquier tipo de identidad, para solamente ser identificados como solados de élite, modificando su personalidad a la necesidad de la organización kaibil. 

 

 

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Una vez moldeada la personalidad de los reclutas, daba inicio al proceso de instrucción, la cual estaba estrechamente relacionada con operaciones concretas en el terreno. En este tipo de organización la convivencia con otros miembros era absoluta. Los pelotones se transformaban en grupos pequeños, pero fuertemente consolidados, donde la solidaridad entre los miembros aseguraba su funcionamiento: la tropa compartía experiencias limites que los llevaba a estar en peligro de muerte, y la indisciplina más que una afrenta al ejército y la patria, era visto como una irresponsabilidad para con sus compañeros. 

Además de este encuadramiento, se les inculcaban también ciertas ideas clave. Además de la supervivencia, los soldados debían mantener un estado moral fuerte, que les permitía tener clara la causa por la que valía la pena sacrificarse y morir. Se les inculcó la idea de que luchaban por una causa que trascendía la existencia propia del individuo. En este adoctrinamiento se encontraban consideraciones de rasgos culturales con una larga tradición en la historia guatemalteca, como eran el racismo, una fuerte ideología nacionalista y cierto misticismo sincrético heredado de la teología católica y ciertas creencias de las culturas indígenas. Todo esto, unido al anticomunismo característico de la Doctrina de Seguridad Nacional, aportó las suficientes razones para legitimar el empleo de la violencia y el terror contra sus adversarios. Pero aun así, ¿cómo podían estas tropas enfrentarse al apoyo social indígena de la guerrilla, si ellos mismos eran también indígenas? la estrategia se basaba en el estructural racismo que había caracterizado al país durante siglos. Se estableció una diferenciación entre el “indígena bueno” que toma partido por la patria, y un “indígena malo” que había sido seducido y engañado por la guerrilla. Entre el enemigo y el nosotros, no exista una diferenciación racial o étnica, sino que era profundamente ideológica: los indígenas que había sido engañados por la guerrilla comunista debían morir por la seguridad de la patria. Antes que indígenas, los kaibiles eran soldados. La deshumanización de la población campesina indígena fue clave para que estas unidades especiales de jóvenes llevasen a cabo los actos de genocidio de manera voluntaria, movidos por una jerarquía militar que se había desarrollado en un ambiente de violencia anticomunista. 

Al ser una unidad de élite, la división del trabajo estaba bien marcada: En las masacres, estaban quienes se dedicaban a controlar que las personas que iban a morir no se escaparan, otros que se encargaban de reunirlos y otros que se encargaban de matarlos. Detrás de esta decisión se encuentra una explicación simple y a la vez dramática. Simple porque era de suponerse que a la hora de realizar las masacres habría una división del trabajo (para las fuerzas armadas guatemaltecas estas masacres eras consideradas operaciones militares contra un enemigo interno). Y dramática, porque para llevar a cabo estas operaciones, el alto mando militar no precisó de forzar a los kaibiles para actuar como lo hicieron. Estos grupos de soldados decidieron libremente que matar con crueldad; era lo que debía hacerse. 

 

 

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Estas experiencias de contrainsurgencia contra la población indígena unidas a una férrea disciplina y a un entrenamiento inhumano, hacen de los kaibiles una de las mejores fuerzas de contrainsurgencia del mundo. Debido a su experiencia, eficacia y notoriedad, varios soldados de todo el mundo (con los que Guatemala mantiene relaciones de carácter militar) quieren llegar a ser parte de esta fuerza de élite.

Desde 1988 la comunidad de La Pólvora, conocida también como “El Infierno” es donde se realiza el entrenamiento de ocho semanas que convierte a soldados ordinarios en tropas de élite. El reclutamiento es voluntario, pero solo se puede llegar a él después de pasar una serie de pruebas físicas y psicológicas específicas. De un máximo de 64 aspirantes, al final solamente se gradúan no más de 10. 

El primer ritual del curso es una reunión donde los oficiales (algunos incluso de mayor rango que los propios instructores kaibiles) se degradan retirando del uniforme cualquier insignia que dé cuenta de su carrera militar. Después de ello, a cada kaibil se le asigna un compañero con quien duerme en la misma litera, come en la misma mesa, y si uno de ellos se equivoca su compañero sufre las consecuencias de la irresponsabilidad del otro. 

Las acciones se realizan de manera aleatoria día y noche, duermen menos de 3 horas, haciendo que muchos reclutas pierdan la noción del tiempo. En las largas jornadas al sol, su piel se curte bajo la humedad y los 38 grados de media de la jungla, y en los días de aislamiento en la selva, donde conviven entre jaguares y serpientes, se les somete a comer “todo lo que se mueva”; enseñándoles a beber la sangre de cualquier ser vivo. Su equipo básico consta de un fusil, un machete, arnés, dos cantimploras, un concho de agua, un kit contra mordeduras de serpiente, una bolsa para portar mapas, y cuerda de utilidad. En ningún momento se pueden desprender del equipo, mientras realizan los ejercicios bajo la presión de brigadas de hostigadores que los instigan durante 24 horas con megáfonos y otros utensilios para hacer que pierdan la concentración y no puedan dormir. La tortura psicológica es permanente durante las ocho semanas, ya que el 70% del entrenamiento se basa en el tratamiento psicológico, para promover que sean “soldados superiores” y hacerles ver que sólo la mente puede dominar el cuerpo. La muerte es algo que siempre está presente, la cual se enseña como el peor de los fracasos que puede sufrir el kaibil ya que “el que muere pierde y para ganar hay que aprender a combatir y sobrevivir”. Previo a su ingreso, todos los aspirantes deben de firmar un contrato donde se exime a la escuela de todas las responsabilidades físicas y psicológicas que pueden ocurrir durante el entrenamiento. Desde la década de los 90 unos 20 aspirantes han muerto en el intento de convertirse en kaibiles. 

 

 

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La mayor parte de las deserciones se dan durante la llamada “Semana Negra”; la etapa nocturna del entrenamiento. Durante diez días la distancia entre la noche y el día desaparecen, ya que se enseña al soldado a hacer las practicas con el mínimo rastro de luz, para así poder perfeccionar la visión nocturna sin necesidad de ningún artefacto. La culminación de esta semana es también de las más simbólicas. El último día, se lleva al pelotón hasta un lugar perdido de la selva donde, tras una serie de explosiones y descargas de ametralladoras que crispan los nervios, desde lo alto de un árbol se enciende una antorcha que ilumina una calavera pintada sobre un gran escudo donde yace una daga sobre un fondo negro y celeste que distingue al kaibil. 

Otra de las pruebas más emblemáticas de esta fuerza se realiza durante la llamada “Semana de Agua”. Durante esta semana, el entrenamiento consta de largas jornadas de natación en las densas aguas del rio Mopán cargando un equipo de 40kg, sin permitírseles hacer ningún tipo de ruido y haciendo que su presencia sea apenas percibida. Esta semana termina con un deslizamiento en un cable de 78 metros de altura sobre el curso de agua, donde desde esta altura, el kaibil debe dejarse caer al vacío y tras el impacto en el agua (lo cual equivale a estrellarse en una pared de cemento) el aspirante debe salir nadando. 

Como colofón final, los aspirantes se gradúan desde lo alto de una montaña, donde a la ceremonia asisten los militares de más alto rango dentro de las Fuerzas armadas guatemaltecas. En esta ceremonia, los graduados cosen el parche que los identifica como kaibiles en el hombro izquierdo de su uniforme. Cuando descienden de la montaña, el graduado llevara una boina púrpura, el parche y un escudo distintivo. 

Aunque la guerra civil terminó en 1996, los kaibiles no dejaron de existir, y en la actualidad son utilizados para realizar operaciones de contrainsurgencia contra las bandas de narcotráfico que invaden el país centroamericano. Pero debido al fin de la guerra civil, durante el gobierno de Oscar Berger (2004-2008) se produjo una reducción del 50% de la plantilla militar, haciendo que unos 12.800 militares (entre los que se encuentran un número considerable de kaibiles veteranos de la contienda civil) se quedaran sin trabajo.

Esta situación hace que los kaibiles despedidos sean los soldados más cotizados del mundo, no sólo por los grupos de narcotráfico, sino también por empresas de seguridad privada. Varios kaibiles retirados hablan de que el capo guatemalteco Otto Roberto Herrera fue el primero en reclutar a estos soldados como escolta personal, pero rápidamente otras organizaciones criminales comenzaron a reclutarlos, como es el caso de los Zetas mexicanos. Pero lo más grave es que recientes investigaciones del área de inteligencia del ejército de Guatemala hablan de que ahora los grupos de narcotráfico no solo trabajan con ex militares, sino también con kaibiles que están en activo en la actualidad. Estas investigaciones, encajarían con el hecho de que en la actualidad, en el pequeño municipio de Poptún (departamento del Petén), aldea donde vive el 80% de los integrantes de este grupo de élite, se haya convertido en uno de los puntos principales de bodega y centro de cocaína trasegada de América. Uno de los casos más emblemáticos sería el del kaibil Carlos Martínez Méndez, quien a la hora de su detención en México, en 2006 por sus vínculos con el narcotráfico, ocupaba el puesto de jefe de la Tercera Sección de la Primera Compañía de la Brigada Kaibil en la localidad anteriormente mencionada. 

Varios miembros de alto rango de las fuerzas armadas guatemaltecas confirman que no han podido evitar frenar el reclutamiento de sus soldados por los grupos de narcotráfico, por lo que se han puesto en marcha medidas de contrainteligencia para investigar a todos los elementos de la brigada kaibil con el objetivo de descubrir si entre los kaibiles en activo se encuentran también reclutadores que trabajan para bandas de narcos.

 

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Ucrania 2020: decepciones, polémicas y escepticismo. https://14milimetros.com/ucrania-2020-decepciones-polemicas-y-escepticismo/ https://14milimetros.com/ucrania-2020-decepciones-polemicas-y-escepticismo/#comments Mon, 07 Dec 2020 19:03:52 +0000 https://14milimetros.com/?p=3666 A finales del 2019, un 67% de los ucranianos confiaba en su presidente, Volodimir Zelenski. Hoy, solamente un 47%. El 2020 prometía ser un año de profundas reformas y avances para Ucrania, pero gran parte de las ilusiones se esfumaron. La labor del gobierno ha sido entorpecida por los oligarcas que buscan frenar las reformas. […]

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A finales del 2019, un 67% de los ucranianos confiaba en su presidente, Volodimir Zelenski. Hoy, solamente un 47%. El 2020 prometía ser un año de profundas reformas y avances para Ucrania, pero gran parte de las ilusiones se esfumaron. La labor del gobierno ha sido entorpecida por los oligarcas que buscan frenar las reformas. La mejora económica no termina de llegar, la pandemia no ayuda y los fondos del FMI han quedado bloqueados. Las pugnas entre las élites, la guerra en el Donbass y la presencia de la extrema derecha son sólo algunos de los problemas que siguen aquejando a un país que afronta el futuro con bastante pesimismo.


 

Ucrania se vio sacudida por diversas polémicas a principios de este año. Es algo que explicamos detalladamente en un artículo en el mes de mayo. Resumiendo, se pueden destacar lo siguiente:

  • El Primer Ministro, Oleksiy Honcharuk, fue destituido en marzo a raíz de su mal desempeño y su oposición a la reforma agraria.

 

  • La ministra de finanzas, Oksana Markavora, fue cesada y sustituida por Igor Umansky, quien apenas duró un par de semanas en el puesto, siendo sustituido por Serguei Marchenko.

 

  • El reformista Fiscal General, Ruslan Ryabashopka, que tenía por objetivo perseguir a diversos oligarcas como Igor Kolomoysky, debido a fraudes millonarios, vio como sus labores eran entorpecidas. Ryaboshakpa también tenía en su mira a diversas figuras del poder judicial y el Tribunal Constitucional, órgano plagado por la corrupción. El Fiscal General tuvo que dimitir tras un voto de censura parlamentario. Irónicamente, se inició una investigación criminal contra él por diversos cargos, incluidos sobornos. El antiguo fiscal arguyó que se trataba de una persecución política.

 

  • Ucrania se vio obligada a introducir diversas e impopulares reformas agrarias, además de la legalización de la venta de tierras de cultivo (chernoziom). El chernoziom o tierra negra es un tipo de tierra de cultivo de limitada existencia en el mundo y extremadamente fértil. Las reformas que conllevaban la legalización de su venta (en principio, solo ciudadanos ucranianos pueden adquirirla) eran exigidas desde hacía tiempo por organismos como el Banco Mundial o el FMI a cambio de unos muy necesitados préstamos mil millonarios.

 

  • El Ministro de Interior, Arsen Avakov, cercano a los grupos de extrema derecha como Pravy Sektor y el Batallón Azov, así como su rama política Corpus Nacional, continúa en su puesto. Uno de los pocos políticos que ha podido preservar (no sin sobresaltos) su cargo desde el punto álgido del Euromaidan en febrero de 2014. Avakov representa uno de los principales impedimentos y voces críticas con una solución diplomática para la guerra en el Donbass y es obviamente una figura impuesta al gobierno de Zelenski por las élites de Ucrania que buscan tener atado en corto a un ministerio clave. Avakov ha llegado a designar a miembros de organizaciones extremistas en puestos de responsabilidad política dentro del ministerio. También se le acusa de introducir y mantener a individuos de dudosa moral en la policía. Un ejemplo de esto es el nombramiento de Vadym Troyan (antiguo Coronel en el Batallón neonazi Azov) como Jefe Nacional de Policía, Jefe de Policía del óblast de Kiev o Viceministro de Asuntos Internos, entre otros.

 

  • La confianza en Zelenski cayó por primera vez por debajo del 50% y se situó en el 49,4%. La confianza en su gobierno descendió hasta el 23,4% y la de su partido hasta el 38,9%. Un descenso abismal en apenas un año, ya que Zelenski llegó al poder en abril de 2019 con el 73% de los votos. La luna de miel del humorista tornado en presidente había llegado a su fin.

Durante la segunda mitad del año han tenido lugar muchos otros sucesos de relevancia que apenas han recibido atención. 

Pugna entre las élites por el control del Banco Central.

En julio dimitió Yakov Smoliy, el Gobernador del Banco Central, una figura que contaba con gran confianza por parte de los organismos occidentales. Smoliy era visto como un muy necesario reformista y afirmó verse sometido a presiones políticas, las cuales sin duda proceden del oligarca Kolomoysky. Irónicamente, su predecesora, Valeria Gontareva, también abandonó por su cuenta en 2017, completando así un éxodo generalizado de los pocos políticos reformistas del anterior gobierno, encabezado por Poroshenko. Gontareva sufrió todo tipo de amenazas e incluso abandonó Ucrania debido a presiones, llegando a sufrir ataques contra sus propiedades en Kiev y amenazas contra su vida.

Durante la época de Gontareva se nacionalizó Privatbank, además de producirse una limpieza generalizada en todo el sistema bancario, plagado de corrupción. También se siguió una política económica que incrementó la inflación y la depreciación de la moneda nacional, lo cual generó mucha animadversión hacia ella. Los propietarios de Privatbank que se vieron afectados por algunas reformas son, de nuevo, Kolomoysky y su socio Guennadi Bogoliubov. Ambos están acusados de malversar y defraudar miles de millones de dólares a través de préstamos y líneas de crédito fraudulentas durante casi una década. El equipo formado por Gontareva permaneció durante el periodo en el que Smoliy encabezó el Banco Central. Con el abandono de éste último, los oligarcas consiguieron cobrarse, en parte, su venganza contra Gontareva y su legado.

El FMI y diversos inversores internacionales, de los cuales Ucrania depende en gran medida, suelen poner gran énfasis en la  independencia del Banco Central, si esa dependencia se ve atacada, los préstamos corren peligro. Por ello, el antiguo Primer Ministro Honcharuk se mostró crítico con la renuncia de Smoliy, afirmando que: “la reputación del Banco Central ha recibido otro golpe importante, la pérdida de independencia pondrá fin a la inversión”. El elegido para suceder a Smoliy fue Kiril Sevchenko, presidente de la junta de Ukrgasbank y cercano a Arseniy Yatseniuk, antiguo Primer Ministro y una de las caras más visibles del Euromaidán.

 

Gestión de la pandemia.

Un 62% de los ucranianos están descontentos con las acciones que ha tomado el presidente para combatir el COVID-19. Si bien no muchos líderes pueden enorgullecerse de aprobar con crecese en la gestión de sus respectivos países. A su vez, un 68% está insatisfecho con el trabajo del Ministerio de Salud en su labor contra la pandemia. Cifras similares de descontentos acumulan el Gabinete de Ministros (72%) y la Rada (78%). Al igual que ocurrió con muchos países de la mitad oriental de Europa, la llegada de la pandemia conllevó la rápida toma de medidas durante la primera ola. La certeza de que la debilidad del sistema sanitario implicaría muchos problemas llevó a los gobiernos a ser muy cautos. No obstante, durante el verano, tal y como ha sucedido en países como República Checa, Bulgaria o Rumanía, tanto las autoridades como la población se relajaron. A principios de 2020, un número considerable de habitantes de las cuatro mayores urbes valoraba negativamente la calidad de las instituciones médicas:

  • Kiev: 47% malas/terribles. 10% buenas.
  • Járkov: 50% malas/terribles. 12% buenas.
  • Odesa: 52% malas/terribles/. 10% buenas.
  • Dnipro 56% malas/terribles. 11% buenas.

Según las cifras oficiales, a día 2 de diciembre, se han registrado casi más de 821 mil infecciones, de las cuales han muerto más de 13 mil personas. Ucrania ha realizado casi 5 millones de test. A finales de julio, Ucrania había contabilizado tan solo 1693 muertes y (salvo algún pico esporádico) menos de 1000 contagiados al día. A partir del mes de agosto, las cifras fueron rápidamente en aumento y el panorama ha empeorado durante el otoño. Algunas de las regiones más afectadas han sido Odesa, Dnipropetrovsk y la capital, Kiev.

Hay un sentimiento predominante de que las medidas han sido demasiado laxas e insuficientes, un 75% también afirmó estar a favor de introducir multas por no llevar mascarilla en lugares públicos. A su vez, un 58% se pronunció a favor de una cuarentena durante las navidades y el Año Nuevo.

 

Cola de inmigrantes ucranianos esperando en el cruce fronterizo de Polonia a Ucrania. Foto Jakub Orzechowski / Agencja Gazeta.

Continúa la crisis poblacional.

Este año ha destacado también porque se han vuelo a cancelar los planes para el primer censo nacional en casi dos décadas. En 1989 se realizó el último censo de la RSS de Ucrania, ya habiendo obtenido su independencia, no se volvió a realizar otro hasta el año 2001. Según el censo de 1989, Ucrania tenía una población de casi 52 millones de personas, en 2001 esa cifra se había reducido hasta algo menos de 48 millones y medio. En 1989 los ucranianos representaban un 72,7% de la población, mientras que los rusos un 22,1%. En 2001 la población ucraniana representaba el 77,8% de la población, frente al 17,3% de los rusos. Otras minorías como la moldava, bielorrusa, búlgara o judía también descendieron, a excepción de la minoría tártara, que aumentó. Perder casi 4 millones de habitantes en una década no fue precisamente una buena señal. Desde el 2001, la elaboración de un nuevo censo se fue postergando continuamente, empleando toda clase de excusas. Para este año se daba por hecho que por fin se produciría el tan polémico censo, el propio Servicio de Estadística de Ucrania lo confirmó en octubre de 2019. No obstante, el ministro de Gabinete de Ucrania, Oleg Nemchinov, afirmó en marzo que el censo no tendría lugar en 2020 y posiblemente tampoco en 2021, ya que se trata de “un placer caro que tarda tiempo en prepararse”. Ucrania apuesta por emplear una gran suma de dinero y tecnología moderna para realizar de forma eficiente el censo, la pandemia y los gastos extra que ésta conlleva han desechado la idea por el momento.

Tampoco hay que descartar que el éxodo poblacional que ha tenido lugar desde 2014 sea vea empeorado por los efectos de la pandemia y que esto favorezca también a la reticencia de las autoridades. Si ya en 2013 los ucranianos fueron la nacionalidad que más permisos de residencia recibió por parte de los estados UE (236 mil), desde el Euromaidán ésta cifra ha ido en aumento de forma considerable.

  1. En 2014, 302 mil
  2. En 2015, 499 mil.
  3. En 2016, 588 mil.
  4. En 2017, 661 mil.
  5. En 2018, 526 mil.

Acorde a los datos más recientes del Eurostat, publicados a finales de noviembre, de los 3 millones de permisos de residencia que la UE emitió para ciudadanos procedentes de estados no comunitarios en 2019, 757 mil fueron para ucranianos. 87% de esos permisos para los ucranianos fueron emitidos por motivos de trabajo. En comparación, la segunda nacionalidad que más permisos recibió fue la marroquí, pero se haya muy por detrás de la ucraniana, al haber recibido 133 mil. Cuatro quintas partes de los permisos emitidos para ciudadanos ucranianos fueron expedidos en Polonia, país que se ha convertido en principal destino de trabajo y estudios para muchos ucranianos en edad de trabajar y para jóvenes que buscan un futuro más prometedor. Unos 2 millones de ucranianos trabajan y viven en Polonia, ya sea de forma permanente o para trabajos temporales. Desde el 2014, los inmigrantes ucranianos son responsables del 11% del crecimiento del PIB polaco. En Rusia también residen un gran número de inmigrantes ucranianos, principalmente de las regiones orientales del país. Según datos oficiales, 1.2 millones de ucranianos trabajan en Rusia, representando el 14% de la mano de obra extranjera en el país, por encima de kirguises, armenios y algo por debajo de los tayikos. También son la mano de obra de países exsoviéticos mejor pagada en el país, dentro del estándar ruso, obviamente, que es bastante desigual por regiones. Durante el primer cuatrimestre de 2020, Rusia concedió la nacionalidad a 215 mil personas, siendo un 67% de éstas originarias de Ucrania, algo que se ha tornado en bastante habitual.

Según las estimaciones de la CIA, en julio de 2020 Ucrania contaba con una población cercana a los 44 millones de personas. Es posible que ésta cifra sea incluso más baja, los ucranianos residentes en Rusia o la UE se cuentan por varios millones y la cifra se incrementa todavía más si se incluye el resto del mundo. Las remesas que envían a su país representan cerca del 9.5% del PIB nacional. Con una edad media de 41.2 años, Ucrania enfrenta una crisis poblacional y un envejecimiento que no hacen más que agudizarse. La “fuga de cerebros” está a la orden del día en el país. Si en 2007 los jóvenes de entre 15-24 años representaban el 15,6% de su población, en 2017 tan solo representaron el 10.2%. Dentro del vecindario oriental de la UE, Ucrania está por detrás de Azerbaiyán, Armenia, Georgia, Bielorrusia e incluso Moldavia, siendo el país más envejecido. También cuenta con la esperanza de vida más baja, comparada con los mencionados países postsoviéticos, situándose incluso ligeramente por debajo de Rusia. Según la ONU, dentro del grupo de los estados de Europa Oriental, tan sólo Rumanía (-0,70%) y Bulgaria (-0,71%) tienen peores datos de crecimiento poblacional que Ucrania (-0,54%) durante los últimos cinco años. Si bien es cierto que Ucrania lideraba esa lista a principios de los 2000 (-0,81%), sus cifras han empeorado respecto al periodo 2005-2015. La pandemia ha frenado en cierta medida el éxodo de la población, de hecho, durante la primera ola se observaron grandes colas de ucranianos que regresaban de Polonia antes del cierre de fronteras. Si las autoridades no se ponen manos a la obra, lo cual es poco probable, las consecuencias de la pandemia sobre la economía llevarán a más gente a emigrar.

 

Elecciones locales. Balance y consecuencias.

El 25 de octubre tuvo lugar la primera vuelta de las elecciones locales. Los días 15, 22 y 29 de noviembre, así como el 6 de diciembre, se produjo la segunda vuelta en diversas alcaldías.

 Las elecciones incluyeron un pequeña “encuesta a escala nacional” sobre diversas cuestiones:

  • ¿Apoya la idea de cadena perpetua por el crimen de corrupción a gran escala?

-82% votó SÍ.

  • ¿Apoya la creación de una zona económica libre en Donbass?

-47,02% votó NO. 46,70% votó SÍ.

  • ¿Apoya la reducción del número de diputados en la Rada de 450 a 300?

-89% votó SÍ.

  • ¿Apoya la legalización del cannabis con fines medicinales?

-65% votó SÍ

  • ¿Apoya el derecho de Ucrania a utilizar las garantías de seguridad definidas por el Memorándum de Budapest para restaurar su soberanía estatal e integridad territorial?

-72% votó SÍ.

La participación en esta encuesta fue muy baja, apenas el 25% de la población tomó parte en ella. Obviamente, Donetsk, Lugansk y la Península de Crimea no tomaron parte en ésta votación ni en las locales.

El resultado de las locales arrojó un país dividido políticamente, con mayor auge de formaciones regionalistas y con una clara disfuncionalidad entre las élites. A su vez, la participación fue bastante baja, con un 36%, diez puntos menos que en las locales de 2015. Las elecciones se celebraron bajo una nuevo Código Electoral que descentraliza el poder. Se combina el sistema de elección mayoritario con la autonominación de candidatos y las listas abiertas. También se buscó modernizar el sistema de recuento, que si bien es, en teoría, más seguro, es también más lento. A falta de que se publiquen los resultados definitivos de la segunda vuelta en algunas pocas alcaldías, el balance es el siguiente:

En cuanto a la elección de diputados en consejos locales.

  • Los representantes de Servidor del Pueblo (SP), partido de Zelenski, consiguieron la mayor cantidad de escaños (17,59%) a escala nacional, pero sufriendo un gran desgaste.

 

  • Batkivshchina, partido nacionalista de derecha liderado por la expresidenta Yulia Timoshenko, fue el segundo con 12,39%.

 

  • El partido Plataforma de Oposición-Por la vida (POPL), defensor de los derechos de la minoría rusa y sucesor a escala nacional del Partido de las Regiones (Yanukovich), fue tercero, obteniendo un 11,75% de los escaños.

 

  • El partido Por el Futuro fue el cuarto con más escaños, obteniendo un 11,42%. Por el Futuro recoge a la formación nacionalista UKROP, está fuertemente vinculado con Kolomoysky, debido a la publicidad que recibe en 1+1 Media Group (propiedad del oligarca) y es también una de las formaciones que apoya al SP de Zelenski en la Rada.

 

  • Solidaridad Europea (SE), de Petro Poroshenko, ocupó el quinto lugar con un 10,73%.

 

  • El resto de escaños se repartieron entre regionalistas, extrema derecha e independientes, representando estos últimos un 15,82% de las candidaturas presentadas. Es notable que más de un 30% de los escaños estén ocupados por formaciones que no se encuentran entre los cinco grandes de la Rada, esto evidencia una clara falta de confianza de la población no sólo en los partidos tradicionales, sino en formaciones como SP, que hace dos años fueron rupturistas con el sistema político. También merece la pena destacar la práctica inexistencia de formaciones de izquierda que se alejen, aunque sea, ligeramente del neoliberalismo.

Por puntualizar, formaciones de extrema derecha como Svoboda, que suelen ser motivo de noticia a pesar de ser apoyados por sectores de marginales y exaltados, obtuvieron un 2,6% de los votos, principalmente en regiones del oeste (Ternopil, Ivano-Frankivsk y Jmelnitski), donde son fuertes.

En cuanto a la elección de alcaldes, cabe destacar que un 52% de los elegidos fueron candidatos autonominados y que cuentan con el respaldo de partidos locales. De los cinco grandes los resultados son:

Servidor del Pueblo obtuvo el mayor número de alcaldes elegidos, casi el 30,74%. Por el Futuro obtuvo un 12,43%, Batkivschchina un 7,24%, Por la Vida un 7,1% y Solidaridad Europea un 5,6%.

Los grandes vencedores de estas elecciones fueron aquellos alcaldes que establecieron sus partidos a nivel local en la Ucrania posterior al Euromaidán. La descentralización es un hecho innegable e inevitable. La falta de eficiencia del gobierno central durante años de caos ha fortalecido a esas autoridades locales en materia de autonomía.

Un gran ejemplo de esta descentralización es lo sucedido en el este y sur del país, regiones que como es sabido cuentan con gran presencia de la minoría rusa y donde las formaciones rusófilas y regionalistas continúan su auge. Volodimir Buriak obtuvo una firme victoria en Zaporiyia con su partido Unidad. En Odesa, Guennadi Trujanov ganó en segunda vuelta con el 54% de los votos. Guennadi Kernes continúa en la alcaldía de Járkov (60%), pero con su nuevo partido, Bloque Kernes-Járkov Exitoso. Es reseñable el desempeño de la formación Proposición, creada en junio de este año por los alcaldes de Dnipro, Kropyvnytsky (antes Kirovgrad), Mykolaiv y Zhytomyr. Los alcaldes de Kropyvnytsky y Zhytomyr (Andrei Raykovych y Serhy Sukhmolin) consiguieron la victoria en primera vuelta el 25 de octubre y los de Dnipro y Mykolaiv (Boris Filarov y Oleksandr Senkevych) se alzaron con la victoria en la segunda vuelta celebrada a finales de noviembre, obteniendo amplios márgenes. El auge de este “partido de los alcaldes” podría traer quebraderos de cabeza a las autoridades centrales en un futuro, ya que dominan 2 de las 10 ciudades más pobladas.

En Kiev, el alcalde, exboxeador y antigua figura visible del Euromaidán, Vitali Klitsckho, revalidó su puesto con un 50% de los votos. Klitschko lidera su propio partido desde hace años (UDAR) y ya se ha afianzado en la capital.

Como contrapartida a esto, los candidatos del SP de Zelenski, al ser los más votados, consiguieron puestos en todas las regiones, pero no obtuvieron victorias en ninguno de los 10 grandes ayuntamientos, algo que no es buena señal para el partido gobernante en el país. Incluso en Krivoy Rog, ciudad natal de Zelenski, la formación de éste no se impuso. El ganador en la primera vuelta fue Yuri Vikul, que encabeza su propia formación de carácter rusófilo y lleva siendo alcalde desde 2010. Vikul es antiguo miembro del PCUS. Vikul no se presentó a la segunda vuelta por motivos de salud, dado que ya tiene 71 años, siendo sustituido por otro miembro de su formación.  

La formación del expresidente Petro Poroshenko consiguió recuperar parte de su poder. Si bien sus candidatos no ganaron ninguna carrera por las diez grandes alcaldías, sí consiguieron llegar a la segunda vuelta en tres regiones. De hecho, han conseguido mejores resultados en Odesa (10%), Mykolaiv (10%) y Jerson (9,2%), abandonando así sus tradicionales feudos del oeste.

El partido Por el Futuro, del oligarca Kolomoysky, consiguió la victoria en más de diez ayuntamientos como Poltava, Cherkasy o Kremenchuk. Si bien la mayoría son de mediano-pequeño tamaño, habrá que observar su futuro desempeño y si el oligarca considera que vale la pena invertir más dinero en su nueva aventura política.

Dado el progreso de Ucrania en la descentralización, las elecciones locales se tornan más importantes. La descentralización aumenta significativamente los presupuestos locales y podría dar pie a mejorar la infraestructura, que se haya en un estado deplorable. Si la participación política local continúa floreciendo (para bien), los ciudadanos verán que sus votos son importantes y que los resultados electorales son producto de sus preferencias y no las de otros. Pero esto también podría conllevar desventajas. Es cierto que los dirigentes locales ya no tienen que rendir pleitesía a unos altos cargos y burócratas de Kiev ni aceptar etiquetas partidistas. Conlleva que tengan más poder de presión frente a unas autoridades centrales que deben aprender a cooperar y cumplir sus promesas. Tanta autonomía, poder de presión y unos mayores fondos puede llegar a ser un gran caldo de cultivo para la corrupción a nivel regional y el caciquismo entre unas elites que se dividen el país en zonas de influencia.

 

APF/Prensa presidencial turca. Foto de Murat Kula.

Conflicto armado en el este y rearme ucraniano

Cuando Zelenski llegó al poder, una de las misiones que tenía era evitar las concesiones a Rusia en Donbass. Sobre él pendía la imagen, difundida por parte de grupos de la extrema derecha, de ser blando e ingenuo en su posición como comandante en jefe de las fuerzas armadas. A día de hoy el panorama respecto a Rusia continúa siendo ambiguo. Si bien es obvio que Zelenski no es un rusófilo e hizo hincapié en la necesidad de defender los intereses y valores ucranianos, no ha podido doblegar la voluntad de los sectores más duros y nacionalistas. Éstos últimos no le toman en serio ni a él ni a la diplomacia que despliega, ya que apuestan por una solución bélica del conflicto en el este del país. Si bien se han producido diversos avances en materia de desminado e intercambio de prisioneros, las negociaciones con la DNR y LNR siguen congeladas. Kiev es reticente a negociar directamente con las autoridades de éstas dos regiones, pero tampoco le son de mucho agrado las presiones de Rusia en el formato Normandía (Francia, Alemania, Rusia, Ucrania). Los esporádicos intercambios de artillería en el frente siguen siendo algo habitual y las esperanzas de paz que creó para algunos la llegada de Zelenski se esfuman.

Ucrania cuenta con más de un centenar de tanques, decenas de unidades de artillería autopropulsada y remolcada de 100 a 203 milímetros, decenas de sistemas múltiples de lanzamiento de cohetes BM-21 Grad, siete sistemas de misiles antiaéreos Buk así como emplazamientos de misiles antitanque en el frente. Las fuerzas ucranianas acusan a las “fuerzas de ocupación rusas” de provocaciones y de hostigamiento con francotiradores además de contar con 3000 tropas sobre el terreno. Muchos focos de tensión en el espacio postsoviético están entrando en ebullición. No sería sorprendente que el conflicto en el Donbass volviese a explotar tarde o temprano. Las recientes adquisiciones de material militar por parte de Ucrania alimentan esta creencia.

En cuestiones de defensa, Zelenski ha desempeñado una labor bastante activa. Desde que llegó al poder, Ucrania mostró interés por los drones Bayraktar TB-2 de fabricación turca que tanto han dado que hablar en conflictos como el de Siria o el Alto Karabaj. Ucrania ya ha adquirido 12 de éstos drones, planea hacerse con otros 6-12 en 2021 además de abrir una cadena de producción en alguna de las fábricas del conglomerado Ukroboronprom. En 2019, Ukrspetsexport y la turca Baykar Makina establecieron Black Sea Shield, para desarrollar sistemas aéreos no tripulados, tecnologías de motores y municiones guiadas.

Ucrania planea producir, entre otras, una versión del Bayraktar denominada “Akıncı”, la cual cuenta con motores turbopropulsores Ivchenko-Progress, de fabricación ucraniana. Es un dron más grande, con mayor autonomía y más armamento. Es también posible que las autoridades ucranianas estén interesadas en exportar su producción si los drones muestran buenos resultados.

Zelenski visitó Turquía durante este otoño, firmando un acuerdo de buena voluntad con Erdogan y previendo un acuerdo de libre comercio entre los dos países en 2021, además de una mayor cooperación en materia armamentística. Erdogan afirmó que el comercio entre ambos países alcanzaría los 10 mil millones de dólares. Turquía ayudará a Ucrania con el suministro y tecnología para producir drones, mientras que Ucrania ofrecerá a Turquía sus conocimientos en materia de motores para aviones y misiles. El CEO de la conocida compañía Antonov aseguró que desean cooperar con la industria turca en el desarrollo de los An-178. De esta forma, el proyecto ucraniano que vio la luz en el 2015 podría llegar a ser más exitoso en los mercados internacionales. 

Estos guiños de Ucrania a Turquía no son algo nuevo. En mayo, Zelenski anunció que las dos festividades musulmanas Eid al-Adha y Eid al-Fitr, serían festivos oficiales en el país. Irónicamente, la fecha elegida para anunciarlo coincidió con el aniversario de la deportación de los tártaros de Crimea en 1944. Turquía se mostró bastante preocupada con lo sucedido en Crimea durante el año 2014, así como con el estatus de la minoría tártara en la península. En agosto, la viceministra de exteriores ucraniana, Emine Dzheppar (origen tártaro crimeo), afirmó que Ucrania estaba interesada en adquirir el estatus de observador en el Consejo Túrquico. Hungría es un ejemplo de país europeo que ya tiene este estatus en dicho consejo. Ucrania parece decidida a prestar una mayor atención a la minoría tártara, intentando ganarse así a Turquía. Ambos países consideran a Rusia su rival regional, si bien las relaciones y el entendimiento entre Ankara y Moscú son mucho mejores de lo que parece a simple vista.

Aparte de esto, el gobierno de Zelenski ha firmado diversos acuerdos para adquirir patrulleras costeras de Francia, Estados Unidos y el Reino Unido, ya que la flota ucraniana se vio diezmada por las deserciones durante la crisis de Crimea en 2014. Se ha llegado a especular con que las autoridades ucranianas planean una escalada en el Donbass aprovechando sus nuevos acuerdos y adquisiciones en materia armamentística. La presencia de observadores ucranianos en el reciente conflicto en Alto Karabaj no se ha terminado de confirmar, pero dada la creciente cooperación con Turquía y que Ucrania se manifestó a favor de que Azerbaiyán restaurase su integridad territorial, no sería algo totalmente descartable. Se habló de, entre otros, la presencia de especialistas militares del GUR, defensa aérea y guerra electrónica.

Ucrania también ha firmado acuerdos de cooperación estratégica con Polonia y ha sido incluida en el Triángulo de Lublin junto con Polonia y Lituania. El Triángulo de Lublin es un proyecto de cooperación política, cultural, económica y militar que podría complementar a la Iniciativa 3 Mares así como a otros formatos existentes entre países de la mitad este de Europa. Zelenski y Duda discutieron la posibilidad de que Ucrania se uniese a la Iniciativa 3 Mares, pero todavía no ha trascendido nada destacable. Lo que sí está claro es que las ambiciones geopolíticas de Turquía con Ucrania serán un nuevo desafío regional no solo para Rusia, sino también para los estados de la UE y OTAN que mantienen desavenencias con Turquía. Quizás, una Ucrania en la esfera turca no sea una idea del todo descabellada, dado que la continua cuestión Rusia vs Occidente no hace más que tensar la situación en el país. No obstante, dado que Ucrania es un pivote geopolítico clave, la pugna seguirá latente.

 

Crisis en el Tribunal Constitucional

A finales de octubre, el Tribunal Constitucional ucraniano sorprendió con un movimiento inesperado. Anuló la responsabilidad penal por irregularidades en la declaración de la renta. El TC afirmó que la obligación (para funcionarios) de realizar la declaración de la renta en formato electrónico era inconstitucional. Además, atacó a la nueva ley de anticorrupción y declaró como inconstitucionales los poderes de la Agencia para la Prevención de la Corrupción. Irónicamente, 4 de los 18 jueces del tribunal estaban siendo investigados por las autoridades. El TC lleva años siendo un organismo fácil de influenciar por los oligarcas y políticos. Se señaló a sectores prorrusos como los responsables de ésta cuestionable decisión judicial, ya que 48 diputados habrían enviado una carta al TC exigiendo la inconstitucionalidad de las nuevas leyes anticorrupción. Grupos de manifestantes se congregaron frente al edificio del TC para protestar. Zelenski afirmó que la decisión del TC era un “peligro para la seguridad nacional” y decidió actuar contra la decisión del tribunal, aunque eso conllevase a su vez contradecir a la constitución ucraniana. A principios de diciembre, la Rada ucraniana decidió restaurar la ley anticorrupción que había sido atacada por el TC, no obstante, se sustituyó la pena de prisión (por grave corrupción) por una sanción, provocando críticas por parte de diversas organizaciones. Lo más importante de ésta crisis es que las acciones del TC han hecho que el FMI suspenda el programa de financiación. La ley anticorrupción y la responsabilidad penal por la declaración electrónica de la renta fueron dos condiciones impuestas por el FMI (préstamo de 5 mil millones de dólares) y ahora el último tramo ha quedado suspendido para éste año, aun cuando la Rada decidió contradecir la decisión del TC. Ucrania ha dado imagen de inestabilidad que no gusta. 

 

La deuda ucraniana, dificultades venideras. 

Si bien el esperado crecimiento del 7% quedó en previsiones de 3,5% durante el primer trimestre del 2020, era una cifra relativamente aceptable. El Servicio Estatal de Estadísticas arrojó datos positivos, con un ligero aumento del poder adquisitivo y por ende el consumo. Ucrania parecía tener controlados bastantes de sus problemas, pero con la llegada de la pandemia, todo ha ido a peor. La moneda nacional continuará debilitándose durante el próximo año y los salarios podrían bajar.

Ucrania se enfrenta a una crisis monetaria durante la segunda mitad del 2021. De momento el país cuenta con 26 mil millones de dólares en reservas internacionales brutas y ha cumplido con la mayoría de las obligaciones de pago de deuda. Ucrania tiene los fondos necesarios para cubrir cerca de cuatro meses de importaciones y para mantener la estabilidad de su moneda nacional. Pese a esto, parece que el gobierno tendrá dificultades para hacer frente a toda la deuda de 11 mil millones de dólares que vence durante el tercer cuatrimestre del año. En caso de apuro, se puede financiar parte de la deuda con las reservas, sin dañar demasiado el tipo de cambio ni la inflación, pero no todo. Los problemas comienzan en el tercer trimestre, cuando vence esa deuda que fue reestructurada hace años, en los meses posteriores al Euromaidán. El presupuesto de 2021 cuenta con un déficit del 6% del PIB debido a que el gobierno ha tenido que destinar grandes sumas de dinero para compensar el daño que causa la pandemia. Como resultado de la crisis del TC, el programa del FMI se ha suspendido de facto. Ucrania ya había recibido 2.100 millones de dólares en junio, pero ahora está claro que el próximo tramo de 700 millones de dólares no ha llegado ni llegará antes de 2021. Las autoridades necesitarán depender más del financiamiento interno del déficit fiscal. Pero no todo es malo, la cuenta corriente se ve bien gracias a la caída de los precios del petróleo y las remesas se han mantenido estables a pesar de la situación en la que se haya el mundo. Ucrania podrá seguir saliendo adelante durante los próximos meses. Sin embargo, es probable que la situación se vuelva insostenible a mitad de 2021, lo cual obligaría al país a regresar al FMI en busca de apoyo. Cada vez que Ucrania enfrenta una crisis, el gobierno acaba cediendo o cometiendo errores y el programa del FMI se reinicia.

 

Extrema Derecha y la polémica nueva ley educativa.

Los grupos de extrema derecha ucranianos siguen su expansión, si bien representan una pequeña parte del espectro político que se suele sobredimensionar, deberían ser motivo de preocupación debido al número de veteranos de guerra que engrosan sus filas. Diversos grupos como Tradición y Orden, C14 o Azov y su rama política (Corpus Nacional) se están haciendo oír en otras partes de Europa. Ya sea publicitándose a través de directos en redes sociales o captando en círculos de la MMA, entre otros.

Azov presentó otra de sus “creaciones”, el grupo Centuria, el cual ha empleado símbolos romanos para publicitarse. Irónicamente, esto causó un malentendido con otro grupo de extrema derecha que lleva el mismo nombre y emplea simbología parecida. Desde el año pasado, diversas organizaciones asociadas a Azov intentan infiltrarse en las escuelas de oficiales del ejército ucraniano a través de “cursos patrióticos” y demás reclamos. Ya que Azov es parte de la Guardia Nacional Ucraniana y cuenta con el respaldo del ministro de interior, Avakov, llevar a cabo estas tareas tampoco les resulta muy difícil.

Andriy Biletsky, antiguo comandante del batallón Azov y uno de los líderes de su rama política (Corpus Nacional), concedió una entrevista en verano en la que aseguró que “al menos” 4000 personas habían pasado por las filas de Azov. Según sus declaraciones, alrededor de la mitad de esas personas estarían involucradas en el Corpus Nacional. Gran parte de los manifestantes que presionaron durante semanas al gobierno de Zelenski en Kiev para “no capitular” en el conflicto del Donbass están relacionados con el movimiento de extrema derecha. El hecho de que diversos partidos de corte nacionalista como los de Poroshenko, Timoshenko o Tiagnibok hayan ejercido durante años el discurso que emplea Azov (con algo más de moderación), dificulta en cierta medida el crecimiento real de estos grupos a escala política. Pese a ello, su capacidad para desplegar músculo, presionar al gobierno (con la connivencia de Avakov) y moverse por las redes sociales, les convierte en un buen reclamo y en ejemplo para grupos similares en otros lugares del continente europeo, que ven en Ucrania una base de operaciones y para su formación. Eventos como los de la Radical Alliance, junto a grupos húngaros, polacos o rusos no deberían sorprender. Recientemente fue revelado, aunque era un secreto a voces, que movimientos como Azov o la Misanthropic Divison habían obtenido beneficios económicos a través de la venta de artículos y publicidad en redes sociales como Facebook o Instagram, aparte de que emplearon dichas redes para el reclutamiento de miembros extranjeros. Facebook ya sabía de esto, es más, las cuentas de Azov ya fueron suspendidas en alguna que otra ocasión en el pasado, pero éstos siempre encontraban una manera de regresar. Las acciones de la extrema derecha que opera en Ucrania seguirán dando que hablar, su coqueteo con grupos europeos e incluso estadounidenses (Rise Above Movement) irá incrementándose con la connivencia e inacción del gobierno ucraniano.

Otro tema que ha dado que hablar fue la nueva ley educativa de Ucrania, creada en tiempos de Poroshenko y adoptada con el nuevo curso escolar. Esta ley ha provocado las protestas de diversos estados como Hungría, Bulgaria, Moldavia y Rusia, cuyas minorías se ven afectadas. Quienes la apoyan afirman que ayudará a consolidar la identidad nacional y lengua de Ucrania, pero los estados mencionados afirman que la ley atenta contra el derecho de las minorías a emplear su lengua. La lengua de los tártaros, por su parte, está sujeta a una enmienda que la protege. La ley en cuestión requiere que el 40% de las asignaturas se impartan en ucraniano a partir de los últimos cursos de la escuela primaria pública. En secundaria y en la universidad el ucraniano sería la única lengua en emplearse. A su vez, idiomas como el húngaro contarán como lengua extranjera. Si las minorías quisiesen optar a cursar la lengua de su etnia, tendrían que renunciar a la posibilidad de cursar lenguas como el inglés, alemán o español, situándose en una clara desventaja respecto a la población étnica ucraniana. Recientemente hubo registros del SBU (servicios secretos ucranianos) contra la minoría húngara y las asociaciones culturales de ésta en la región de Transcarpatia. Las autoridades ucranianas acusan a los húngaros étnicos de estar preparando actividades “dirigidas a violar la soberanía de Ucrania”. La polémica fue alimentada por un video en redes sociales en el que representantes políticos locales de la étnia húngara interpretaban el himno húngaro además del ucraniano. 

 

Caso Zhvania

Un nuevo gran caso judicial se está gestando en Ucrania y sin duda dará mucho que hablar en 2021. La continuación del juicio contra Poroshenko y los posibles cargos que se presenten contra personalidades que despegaron con el Euromaidán deberían ser motivo de noticia. David Zhvania, antiguo socio del expresidente Poroshenko, confesó que éste último le ordenó sobornar con 5 millones de euros a un alto cargo de la UE a cambio del apoyo a Poroshenko durante las elecciones ucranianas de 2014. Zhvania señaló a Oleksandr Turchinov, Arseni Yatseniuk, Vladimir Klitschko, Andreiy Parubiy y otras personalidades del Euromaidán como parte de una banda criminal que se hizo con el poder en 2014 con tal de lucrarse económicamente. Zhvania, que reside en el extranjero, promete desvelar en un proceso penal todo tipo de información que incrimina a los miembros de la “banda criminal” en asuntos como el cambio de gobierno a principios de 2014, la entrega de Crimea a Rusia o el crimen organizado.

Poroshenko, que ya enfrenta diversos cargos como alta traición, corrupción, prevaricación y nepotismo, ve como se le acumulan los problemas. El expresidente siempre ha afirmado que se ve sometido a una “persecución política”. Queda por ver si Zhvania llega a intervenir activamente en los procesos judiciales y si muestra pruebas convincentes para sostener unas acusaciones que sacudirían todavía más los cimientos.

 

El Instituto Sociológico de Kiev preguntó a los ucranianos en octubre. Un 33% votaría a Zelenski en caso de que hubiese elecciones presidenciales. Representa una pérdida de siete puntos porcentuales respecto a abril. Para sorpresa de algunos, Petro Poroshenko sigue segundo en cuanto a intención de voto, e incluso mejora sus datos, un 17,3% votaría por él, si bien es una cifra menor del 24% que obtuvo en las elecciones de 2019. Según los datos más recientes de noviembre, en caso de celebrarse elecciones legislativas, el partido Por la Vida (minoría rusa) sería el más votado con un 22%. Le seguiría Solidaridad Europea (Poroshenko), con un 19,3% y Servidor del Pueblo con un 18,7%. El candidato que llegó para acabar con las antiguas élites se ve sobrepasado por éstas. A pesar de ello, Zelenski sigue siendo el político mejor valorado, con un 47% de la población siendo optimista con él. El presidente ucraniano todavía goza de una ventaja considerable (Poroshenko 29%, Timoshenko 26%), pero no es capaz de producir los resultados esperados y eso repercute en su entorno.

El 57,5% de los ucranianos cree que su país se desmorona y se dirige hacia la división. Un 44% es pesimista respecto a la situación en el país, un aumento de diez puntos respecto a abril.

Las perspectivas de mejorar las relaciones con Rusia mejoran. Un 56% cree que Ucrania conseguirá la paz y normalizará las relaciones con Rusia. Así piensan de forma mayoritaria en el Donbass (71%) y en el sur (60,5%), pero también en el oeste (52%), que se caracteriza por ser más hostil a Rusia. Los votantes de Poroshenko son los únicos que se muestran mayoritariamente negativos respecto a esto, un 62% cree que habrá más conflicto con Rusia.

En cuanto al panorama internacional, el país sigue dividido. Un 49% de los ucranianos apoya integrarse en la UE, frente a un 13,8% que prefiere integrarse en la Comunidad Económica Euroasiática que lidera Rusia y un 27% que prefiere no unirse a ninguno. Por su parte, un 41% apoya acceder a la OTAN, mientras que un 37,1% prefiere neutralidad y un 13% opta por la OTSC. El apoyo de los ucranianos a un ingreso en la OTAN ha descendido respecto al 2014, cuando un 47,8% apoyaban el ingreso en la organización. Los votantes de los candidatos de la minoría rusa prefieren en su mayoría (53%) no unirse ni a la OTAN ni a la OTSC e incluso un 42% de los votantes de Zelenski y un 35% de los votantes de Timoshenko optan por no involucrar a Ucrania en ninguna de las organizaciones.

Un 91% de los ucranianos afirma que no abandonará su país si les es concedida la nacionalidad rusa, un 68% afirma lo mismo en caso de obtener ciudadanía de un estado UE o de los EE.UU.

Ucrania sigue aguardando la llegada de una clase política y un líder cuyos intereses sean mejorar la vida de la ciudadanía y no engordar sus bolsillos o rendir pleitesía a potencias extranjeras. A pesar de haberlo intentado, empezando con buen pie en 2019, todo indica que Zelenski no será ese líder. Los obstáculos de las aparentemente inamovibles élites y la inexperiencia, además de la falta de actuaciones decididas, todavía lastran al gobierno. A cada paso hacia delante que se toma, se retrocede dos. 2021 también será un año tenso para el presidente que prometió ocupar el cargo durante únicamente un mandato, consciente de las difíciles reformas que debía llevar a cabo. Una parte de la población todavía sigue confiando en él, pero si no comienza a dar resultados palpables, es posible que no llegue a 2024. 

La entrada Ucrania 2020: decepciones, polémicas y escepticismo. se publicó primero en 14 Milímetros.

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Nuevas tecnologías en la guerra: reflexiones sobre el conflicto de Nagorno-Karabaj. https://14milimetros.com/nuevas-tecnologias-en-la-guerra-reflexiones-sobre-el-conflicto-de-nagorno-karabaj/ https://14milimetros.com/nuevas-tecnologias-en-la-guerra-reflexiones-sobre-el-conflicto-de-nagorno-karabaj/#respond Mon, 07 Dec 2020 12:02:33 +0000 https://14milimetros.com/?p=3683 Esta breve reflexión y crítica surge después de la lectura y visualización de muy variados artículos y videos en los que aparecen reflejadas y plasmadas diversas partes del reciente conflicto entre la República de Artsaj (a todas luces Armenia)  y Azerbaiyán. Se enfoca especialmente en la campaña aérea realizada por los drones de Azerbaiyán.    […]

La entrada Nuevas tecnologías en la guerra: reflexiones sobre el conflicto de Nagorno-Karabaj. se publicó primero en 14 Milímetros.

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Esta breve reflexión y crítica surge después de la lectura y visualización de muy variados artículos y videos en los que aparecen reflejadas y plasmadas diversas partes del reciente conflicto entre la República de Artsaj (a todas luces Armenia)  y Azerbaiyán. Se enfoca especialmente en la campaña aérea realizada por los drones de Azerbaiyán


 

Uno de los máximos puntos de este conflicto es que hemos caído (con mucho retraso de tiempo, y unos países y sociedades han tardado más que otros) en que los drones han cambiado por completo los conflictos modernos. Los drones han demostrado ser efectivos con anterioridad en algunas guerras y en todos los casos. 

En esta guerra que enfrentó a la República de Artsaj con Azerbaiyán, los drones fueron muy efectivos. Esto es debido a que Armenia tenía una fuerza aérea totalmente inoperante además de sistemas de defensa antiaérea totalmente envejecidos y desfasados (AAA M-55 y Zu-23-2,  SPAAG ZSU-23/4, SAM SA-4, SA-7, SA-8, SA-9, S-125 y S-300PS/PT).

No obstante, hubo honrosas excepciones como los recientes, pero escasos, sistemas TOR-M2KM adquiridos a Rusia (de todas maneras estos sistemas pertenecían nominalmente al ejercito de Armenia y no al de la República de Artsaj). Hay que tener en cuenta muchos más factores. 

¿Cuántos drones puede gestionar un sistema de defensa antiaérea? Porque ese es el objetivo principal que hay que tener en consideración. En todo caso, se prefirió adquirir un número limitado de aparatos modernos y muy capaces (Sujói Su-30SM, posiblemente desarmados) en lugar de adquirir mejorados sistemas de defensa antiaérea (como los anteriormente mencionados Tor-M2KM o los Buk-M3, S-350 “Vityaz”…), lo que a todas luces resultó ser un error de envergadura. El mundo entero esta oscilando hacia una nueva generación de doctrina del combate aéreo, la cual ya no estaría protagonizada  por aviones de combate tripulados tal y como los conocemos, sino enjambres de drones y “Loyal Wingman” que asistirán en las funciones más arriesgadas a los pilotos de combate.

 

 

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Otro de los factores determinantes para la derrota de la República de Artsaj ha sido la baja o nula moral de sus soldados. A esto debemos añadir un paupérrimo entrenamiento de estas tropas, ya que claramente no estaban lo suficientemente entrenados para utilizar los recursos que tenían por escasos o limitados que estos fueran. Tal vez, esta sea una de las principales razones por las que los drones utilizados por Azerbaiyán (tanto de fabricación nacional, como israelí o turca) han demostrado ser tan efectivos. Este punto de inflexión (aunque ya se veía observando en varios escenarios como en Siria o Libia) ha hecho que el acceso y la posesión de tecnología de UAV/UCAV durante los próximos años sea primordial o la piedra angular de su defensa para muchos países. Este último escenario de conflicto resultó ser mucho más importante de lo esperado para el público y la comunidad internacional. Esto significa que los UAV/UCAV y munición merodeadora ya no se relegarán únicamente a cometidos ISR (reconocimiento), y algunas veces CAS (apoyo aéreo cercano). 

 

Los drones se mueven lentamente y son difíciles de derribar. Sin embargo esto se puede solventar mediante el empleo de tácticas de ataque de enjambre o incluso enviando señuelos (AN-2/FH-98) para descubrir estas defensas antiaéreas ocultas y destruirlas mediante el empleo de micro municiones (MAM-C/L) lanzadas por UCAV (Bayraktar – TB2) a distancia de seguridad o por los llamados drones “Kamikaze” o municiones merodeadoras como los IAI Harpy, Harop o los Aereonautics Defense Orbiter.-1K o “Zerbe”, así como las versiones 2 y 3 del Orbiter producidas localmente en Azerbaiyán por Azad Systems. Estas son algunas de las ventajas y puntos fuertes del empleo masivo de drones en combate o también llamadas como “Guerras de Drones”:

 

  • Son relativamente baratos, fáciles de operar y mantener. 

 

  • Debido a su forma y materiales de construcción, últimamente los drones son más sigilosos que los aviones de combate.

 

  • Los drones con el equipo de interferencia adecuado pueden interrumpir la comunicación del enemigo.

 

  • Los drones pueden ayudar en la guía (FAC) de los ataques de artillería y que estos se tornen mucho más precisos. Los Bayraktar TB-2 azeríes (se sospecha que fueron durante toda la campaña operados por técnicos y asesores turcos) sirvieron para iluminar blancos para la artillería y sistemas lanzacohetes azeríes.

 

  • Los drones con el software de inteligencia artificial adecuado pueden eliminar fácilmente objetivos de gran valor ocultos por el enemigo. Es decir, eliminar toda la esencia del arte del engaño ya sea mediante el camuflaje o mediante el empleo de señuelos avanzados.

 

  • Los drones diseñados para eliminar las defensas aéreas son muy efectivos debido a sus diseños más pequeños y sigilosos.

 

  • Los drones pueden aprovechar al máximo la orografía del terreno para esconderse y aproximarse al objetivo de forma letal.

 

  • Los drones han sido utilizados para desarrollar y promocionar el sistema de propaganda militar para consumo interno y externo de Azerbaiyán. En este punto es destacable la cantidad masiva de producto propagandístico que se ha obtenido extrayendo imágenes de las cámaras y sensores que llevaban instalados los drones utilizados en este conflicto.

 

Este conflicto ha demostrado cómo superando el empleo de este tipo de aparatos (drones) solamente en las operaciones contra insurgencia o COIN, también son totalmente recomendables si tu enemigo es mucho más desorganizado, débil o sí simplemente el mismo carece de buena fuerza aérea o antiaérea y radares. Dentro de estos parámetros, los drones se convierten en un total “Game Changer”, y probablemente no otorguen la victoria directamente al país que los opere masivamente sobre el terreno de conflicto, pero si logrará ablandar en consideración la resistividad y moral de las tropas enemigas creando una especie de “terror psicológico” entre las tropas adversarias muy parecido al que sufrieron las tropas aliadas cuando vieron aparecer sobre los cielos de Europa a los famosos Ju-87 “Stuka” alemanes cuando picaban y hacían sonar sus famosas “Trompetas de Jericó”; provocando con ello la desesperación de los soldados adversarios en tierra y el caos en sus líneas de frente y abastecimiento. 

Sin embargo, hay que hacer hincapié y recordar que en la actualidad todavía se necesita al infante o soldado para asegurar y controlar las posiciones arrebatadas al enemigo, en otras palabras hace falta sí o sí lo que en terminología militar se denomina “poner botas en el terreno” para tomar al asalto las posiciones enemigas y asegurar/consolidar la zona tomada al adversario.

 

 

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Apuntes sobre las elecciones legislativas venezolanas https://14milimetros.com/apuntes-sobre-las-elecciones-legislativas-venezolanas/ https://14milimetros.com/apuntes-sobre-las-elecciones-legislativas-venezolanas/#respond Sun, 06 Dec 2020 00:56:32 +0000 https://14milimetros.com/?p=3680 En un contexto de pandemia y con un complejo escenario político y económico, este 6 de diciembre se celebran elecciones legislativas en Venezuela para elegir a los 277 parlamentarios para el periodo 2021-2026.    Al contrario de lo que ocurrió en 2015, donde una gran parte de la oposición reunida en la coalición Mesa de […]

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En un contexto de pandemia y con un complejo escenario político y económico, este 6 de diciembre se celebran elecciones legislativas en Venezuela para elegir a los 277 parlamentarios para el periodo 2021-2026. 


 

Al contrario de lo que ocurrió en 2015, donde una gran parte de la oposición reunida en la coalición Mesa de Unidad Democrática (MUD) obtuvo la mayoría de puestos en la Asamblea Nacional, formándose así una plataforma de contrapeso con el ejecutivo liderado por Nicolás Maduro -quien tuvo que formar una Asamblea Constituyente para atajar el bloqueo político que ejercía la oposición-, esta vez parece que el oficialismo tiene todas las de ganar. 

Esto se debe a que la oposición esta debilitada y fragmentada por los acontecimientos ocurridos en las ultimas semanas. Todavía un considerable número de partidos siguen los dictados de Juan Guaidó, quien aboga por no participar en los comicios, al considerar que participar significaría dar una legitimación por parte de la oposición al gobierno de Maduro. Por ello, la Asamblea Nacional controlada por la oposición ha convocado una consulta popular entre el 5 y el 12 de diciembre para preguntar a la ciudadanía sobre la aprobación o no de la votación del 6 de diciembre y sobre la utilización de la presión internacional para deponer a Maduro.  

Esta opción puede tener resultados beneficiosos o negativos para la oposición, dependiendo de la participación y los resultados, ya que boicotear las elecciones implicaría quedarse fuera del parlamento, repitiendo el mismo error que cometió la oposición en 2005, cuando esta misma estrategia significo la inexistencia de un contrapeso institucional al chavismo durante años.

 

 

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Otro elemento que trastoca la unidad que había mostrado en el pasado la oposición son las conversaciones entre el gobierno de Maduro y una parte de la oposición representada por Henrique Capriles; lo que devino en la liberación por parte del gobierno de más de 100 presos políticos y diputados, el compromiso de Capriles de participar en las elecciones y la invitación de altos funcionarios de la ONU y UE como observadores del proceso electoral. Aunque más tarde Capriles se haya desligado de las elecciones del 6 diciembre y haya abogado por una postergación de las elecciones por consideradas fraudulentas (siguiendo la postura de la UE), su ataque a Guaidó, muestra que en la oposición se presentan liderazgos y estrategias incompatibles que debilitan su poder político. 

Por otra parte, nos encontramos con la oposición “domesticada”, representada por partidos de izquierda como Bandera Roja (BR) o Patria Para Todos (PPT), que antes eran aliados del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Estos partidos, han intentado participar en los comicios desligándose del partido oficial, organizándose en coaliciones como Alternativa Popular Revolucionario (APR) mostrando su desacuerdo con la gestión del gobierno de Maduro. El gobierno no permitió disidencia dentro de sus partidos “amigos” y el Tribunal Supremo de Justicia ha ido interviniendo la gran mayoría de los partidos siendo controlados por antiguos militantes elegidos por el Supremo. 

De todos estos movimientos, parece que la que sale ganando es la posición oficialista, que ha logrado debilitar a la oposición, mostrar su mejor cara en el panorama internacional con la liberación de presos, y el acercamiento a una parte de la oposición que cuenta con el apoyo de parte de la comunidad internacional. Por el contrario, parece cada vez más claro que la opción de Guaidó ha tocado fondo. La estrategia abstencionista primero, y el anuncio en octubre de una Consulta Popular para intentar hacer frente al gobierno, son muestras claras de que el líder de la oposición venezolana ha entrado en un callejón sin salida, mientras que sus apoyos internacionales se van esfumando en favor a otros candidatos. 

Con una recesión ya de 7 años donde se ha destruido cerca del 75% del Producto Interior Bruto (PIB), y con más de tres años de hiperinflación que se ceba con la población, Venezuela se enfrenta a unas elecciones en las que la gran mayoría de la población es consciente de los resultados; pero no de las consecuencias. 

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El terrorismo global en datos https://14milimetros.com/el-terrorismo-global-en-datos/ https://14milimetros.com/el-terrorismo-global-en-datos/#respond Wed, 25 Nov 2020 14:05:06 +0000 https://14milimetros.com/?p=3647 El artículo se ha hecho posible gracias al ‘Global Terrorism Index 2020’ publicado por el ‘Instituto para la economía y la paz’ que recopila todos los datos de 2019.   Por quinto año consecutivo el número de muertes provocadas por atentados terroristas ha disminuido un 59% desde 2014, aun cuando la cifra se mantiene elevada […]

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El artículo se ha hecho posible gracias al ‘Global Terrorism Index 2020’ publicado por el ‘Instituto para la economía y la paz’ que recopila todos los datos de 2019.


 

Por quinto año consecutivo el número de muertes provocadas por atentados terroristas ha disminuido un 59% desde 2014, aun cuando la cifra se mantiene elevada con 13.826 muertos. De hecho, a pesar de la disminución en el número de víctimas mortales de atentados terroristas a nivel global, en Burkina Faso, Sri Lanka, Mozambique, República Democrática del Congo, Mali, Yemen, Níger, Camerún, Nueva Zelanda y Etiopía aumentaron el número de víctimas mortales por terrorismo en 2019 respecto a 2018.


La reducción de asesinatos se debe también a una reducción en el impacto del terrorismo global, la reducción de la violencia en conflictos armados en Oriente Medio y un declive del Estado Islámico que ha perdido su autoproclamado califato. Y es que 2019 ha sido el año en el que menos países han sufrido atentados terroristas desde 2013. La actividad terrorista se concentra en regiones concretas, siendo el 41% de todas las operaciones de ISIS y grupos afiliados en 2019, en el África Subsahariana.

Los diez países más afectados por el terrorismo son: Afganistán, Irak, Nigeria, Siria, Somalia, Yemen, Pakistán, India, RD del Congo y Filipinas.

De los 78 atentados que ha cometido el Estado Islámico en occidente entre 2014 y 2019, solo 1 se ha cometido en el último año. Es una cifra sin embargo, que en 2020 vuelve a crecer.

En occidente, mientras el terrorismo de carácter yihadista disminuye, el de extrema derecha ha aumentado; pasando de 1 atentado en 2010 a 49 en 2019. De las 89 muertes que ha provocado el terrorismo derechista, 51 se concentran en un único atentado: contra la mezquita al-Noor en Christchurch (Nueva Zelanda), perpetrado por alias Brenton Tarrant; lobo solitario sin afiliación a ninguna organización concreta.

Los grupos más sangrientos a nivel global siguen siendo los Talibán, Boko Haram, Estado Islámico y al-Shabaab. Tal es así que los diez atentados más letales de 2019 fueron:

 

  • Sri Lanka (múltiples localizaciones), 21/4/2019

Estado Islámico, 266 muertos

 

  • Mali (Ogossogou y Welingara), 23/3/2019

Dan Na Ambassagou (milicia étnica Dogon), 157 muertos

 

  • Afganistán (Maydan Sahr), 21/1/2019

Talibán, 129 muertos

 

  • Camerún (Darak), 9/6/2019

Boko Haram, 101 muertos

 

  • Afganistán (Kabul), 17/8/2019

Estado Islámico de Jorasán, 93 muertos

 

Les siguen Mogadiscio (Somalia) con 84 muertos, Jawdara (Afganistán) con 74, Badu (Nigeria) con 70, Shakar Shili y Majid Chawk (Afganistán) con 65 y Rann (Nigeria) con 60.

 

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Exceptuando la matanza étnica de Ogossogou y Welingara, el atentado anti-musulmán de Nueva Zelanda es el ataque más letal (posición 13 a nivel mundial) que no tiene una inspiración islamista/yihadista. De los 20 atentados más mortales de todo 2019, 17 fueron perpetrados por grupos de corte salafista-yihadista: ISIS y sus diferentes grupos afiliados, JNIM, Boko Haram, Talibán y Jaish -e-Mohammad.

 

Mientras que a nivel global la mayoría de ataques terroristas consisten en bombas y asaltos armados, en Norteamérica destacan el ataque a infraestructuras y en Centroamérica y el Caribe los secuestros y el asesinato selectivo.

En la última década Oriente Medio y el Norte de África ha perdido 69.953 personas asesinadas por ataques terroristas, el Sudesde Asiático 57.524, el África Subsahariana 44.615 y el resto del mundo 9.968. En occidente Francia suma la mitad de todas las víctimas provocadas por atentados terroristas del Estado Islámico (+250 muertos).

Los países que más han sufrido el terrorismo en 2019 han sido Afganistán, Nigeria, Burkina Faso, Mali y Somalia; Afganistán superando el número de muertos totales del resto del mundo (aun teniendo 1.654 víctimas menos que el año anterior, 2018).

A nivel económico, el impacto del terrorismo en 2019 ha sido de más de 26.000 millones de dólares; casi 9.000 millones menos que en 2018. Aun así, el terrorismo le cuesta a Afganistán el 16,7% de todo su PIB, seguido de Siria (3,4%) y Nigeria (2,4%)

 

 


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Dios por encima de todos https://14milimetros.com/dios-por-encima-de-todos/ https://14milimetros.com/dios-por-encima-de-todos/#comments Mon, 23 Nov 2020 00:17:48 +0000 https://14milimetros.com/?p=3573 “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos” fue el lema del actual presidente brasileño Jair Messias Bolsonaro para las elecciones presidenciales del 2018.   Las referencias a Dios y los pasajes bíblicos están siendo muy habituales en los discursos de una gran parte de la clase política latinoamericana, lo cual revela la […]

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“Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos” fue el lema del actual presidente brasileño Jair Messias Bolsonaro para las elecciones presidenciales del 2018.


 

Las referencias a Dios y los pasajes bíblicos están siendo muy habituales en los discursos de una gran parte de la clase política latinoamericana, lo cual revela la influencia política y social que tienen las iglesias evangélicas en gran parte de los países ibearoamericanos; principalmente en su vertiente pentecostal y neopentecostal. Esta situación llega hasta tal punto que no podemos entender la caída de Evo Morales en Bolivia, o la victoria de Bolsonaro en Brasil, sin tener en cuenta el componente evangélico. 

¿Pero quiénes son realmente los evangélicos? ¿A qué se debe su auge? ¿Dónde se encuentra su apoyo social? La presencia de los evangélicos en la vida política de Iberoamérica no es un acontecimiento nuevo en la región. Durante finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, las iglesias evangélicas se implicaron en la lucha por la libertad de conciencia del individuo y por realizar una efectiva separación de la Iglesia católica respecto del Estado. El desarrollo (limitado) de las ciudades y de la industria provocó una ruptura con la tradicional cosmovisión católica heredada de la Colonia, haciendo que muchos encontraran en otros ámbitos, como las iglesias evangélicas tradicionales, una nueva cosmovisión centrada en el desarrollo de la razón y el individuo. Estas iglesias abogaban por espacios sociales, políticos y culturales que permitieran al individuo desarrollarse, no sólo desde un punto de vista espiritual y religioso, sino también desde una perspectiva económica y social. Por ello, durante aquellos años, la presencia evangélica en el terreno político podría definirse como “progresista”, enmarcado dentro de un contexto mayor: la clásica polarización política del siglo XIX entre liberales y conservadores. 

 

 

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Con el desarrollo de la industrialización durante la segunda mitad del siglo pasado, la migración del campo a las urbes aumentó, y con ello la clase media en la gran mayoría de países latinoamericanos. Al igual que en la etapa anterior, estas nuevas capas sociales buscaban un nuevo marco descriptivo que diera sentido a los cambios que estaban ocurriendo en sus vidas, por lo que las iglesias evangélicas se multiplicaron, pero con un cambio relevante: se pasa del auge de las iglesias evangélicas tradicionales (bautistas, metodistas, mormones etc.), hacia otras nuevas, como son las de carácter pentecostal. En estas nuevas iglesias se pasa de una visión basada en el desarrollo individual, a un cosmos centrado en la disciplina, la obediencia y el orden de los feligreses, mezclada con una espiritualidad festiva que se manifiesta en cultos extáticos (danzas, curaciones milagrosas, cantos, apariciones etc.) y la formación de un “nuevo contrato” entre los seres humanos y Dios mediante la llamada teología de la prosperidad. Estos nuevos espacios y valores contribuyeron a que muchos de los nuevos feligreses se integrasen plenamente en el mundo laboral urbano, a la vez que promovían una postura de desinterés hacia la política. En consecuencia, durante esta etapa encontramos una postura de “obediencia” hacia las autoridades, desde un contexto de pasividad política. Aunque existieron ciertos casos paradigmáticos de signo contrario donde lo evangélico, ya fuere a través de grupos ya fuere por la utilización de simbología religiosa, se interpuso a la situación política nacional; acabando en algún caso con gobiernos democráticos legítimos. Chile es el ejemplo de ello, ya que el 11 de septiembre de 1973, el mismo día del golpe militar perpetrado por Augusto Pinochet contra Salvador Allende, la Iglesia metodista chilena entregó mediante una carta a la nueva Junta Militar, su respaldo y un aporte económico simbólico para la reconstrucción nacional. 

Pero no es hasta finales del siglo XX cuando vemos un aumento exponencial de las Iglesias evangélicas, lo cual estaría relacionado con los cambios económicos y sociales acaecidos durante la década de los 80. 

Lo primero que se debe de mencionar es que las iglesias evangélicas sufren una serie de transformaciones en su lugar de origen: Estados Unidos. Desde comienzos de la década de 1970 se van observando ciertas voces muy preocupadas con la “rebelión” contracultural de finales de la década de los 60, la cual aspiraba a una forma de vida nueva, alejada de los códigos y conductas de la sociedad norteamericana, tales como la familia tradicional (heterosexual, nuclear y patriarcal), el consumismo o ciertos valores del cristianismo. Además de eso, la agudización del debate político debido a las protestas de grupos pro derechos de los afroamericanos, los homosexuales y las mujeres, provocó una reacción de ciertos sectores religiosos conservadores (anteriormente reacios a participar en política) que comenzaron a formar grupos de presión política bajo el paraguas de grandes plataformas como Moral Majority (Mayoría Moral) o Focus on the Family (Enfoque a la Familia), quienes fueron a su vez los difusores de las ideas de la “Nueva Derecha Cristiana” norteamericana. Este cambio ocurrido a finales de los 70 provocó que por primera vez, las iglesias evangélicas tomaran parte directamente en la política; como fuerza de presión para acabar con lo que calificaban como “una crisis espiritual” que podría acabar con el “consenso moral” que permite la estabilidad social y política. Ya desde su fundación, las organizaciones asociadas a la nueva derecha cristiana promovieron su discurso en América Latina, mediante nuevos actos de proselitismo como la difusión televisiva mediante telepredicadores, o populares programas de radio, como es el caso de “Enfoque a la Familia”; desde donde se distribuía cada semana un programa de radio a más de 1200 emisoras en toda Latinoamérica.

 

 

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Un segundo elemento que propicia esta expansión es la crisis económica de 1982 denominada como la “década perdida”, que tuvo una serie de consecuencias devastadoras en términos económicos y sociales. Por último, la llegada de la democracia a varios de los países del continente; la cual abría un espacio de debate político antes inexistente. 

La crisis económica del 82 fue consecuencia de los cambios acaecidos en el entorno económico internacional, y sobre todo en Estados Unidos, por la puesta en marcha de las medidas denominadas como “Reaganomics” por el entonces presidente Ronald Reagan (1981-1989). La apreciación del dólar y el aumento del déficit público norteamericano ocasionaron una década perdida en términos de crecimiento económico, provocando un aumento de la pobreza y una pérdida de poder adquisitivo de la clase media. En este contexto de crisis, hubo recortes en el gasto público, muchas grandes empresas públicas fueron privatizadas, y el desempleo aumentó de forma vertiginosa, haciendo que muchas personas tuvieran que pasarse a sectores informales en la gran mayoría de países de Latinoamérica. La inestabilidad económica, laboral y social afectó a un gran número de familias que vieron en las iglesias evangélicas una institución donde apoyarse. Ciertamente, la influencia evangélica durante estos años aumentó sobre todo en los barrios populares, debido a su gran labor social, con la cual se suplía la ausencia de ayudas y programas sociales que antes proporcionaban el estado o la Iglesia católica; convirtiendo así a las iglesias y pastores locales en instituciones de gran importancia y valor para los más necesitados. Las labores sociales realizadas por los evangélicos tuvieron muchas vertientes: desde la creación de guarderías, hasta ayudas para la búsqueda de trabajo. A día de hoy, en países con altas tasa de criminalidad como Brasil, la conversión de los jóvenes a alguna iglesia evangélica es considerado como la alternativa más segura para escapar de las garras de organizaciones delictivas dedicadas al narcotráfico. 

 

 

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A la situación de inestabilidad económica, le añadimos las consecuencias de la llegada de la democracia. La formación de estados democráticos en Iberoamérica, trajo consigo leyes y políticas que producían grandes transformaciones en el ámbito familiar tradicional. Así pues, desde 1970 hasta los 2000, los divorcios se incrementaron un 170%, las personas en unión libre también aumentaron, y es también cuando comienzan a aparecer las reivindicaciones de los derechos reproductivos y de diversidad sexual en las agendas legislativas. Todos estos cambios chocaron con la mentalidad tradicional y conservadora de una parte de la sociedad, la cual encontró en los evangélicos una vía dónde representar sus ideales de una manera más deseada. A todo esto, se le debe añadir la pérdida de credibilidad política de la mayoría de partidos tradicionales debido a los amplios casos de corrupción y de abuso de poder, los cuales siempre han sido denunciados vehementemente por varios pastores evangélicos. 

Las iglesias evangélicas cuentan con una serie de características internas que ayudan a entender su expansión más allá de los factores de cambio social, político y económico. Las dos características principales son: la facilidad de nombrar pastores y la existencia de una extensa red de medios de comunicación. Al contrario que en la Iglesia católica, en las iglesias evangélicas los pastores pueden casarse, y no necesitan los mismos requisitos educacionales. Además, la mayoría de iglesias evangélicas cuentan con una inmensa cantidad de emisoras de radio, programas de televisión (la gran mayoría de ámbito comunitario) y una fuerte presencia en las redes sociales que hace más fácil su inmersión en las capas más desfavorecidas de la sociedad. 

Todo lo expuesto hasta el momento, trata de explicar el crecimiento de estas iglesias, pero no explican del todo el motivo de su movilización política. 

Al igual que ocurrió en la década de los 70 en Estados Unidos, los cambios sociales y la crisis económica fueron vistos por los evangélicos como un ataque directo a sus valores y creencias. La homosexualidad, el aborto y el feminismo se metieron en el saco de la “ideología de género”, entendiéndolos así como causantes de los grandes males de la sociedad, tales como la violencia de género, el narcotráfico, la drogadicción o la inestabilidad social y política. Así, se formó en torno a las iglesias evangélicas una agenda moral -basada en la defensa de los valores tradicionales de la familia- que se convierte en el principal móvil de acción política. Pero salvo en lo que atañe a la defensa de la familia y los valores cristianos, las propuestas políticas suelen limitarse más al rechazo de ciertos proyectos legislativos, que al apoyo a una propuesta concreta. Asimismo, hasta ahora, los pastores evangélicos, sus portavoces y sus defensores en los medios de comunicación, no tienen una posición concreta sobre ciertas cuestiones centrales de la política como pueden ser las relaciones internacionales o la economía. Sin embargo, es indudable que esta política de rechazo demostrado hacia la mal llamada ideología de género ha sido el catalizador principal de las movilizaciones de los evangélicos, gracias al cual han conseguido que sus actos y movilizaciones hayan recibido el apoyo de otra serie de actores como pueden ser parte de la jerarquía católica y sectores conservadores de la sociedad.  

 

 

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Otra de las características principales de la acción política de los evangélicos es que no mantienen un patrón común regional. Mientras que en algunos países se movilizan para evitar la promulgación de ciertas leyes contrarias a sus creencias (como ocurrió en Argentina en 2018 con la votación de la ley del aborto), en otros forman grupos de presión política, y en ciertos casos forman partidos políticos con intenciones de alcanzar la presidencia. Esta variedad de estrategias de movilización se debe a la existencia de una cierta pluralidad política entre las distintas iglesias; ya que aunque todas las iglesias evangélicas compartan una agenda moral, la existencia de una gran cantidad de iglesias y pastores hace que cada pastor o líder evangélico tenga una cierta independencia de opinión acerca de ciertos temas políticos. Por último, destacar que los evangélicos son muy disciplinados a la hora de votar, y siempre tienen en cuenta la recomendación de los pastores, por lo que tener el apoyo de cierto pastor o líder evangélico puede llegar a ser decisivo en determinados contextos de votación. 

En la actualidad, las personas pertenecientes a alguna congregación evangelista representan más del 20% de la población iberoamericana (en algunos países centroamericanos llegan a representar más del 40%). Su gran numero y la disciplina a la hora de votar, hacen que el voto de los evangélicos sea un bien preciado para la gran mayoría de los candidatos. Da igual la identidad política o el espectro ideológico al que pertenecen; todos buscan el apoyo de los evangélicos mediante el acercamiento, aunque sea en el discurso, a los valores e ideales que estos defienden. Una buena prueba de la importancia del apoyo evangélico en las elecciones presidenciales la podemos encontrar en México, donde el actual presidente, Andrés Manuel López Obrador, pasó en menos de 6 meses de decir que nunca se iba a vincular con el partido evangélico Encuentro Social, a proponer, el mismo día que fue respaldado por este partido, una “Constitución moral” para el país. 

Esta dependencia de algunos líderes políticos hacia los evangélicos, es el principal temor de una gran parte de la sociedad latinoamericana. Y es que puede llegar el caso de que los líderes que han conseguido llegar a la presidencia gracias al apoyo de los evangélicos, aprueben políticas públicas que en la práctica supongan un retroceso en las conquistas sociales de minorías étnicas o la discriminación de miembros de otros credos religiosos. En Bolivia por ejemplo, está el caso de Jeanine Áñez, ex-presidenta interina conocida por considerar la religiosidad indígena como satánica y pagana. O el caso brasileño, donde varios analistas perciben una sensación de intolerancia religiosa por parte de algunos grupos evangélicos hacia las religiones de raíz africana como el Camdoblé. 

 

 

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No contentos con la influencia que ejercen en la política, en el último lustro se está observando una preocupante paramilitarización de varios grupos evangélicos -como los Gladiadores de Cristo– pertenecientes a la Iglesia Universal del Reino de Dios; iglesia que dio su apoyo incondicional a la candidatura de Bolsonaro en 2018. Esto implica que algunos fieles, además de estar aprendiendo el dogma de sus respectivas iglesias, están obteniendo también una formación militar para luchar como “verdaderos soldados de Cristo”. Si bien este no es un fenómeno nuevo en Latinoamérica (como lo demuestra por ejemplo la fundación de El Sodalicio en el Perú de los setenta), sí que es un fenómeno que merece ser vigilado, ya que ¿qué pasaría si en algún momento estas iglesias decidiesen pasar de los votos a la acción directa para conseguir sus objetivos políticos?Varios analistas creen que el fenómeno evangelista está provocando una vuelta a la clásica polarización política latinoamericana del siglo XIX entre anticlericales y conservadores, el cual se dejó notar hasta bien entrado el siglo XX. 

En cualquier caso, no se puede negar el rápido crecimiento que están teniendo las iglesias evangélicas, y de que su discurso político ha provocado un aumento de la tensión política allá donde están presentes. Es una lucha maniquea entre rojo y azul que no permite matices, por lo que excluye cualquier intento de negociación o pragmatismo. Este discurso maniqueista con tintes de populismo, está reforzando postulados conservadores haciendo retroceder a la izquierda política. A su vez, si continúa el aumento exponencial de los fieles y la influencia de las iglesias evangélicas, no sería descartable un escenario político donde se debilitaría la separación entre el Estado y la iglesia, solo que esta vez, el lugar que antiguamente ocupaba la alta jerarquía católica, quedaría ocupado por nuevos actores religiosos. La historia enseña que la línea que separa el poder terrenal del poder divino es difusa y poco clara, y que jugar con ella puede conllevar a crear situaciones de extrema tensión política que desemboquen en un conflicto de difícil solución.  

 

 


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Alto Karabaj 2020: vencedores y vencidos, causas y consecuencias. https://14milimetros.com/alto-karabaj-2020-vencedores-y-vencidos-causas-y-consecuencias/ https://14milimetros.com/alto-karabaj-2020-vencedores-y-vencidos-causas-y-consecuencias/#respond Tue, 17 Nov 2020 19:37:23 +0000 https://14milimetros.com/?p=3580  El conflicto armado del 2020 en el Alto Karabaj ha llegado a su fin, por el momento. El acuerdo que ha puesto un punto y aparte conlleva una serie de cambios territoriales que revierten en gran medida el resultado de la contienda de los 90. No obstante, muchos no parecen ponerse de acuerdo con el […]

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 El conflicto armado del 2020 en el Alto Karabaj ha llegado a su fin, por el momento. El acuerdo que ha puesto un punto y aparte conlleva una serie de cambios territoriales que revierten en gran medida el resultado de la contienda de los 90. No obstante, muchos no parecen ponerse de acuerdo con el alcance, las consecuencias y el tamaño de la derrota o victoria, según el contendiente. Múltiples analistas de todas las esferas y ámbitos ideológicos están divididos. Es cierto que Armenia es la gran derrotada, pero, ¿en qué medida afecta el resultado de esta contienda a Turquía, Azerbaiyán y sobre todo a Rusia?


El origen del conflicto entre azeríes y armenios ha sido explicado a grandes rasgos por diversos medios, por tanto, se recomienda la lectura previa del artículo publicado en julio en caso de no estar familiarizado con el tema. El conflicto de 2020 por el Alto Karabaj se caracteriza por haber sido relativamente rápido e intenso, con muchas bajas en ambos bandos. A su vez, ha sido un conflicto retransmitido a golpe de misil, debido al gran uso de drones por parte del bando azerí y la perfecta capacidad que tenían estos para grabar la destrucción y pérdidas de material y vidas humanas que ocasionaban en el bando armenio. La presencia de yihadistas en el bando azerí, al principio meros rumores, se tornó en realidad, aunque más allá de su empleo como carne de cañón, es evidente que éstos no han sido los que alteraron la balanza de la contienda. Ésta balanza ya estaba en contra de los armenios desde el principio, Azerbaiyán triplica el PIB armenio y gasta cinco veces más en defensa que ésta. Diversos factores internos (mala gestión de las FF.AA durante los años previos a la época Pashinian, corrupción, dejadez etc.) en Armenia también favorecieron su derrota o, al menos, su debilidad previa al conflicto. Todo esto, ya se ha analizado en gran medida y será familiar para aquellos que han seguido los enfrentamientos de manera regular. Resumiendo, los armenios han combatido durante 44 días en una guerra que estaba perdida desde el principio a menos que interviniese por la fuerza una potencia o la comunidad internacional, potencialmente escalando el conflicto. 

Antes de continuar, conviene consultar el acuerdo alcanzado el 9 de noviembre entre Armenia, Rusia y Azerbaiyán, directo resultado de la situación sobre el terreno:

  • Se acuerda un alto el fuego completo y el cese de todas las hostilidades en el Alto-Karabaj. Las fuerzas tanto de Armenia como de Azerbaiyán se detienen en sus posiciones.
  • Armenia debe devolver Agdam a Azerbaiyán antes del 20 de noviembre de 2020.
  • Un contingente de fuerzas de paz de Rusia se desplegará a lo largo de la línea de contacto en el Alto Karabaj y a lo largo del corredor de Lachin (5 km de ancho y que une el Alto Karabaj con Armenia).
  • Las fuerzas de paz rusas permanecerán en la región durante 5 años, con posibilidad a una prórroga automática de otros 5. Todo esto si ninguna de las partes declara, 6 meses antes del vencimiento del periodo la intención de finalizar la aplicación de la disposición. 
  • Se establecerá un centro de mantenimiento de la paz para controlar el cumplimiento del alto el fuego. 
  • Armenia devolverá la región de Kelbajar a Azerbaiyán antes del 15 de noviembre de 2020 (plazo extendido al 25 de noviembre) y la región de Lachin antes del 1 de diciembre de 2020. El corredor de Lachin estará bajo el control de las fuerzas de paz de Rusia. 
  • Durante los próximos tres años se iniciará un plan para construir una nueva ruda a lo largo del corredor de Lachin que una el Karabaj con Armenia. Ésta ruta estará supervisada también los las fuerzas de paz rusas. 
  • Armenia garantiza el flujo y tránsito de personas, vehículos y mercancías por el corredor de Lachin. 
  • La Oficina del Alto Comisionado de NN.UU para los Refugiados controlará que los desplazados internos y refugiados regresan al Alto Karabaj y áreas adyacentes. 
  • Intercambio de prisioneros, rehenes, heridos y cadáveres de combatientes. 
  • Armenia garantizará el desbloqueo de los enlaces de transporte y económicos en la región. A su vez, Armenia permitirá la conexión entre las recién adquiridas regiones occidentales de Azerbaiyán con el exclave azerí de Najicheván. El Servicio de Fronteras del FSB ruso supervisará ésta conexión. Armenia también facilitará la construcción de una nueva ruta de transporte entre las regiones que adquiere Azerbaiyán y el exclave.

 

El primer mapa representa la situación al momento de estallar el conflicto el 27 de septiembre. Pero el que nos interesa es el segundo, que explica, de forma más o menos sencilla, los cambios a raíz del conflicto. Siguiendo la leyenda de la parte inferior, en franjas amarillas-verdes está marcado el territorio bajo control militar azerí al momento de firmarse el acuerdo tripartito Armenia-Rusia-Azerbaiyán. Los azeríes consiguieron capturar la ciudad de Shushi y situarse prácticamente a las puertas de Stepanakert, lo cual es un enorme golpe moral para Armenia. En amarillo está señalado el territorio que se debe ceder a Azerbaiyán el 15 de noviembre, 20 de noviembre y 1 de diciembre, como se ha explicado anteriormente. En naranja está representado el territorio original (salvo lo perdido) del Alto Karabaj que se libra de la ocupación y en el que se desplegarán parte de las fuerzas de paz rusas. Con el contorno rojo se señala el territorio que comprendía el Alto Karabaj al comienzo del conflicto. Hay que recordar que prácticamente la totalidad de lo que recupera Azerbaiyán son los territorios (azeríes según el derecho internacional) adyacentes al Alto Karabaj, ocupados por Armenia durante la guerra de los 90 y de los que se expulsó a la población azerí, al igual que en su día los azeríes expulsaron a los armenios. De ésta forma, Azerbaiyán acaba con las zonas tapón que creó Armenia. El Alto Karabaj queda unido a Armenia por el corredor de Lachin, señalado con la línea azul superior y controlado por el servicio de fronteras del FSB, pero se deberá construir uno nuevo, como ya se ha mencionado. Pese a esto, la supervivencia económico-política del Alto Karabaj se vuelve casi inviable. La línea azul inferior representa el corredor que unirá el exclave de Najicheván con el territorio azerí recién adquirido, que obviamente pasará a través de territorio armenio. 

 

A raíz del acuerdo ha habido múltiples análisis. Artículos procedentes de rusófilos, rusófobos, izquierda, derecha, nacionalistas, neoeurasianistas, en resumen, para todos los gustos. Algunos artículos evidencian muchas emociones crudas y declaraciones hiperbólicas, pero, en general, pocos argumentos perspicaces. A pesar de haber una amalgama de comentarios procedentes de distintas visiones, a grandes rasgos hay dos corrientes de pensamiento mayoritarias que se van a resumir brevemente.

Corriente 1:

Vencedores: Azerbaiyán y Turquía.

Derrotados: Armenia y Rusia. 

Armenia es obviamente la parte derrotada, no hay forma de argumentar lo contrario. Junto con las pérdidas territoriales, las humanas y de material, la situación es digna de un desastre nacional a gran escala. A pesar de que el país intentó desplegar una campaña mediática a su favor, pocas voces se han pronunciado a su favor. La abrumadora mayoría de los estados han llamado a ambas partes a frenar el conflicto, a pesar de haberse producido tímidas declaraciones escoradas en favor de Armenia desde Francia o Grecia, entre otros, no ha habido nada decisivo. Los defensores de ésta corriente de opinión han adoptado una postura marcadamente favorable y, en general, bastante idealizada de Armenia. Han sido muy críticos con la “traición” de Rusia y han denunciado, con razón, la presencia de yihadistas en el terreno, además de los roles de Azerbaiyán y Turquía. Si bien Armenia forma parte del OTSC, Rusia no ha respondido a la agresión azerí. Es cierto que oficialmente Rusia (ni ningún otro estado) reconocían el Alto Karabaj y el territorio adyacente como armenio, por ende, no tenían obligación de actuar.

Este detalle ha importado poco o ha sido minimizado, arguyendo que Azerbaiyán y Turquía estaban cimentando su poder en el Cáucaso, una zona en la que se espera que Rusia proyecte su poder y lo defienda. Se ha afirmado que el envío de fuerzas de paz rusas no representa en absoluto una victoria para dicho país, sino todo lo contrario. Permaneciendo inmóvil y mediando tímidamente entre ambos bandos (con un alto el fuego que fracasó en octubre) Rusia ha dañado su influencia y prestigio en la región, evidenciando una clara debilidad. El último día del conflicto incluso se llegó a derribar un helicóptero militar ruso por parte de Azerbaiyán. Rusia se conformó con las disculpas azeríes aun cuando dos de sus militares perdieron la vida. 

Azerbaiyán y Turquía ven como su influencia y su poder crece en el “patio trasero” ruso. Ahora hay otros actores que pueden alterar por su cuenta las fronteras postsoviéticas, ya han actuado una vez sin muchas consecuencias y podrán volver a hacerlo, ya pueden hablar al gigante ruso en otro tono. Si bien Rusia forma parte del acuerdo tripartito y ha mantenido a Turquía relativamente lejos de éste, Turquía ha conseguido forzar un formato fuera de la OSCE Minsk, que tanto criticó en su día. También consigue conectar con Azerbaiyán a través del corredor que unirá Najicheván con el resto del territorio azerí, significando esto vía libre para la expansión del panturquismo hacia Asia Central y sus ricos recursos. 

En resumen, se trata de un gran desastre geopolítico no solo para Armenia, sino también para Rusia y para una comunidad internacional que muestra poco o ningún interés. 

Corriente 2:

Vencedores: Azerbaiyán y Rusia.

Victoria parcial: Turquía.

Derrotados: Armenia.

La segunda corriente de opinión que nos concierne destaca por tener una postura más crítica y menos idealizada de Armenia. A su vez, está más interesada en ahondar en las causas de su derrota, que mucho tiene que ver con los problemas internos de los armenios. Durante el conflicto de los 90, Armenia ya estaba en inferioridad numérica frente a Azerbaiyán, pero el mal desempeño de éstos últimos les condenó a la derrota. Desde entonces y durante los últimos 26 años, Armenia ha tenido tiempo para compensar la brecha económico-militar a través de una mejora diplomática o una mejor eficacia en el ámbito armamentístico, ha fallado en ambos aspectos. Ha habido una serie de polémicas con el desempeño militar de los armenios y hasta qué punto se han involucrado en el conflicto para ayudar a los habitantes del Alto Karabaj. 

En medios más especializados con el ámbito militar se han llegado a cuestionar las tácticas empleadas por las tropas armenias, al compartirse imágenes de puestos defensivos o trincheras que dejaban poco que desear para el estándar de una guerra moderna. También ha sido muy comentado el hecho de que las tropas armenias en Karabaj cayesen una y otra vez en las trampas de los azeríes. Éstos últimos llegaron a emplear biplanos An-2 modificados para volar de forma autónoma, las tropas responsables de las defensas áreas en Karabaj (evidenciando falta de experiencia y entrenamiento) tomaban a estos biplanos por drones y los derribaban, delatando así su posición a las fuerzas azeríes, que contraatacaban, haciendo mucho daño. 

Es cierto que Armenia no goza de los recursos económicos de su rival y menos aún si éste es apoyado por Turquía, pero a pesar de eso, la duda respecto al compromiso defensivo y la dejadez sigue presente. Es cierto que los anteriores gobiernos armenios (Sargsyan, Karapetyan, Abrahamyan, Margaryan) no son precisamente un ejemplo de transparencia, compromiso, eficacia o poca corrupción, por ello mucha de la culpa podría recaer sobre ellos, ya que al fin y al cabo Pashinian llegó al poder en 2018. La postura que adoptaron Pashinian y su ministro de defensa, Tonoian, conllevó muchas reformas político-militares y una postura más proactiva.

Aliyev simplemente aprovechó las circunstancias que habían catapultado a Azerbaiyán a obtener la superioridad económico-militar para recuperar las tierras perdidas en los 90.

En el caso de Turquía, ésta es vista como un actor que obtiene ganancias limitadas. Si bien su apoyo clave a Azerbaiyán ha conllevado la victoria y la ruptura del statu quo 1994, éste era visto como insostenible. Los defensores de ésta segunda corriente de opinión creen que los éxitos turcos en Karabaj son pocos, ya que existen sobre el papel, pero no son palpables, al menos, por ahora. Turquía ha quedado fuera del acuerdo tripartito, también parece haber quedado fuera de la misión de paz, al obtener solamente la dirección compartida (con Rusia) de un puesto de observación del cese de hostilidades que se instalará en territorio azerí (quizás dentro del territorio recién adquirido).

Rusia es vista como vencedor, si bien ésta visión se enmarca (para algunos) dentro de una postura contraria al gobierno de Pashinian, al considerarlo “cercano a Occidente y contrario a los intereses rusos”. La mayor presencia de tropas rusas en el Cáucaso es vista positivamente, ya que se produce un desplazamiento hacia Azerbaiyán y representa un hito que no se veía desde los tiempos de la URSS. Estos analistas consideran que ahora Rusia tiene más voz y voto sobre el terreno y está aún más implicada en el conflicto, al llevar la voz cantante en el acuerdo que pone punto y aparte a este conflicto. Que el FSB vaya a controlar dos arterias importantes como son el corredor Azerbaiyán-Najichevan y el de Lachin se incluye también entre los éxitos. 

Detalles a destacar.

Habiendo analizado brevemente éstas dos corrientes, conviene sacar en claro diversos datos y ampliarlos.  

Es importante retornar al tema de los cambios que introdujeron Pashinian y su ministro de defensa. En 2019, Tonoian llega a decir que su visión no era “tierras a cambio de paz,” tal y como había sido durante los anteriores gobiernos, sino “nuevas tierras en caso de una nueva guerra”. Con esto, Tononian reconoció que Armenia no cedería siquiera el territorio azerí adyacente al Alto Karabaj ocupado en los 90. Este cambio de postura y compromiso en el liderazgo armenio no es baladí y tiene un gran peso en la decisión azerí de atacar. 

En 2013, el coronel Andrei Ruzinski, comandante de las tropas rusas estacionadas en Gyumri (Armenia) aseguró que: “Si Azerbaiyán decide restaurar su jurisdicción sobre el Alto Karabaj por la fuerza, la base rusa puede unirse al conflicto armado de acuerdo a las obligaciones de la Federación Rusa en el marco del OTSC”. 

Como hemos visto, tal intervención no se ha producido, ¿cuál podría ser la razón? Hay más preguntas que posibles respuestas. Desde que Pashinian llegó al poder, se han producido acciones que Rusia ha podido considerar, cuanto menos, rebeldes. Tras la revolución de 2018, muchas figuras que mantenían conexiones con Rusia (ya fuesen mera simpatía o de naturaleza sospechosa para las nuevas autoridades armenias) han sido perseguidas. Yuri Khachaturov, secretario general del OSTC, o el expresidente Robert Kocharian fueron detenidos. Se les acusó de acciones anticonstitucionales durante las polémicas elecciones de 2008, que desembocaron en grandes protestas y represión. Pashinian afirmó que Armenia aumentaría el nivel y la calidad de sus relaciones con Rusia, pero también añadió que el gobierno “está guiado por los intereses nacionales de Armenia”. Sin duda, fue un toque de atención sutil por parte del primer ministro armenio que con seguridad no gustó a ciertos sectores en el Kremlin, que están acostumbrados a tener cierta influencia en países de su entorno (como cualquier potencia). Pashinian tampoco es del todo cómodo, siendo un líder que encabezó una revolución contra las autoridades, ya es sabido cual es la postura de Rusia respecto a tales acciones. La detención de Kocharian, que gobernó Armenia de 1998 a 2008, fue especialmente criticada por Rusia, durante una visita de Putin a Ereván en octubre de 2019, el presidente ruso propuso reunirse con la esposa de Kocharian para intentar mediar y conseguir la liberación de éste. Durante su estancia en prisión (a la espera de juicio) Kocharian ejerció presión en algunos medios rusos, afirmando que Pashinian había llenado el país de ONGs occidentales y de organismos favorables a sacar a Armenia de la esfera rusa. Pashinian siempre negó tales acusaciones, afirmando que tanto en tiempos de Kocharian como de Sarkisian, muchos organismos occidentales se establecieron en el país sin que éstos líderes hiciesen nada para impedirlo. 

Aparte de todo lo mencionado, se produjeron purgas dentro de las fuerzas armadas y de seguridad. Jefes de policía, miembros del equipo de seguridad nacional o incluso el Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, Movses Hakobyan, fueron relevados de sus puestos. En abril de este mismo año, Pashinian volvió a la carga afirmando que “probablemente ya sea hora de que se realicen purgas reales dentro del gobierno”. En junio, el sucesor de Hakobyan, Artak Davtyan, fue cesado. La justificación para expulsar al nuevo Jefe de Estado Mayor de las FF.AA fue que había incumplido el protocolo anticovid durante la boda de su hijo, un evento (Armenia estaba en cuarentena) al que acudieron diversos miembros de los servicios de seguridad o del ejército. Pashinian arguyó que los altos cargos debían dar ejemplo. Sin duda, es un motivo cuanto menos curioso para despedir a semejante figura del ejército, pero puede llegar a ser comprensible, ya que Pashinian inició una campaña para señalar públicamente en redes sociales aquellos que incumplían las restricciones. Por si no pareciese suficiente, Artak Davtyan fue sustituido por Onik Gasparyan, quien nació en la misma localidad que Pashinian, suscitando sospechas de nepotismo. También fueron destituidos el Jefe de Seguridad Nacional, Eduar Martirosian y el Jefe de Policía Arman Sargsian. Justo al mes siguiente (12-16 de julio) se produjo el conflicto fronterizo con Azerbaiyán.

Tantos cambios en las cúpulas armenias y en el modo de afrontar el conflicto congelado en el Alto Karabaj no pasó desapercibido en Moscú, pero tampoco en Bakú. Los azeríes estaban pendientes de los movimientos entre los altos cargos armenios y decidieron tantear el terreno, encontrando múltiples debilidades. Se puede iniciar un profundo debate sobre los motivos y justificaciones que empleó Pashinian. Él mismo ha reconocido querer acabar con todo rastro del anterior sistema y obviamente ha buscado rodearse de personas cercanas en las que confiar, no sería el primer ni el último líder en hacer tal cosa. Armenia intentó compensar sus debilidades con cambios rápidos y drásticos, pero no lo consiguió, la ventaja que la separa de Azerbaiyán es simplemente demasiado grande. Se podría decir que al no disponer Armenia de recursos energéticos, no hay intereses extranjeros y por tanto no hay interés. A pesar de que intentó apelar a la vía diplomática, ha resultado que Armenia no tiene ningún estado amigo dispuesto a ayudar directamente, esto evidencia una falta de atención a la diplomacia por parte de la clase política armenia durante muchos años. Hacen falta más y mejores contactos. Se han intentado apoyar en sus valores y avances democráticos frente a la agresión de un estado autoritario, pero eso tampoco ha servido para convencer a la comunidad internacional. Al fin y al cabo, el derecho internacional favorecía a Azerbaiyán respecto a la recuperación del territorio perdido en los 90. 

Se podrá criticar en gran medida a Pashinian por firmar el acuerdo tripartito, pero ya sabemos cómo funciona eso, criticar desde casa y lejos del frente es algo muy fácil para todos. El descalabro armenio podría haber sido mucho mayor, el propio Pashinian reconoció que cerca de 25.000 soldados habrían quedado rodeados a raíz de la ofensiva azerí durante los días previos a la firma del acuerdo. Las protestas de la oposición y de sectores de la población son, en parte, comprensibles, porque durante mes y medio las autoridades han dado una imagen de la guerra que no se correspondía a la realidad. El propio Tonoian, artífice de la postura proactiva en Armenia, reconoció que el cambio de estrategias no sirvió para nada: “las armas de quinta generación que Azerbaiyán usó con el apoyo de Turquía hicieron que para nosotros fuera imposible atacar”. Es difícil predecir si Pashinian será expulsado del poder, aunque es evidente que a la oposición que se ha organizado contra él solo le importa el poder y en realidad no tiene ninguna propuesta para revertir esta derrota a corto-medio plazo. Pashinian tratará de aferrarse a su puesto, todavía cuenta con el apoyo de parte de la nación. No obstante, el presidente ya se ha manifestado en su contra y se ha sumado a aquellos que buscan destituirle. Múltiples cargos armenios ya han renunciado a su puesto y una grave crisis política y civil asola el país. Los distintos clanes políticos que se han visto perseguidos por Pashinian desde 2018 intentarán cobrarse su venganza. Armenia debe reorganizarse e introducir muchas reformas que llevarán un tiempo considerable, las propuestas sobre modificar el acuerdo tripartito o incluso revertir las pérdidas territoriales ahora son pura propaganda además de irreales. 

En el plano militar, habría que exigir responsabilidades a cargos militares armenios ante su evidente falta de visión respecto a la situación real del país y sus capacidades, muchas vidas de jóvenes soldados han sido malgastadas a raíz de una mala planificación y preparación. Ahora que la guerra ha finalizado, momentáneamente, las carencias armenias quedan aún más evidentes. Con ello, empiezan a aflorar más razones para la no intervención rusa. Aparte del ya mencionado detalle de que Rusia no reconocía el Alto Karabaj como territorio armenio y por ende no estaba obligada a intervenir, en Moscú sabían que Armenia no podría hacer frente a Azerbaiyán y que la política proactiva de Tonoian estaba condenada desde el principio. Éste no hizo más que tensar la situación. Rusia discrepó con este cambio en la mentalidad y decidió no arriesgar la vida de sus tropas más de lo necesario en un conflicto que podría haber escalado e incendiado todavía más la región. Según la lógica de Rusia, Azerbaiyán ya tendría lo que quiere. En una reciente entrevista Vladimir Putin afirmó que entre el 19-20 de octubre había convencido a Aliyev para frenar los combates. Armenia perdería territorio en el sur y debería permitir el retorno de refugiados azeríes a Shushi, Pashinian se habría negado a tal cosa y el acuerdo no fructificó. El presidente también criticó los intentos de la oposición armenia por señalar a “traidores” (en referencia a Pashinian) en un momento en el que el país debe permanecer unido. 

Aquellos que afirmen que Armenia debe romper con Rusia a raíz de la “traición”, quizás deberían volver a pensar en todo lo anterior, ¿qué estado estará dispuesto a ayudar directamente? ¿Grecia, Francia, Irán, India? Armenia sin duda comenzará a tejer relaciones más profundas con otros estados, el tiempo dirá si tienen éxito. La popularidad de Rusia en el país se verá obviamente dañada y podría surgir una clase política más hostil a su vecino eslavo. Pese a ello, no hay que hacerse muchas ilusiones a corto plazo, no parece que el panorama de alianzas vaya a verse muy alterado. Rusia seguirá manteniendo su base en Armenia y también siendo un importante vendedor de armamento, romper con Rusia no cambiaría la realidad en la que se encuentra el país. 

Dejando ya de lado el papel armenio, toca indagar en el resto. Se ha llegado a decir que el despliegue de tropas rusas representa un “éxito”, ya que toda expansión o incremento de tropas en la región es por ende, una victoria. Es cierto que ahora Rusia cuenta con fuerzas de paz en el Alto Karabaj y que tal cosa no se logró en los 90, ¿pero acaso alguien contemplaba una situación distinta? Se da por hecho que la derrota armenia o la expansión de la influencia turca en el Cáucaso/Asia Central era inevitable, hubiese guerra o no, ya que Azerbaiyán es superior en diversos ámbitos a Armenia y Turquía lleva años expandiendo el panturquismo. Mientras, Rusia nunca ha alcanzado el potencial de la URSS, aun cuando a muchos en Rusia u Occidente les hagan creer lo contrario para labores de propaganda y contrapropaganda. De la misma forma que lo anterior, el despliegue de tropas rusas no es precisamente nuevo. Era algo totalmente predecible en caso de producirse una guerra que ya se daba por inevitable. La propia Rusia ya se ofreció a enviar fuerzas de paz en múltiples ocasiones durante el mes de octubre. Rusia cuenta con una base en Armenia y es todavía una de las potencias con voz en la región, por tanto, ¿dónde está la novedad en el despliegue? No es que estemos precisamente ante un gran vuelco en la balanza o ante una táctica magistral en la que Putin se haya sacado un as de la manga. 

Puede que Rusia haya aumentado su presencia militar en territorio armenio y azerí, controlando a su vez dos corredores importantes y atando en corto a las autoridades armenias, pero esto también significa que la apuesta rusa es mayor y por ende el riesgo. El tiempo dirá si todos los costes derivados de la inacción, que son muchos, han valido la pena. Aparte de esto, Rusia ha conseguido mandar un mensaje al público doméstico, las revoluciones (en referencia a Armenia 2018) sólo traen caos, desgobierno y derrotas. 

El mensaje que se manda a Azerbaiyán es que ésta tiene más libertad de acción. A diferencia de estados de la antigua URSS como Ucrania o Georgia, que despliegan políticas percibidas como rusófobas/hostiles, Azerbaiyán no hace tal cosa. Es un buen cliente comercial y ha sido recompensado por ello, aunque eso no significa que el vínculo entre Moscú y Bakú aumente. No se debe pasar por alto que los azeríes siguen su propio camino y tienen proyectos propios que les alejan cada vez más de Rusia. El clan Aliyev sale muy reforzado y gana en popularidad en medio de una pandemia que afecta a su principal medio de subsistencia, la venta de recursos energéticos. Ahora que la influencia turca aumenta, queda por ver hasta qué punto está Aliyev dispuesto a convertirse en un peón de Ankara. 

Ahondando en las tropas que ha desplegado Rusia en el Karabaj, hay que decir que constan de 1960 militares, 90 vehículos blindados de transporte y 380 vehículos ligeros junto con equipo de apoyo. Son parte de la 15ª Brigada Independiente de Fusileros Motorizados, la cual está subordinada al Distrito Militar central. No son los típicos cascos azules. La 15ª Brigada estuvo presente en el conflicto contra Georgia en 2008, marcando los límites entre abjasios y georgianos. También ha ejercido labores en la frontera con Ucrania y algunos de sus miembros han estado presentes en labores de pacificación en Siria. En resumen, se compone de profesionales con experiencia en mantener la paz, pero también en la “coerción a la paz”. La doctrina militar rusa es principalmente defensiva y acorde a sus capacidades depende del rápido despliegue de tropas mecanizadas dentro de Rusia y en el extranjero cercano. La 15ª Brigada representa una fuerza expedicionaria cuya labor sería resistir en inferioridad numérica hasta que los refuerzos se desplegasen. Aquí juega un rol muy importante la visión del gobierno ruso y de Putin en particular. El derribo del helicóptero Mi-24 ruso, apenas unas horas antes del anuncio del acuerdo tripartito, bien podría haber sido una provocación que buscase una dura e inmediata respuesta rusa, algo que quizás funcione con las autoridades de EE.UU, pero no con Rusia. Que Rusia no actúe no significa que le de igual, guste o no, un resultado ventajoso es la mejor represalia (ya se vio en Siria). Así lo entienden en el Kremlin, son conscientes de sus capacidades reales.  

Las tres crisis que han estallado casi simultáneamente en el espacio postsoviético: Bielorrusia, Alto Karabaj y Kirguistán, han dejado en evidencia una vez más el enfoque que Rusia despliega hacia su vecindario: 

  • El principal interés de Rusia es Rusia. Ante la guerra en Alto Karabaj, Rusia prefirió mantener la estabilidad en casa. Se decidió que intervenir no sería rentable de cara al público doméstico ruso, hastiado por las dificultades económicas y por la ya impopular intervención en Siria. Se mantiene intacta una relación importante con Azerbaiyán y se continúa evitando una colisión regional con Turquía asumiendo el coste del debilitamiento armenio y la pérdida de prestigio. 
  • El “espacio postsoviético” es un término poco útil para los años en los que estamos. En lo que respecta al Kremlin, todos los estados que surgieron de las antiguas repúblicas soviéticas están solos. Para Rusia todos son estados extranjeros, mantienen las emociones al margen de la política. No habrá apegos especiales ni más descuentos. Cada relación bilateral es juzgada por los méritos. 
  • Las relaciones bilaterales con los aliados dependen menos de las personalidades gobernantes y más de los intereses. Esto ya fue evidente en las dos revoluciones kirguisas anteriores (2005-2010), en Ucrania 2014 y en la revolución armenia de 2018. Rusia se preocupa principalmente por sus propios intereses en los países afectados y se centra en protegerlos, aún cuando tenga que asumir ciertos costes según toque. 
  • Los compromisos no son indefinidos, son recíprocos. Rusia hará lo que está obligada a hacer según los acuerdos firmados, pero nada más. Si un aliado se involucra en una política exterior de múltiples vectores, deberá esperar una actitud similar de Rusia.
  • Rusia demuestra tener en cuenta sus limitaciones, ya que adapta sus fines a los medios de los que dispone.

Otro punto a destacar en el caso ruso es que su inacción en el Alto Karabaj puede alimentar el ímpetu ucraniano en Donbass. No es ningún secreto que las autoridades de Kiev están interesadas en adquirir armamento turco, especialmente los drones que tan efectivos han sido contra los armenios. Se han estado preparando durante varios años y es poco probable que esto haya pasado desapercibido a los estrategas del Kremlin. 

Pese a que Turquía reafirma y acelera la expansión de su influencia en la región, se ha llegado a decir que sus ganancias podrían haber sido mayores. A diferencia de lo que se ha visto en los escenarios sirio o libio, Turquía no ha sido tratada del todo como un igual, al no ser incluida en el acuerdo y no contar con tropas sobre el terreno. Esto sin embargo parece que va a cambiar, ya que Turquía acaba de aprobar el envío de tropas de paz a Azerbaiyán (durante 1 año y prorrogable). Turquía también obtiene un muy simbólico puesto en el Centro de Observación de la Paz que se establecerá en el territorio azerí. El personal militar y civil que enviará Turquía a Azerbaiyán se desplegará en dicho centro, pero conforme al Acuerdo de Cooperación y Asistencia Estratégica Turco-Azerí de 2010, ambos estados pueden pactar cualquier otro despliegue. Es decir, puede parecer que Turquía queda supeditada con Rusia a lo que se ha pactado para el Centro de Observación para la Paz, pero por separado con Azerbaiyán puede desplegar las tropas que considere necesarias en territorio azerí, incluyendo también el territorio recién adquirido. El ministro de exteriores ruso, Lavrov, ha negado tal despliegue, pero todo es posible. 

Pese a que algunos han intentado infravalorar los resultados finales que obtiene Turquía, el avance de las tropas azeríes representa por sí solo una victoria para Ankara, dado el factor de “una nación dos estados” que la une con Azerbaiyán. Turquía también ha conseguido dañar al formato OSCE Minsk (Rusia-Francia-EE.UU), por el que Rusia apostaba, y mantener a los poderes occidentales fuera no sólo de la toma de decisiones, sino también de cualquier consulta o pronunciamiento (que es algo que buscaba Rusia). Esto es también decisivo para Turquía, que, una vez más sale indemne de sus aventuras agresivas. Turquía sigue empleando a Rusia como trampolín para sus aspiraciones, Rusia es a la vez su rival y el medio a través del cual Erdogan demuestra a su población que son un país poderoso que se codea con los grandes. Pese a ello, no se debe ignorar que el líder turco está tensando cada vez más una cuerda que terminará por romperse, es cuestión de tiempo.

La victoria azerí ha alterado el mapa del Cáucaso sur. El éxodo de la población armenia es un hecho, igual que la población azerí huyó en su día. Por ello merece una mención todo lo relativo al legado cultural, que sin duda se verá afectado. El monasterio de Dadivank forma parte de las edificaciones que quedan dentro del nuevo territorio azerí. Los autoridades armenias ya han sacado del mismo todos los elementos de valor que podían moverse sin ser dañados, negándose a dejar su historia en manos azeríes. Los azeríes, a su vez, se han indignado al ver que los armenios destruyen las casas o pertenencias que abandonan, afirmando que Armenia busca provocar un “desastre ecológico”. Se publicaron supuestas imágenes de una mezquita en el pueblo de Alkhanli, que en algún momento fue convertida en un corral, causando enfado en Azerbaiyán. No obstante, también causó estupor en el lado armenio un video donde un combatiente, aparentemente azerí, hacía proclamas subido sobre una iglesia armenia, recordando a las imágenes de albaneses destruyendo iglesias serbias en Kosovo a principios de los 2000. El futuro de cementerios, restos arqueológicos o iglesias como la de Gtichavank (del siglo XIII), los restos de la antigua ciudad de Tigranakert (fundada en tiempos de Tigran II, cuando Armenia estaba en la cúspide de su poder), la basílica de Tsitsernavank o el monasterio de Amaras, entre otros muchos, generan gran preocupación en Armenia y en la pequeña parte de la comunidad internacional que todavía presta atención a la preservación del legado histórico. 

El ministro de cultura de Azerbaiyán declaró que consideran a muchos de estos monumentos como herencia de la cultura albana caucásica y no armenia. Esto no es algo nuevo, las tesis que disputan el legado armenio de muchos monumentos de la región fueron impulsadas por el historiador azerí Ziya Buniatov a mediados de los años sesenta del siglo pasado. No habría que descartar una “reconversión”. Desde una perspectiva más positiva, durante los últimos años, Armenia restauró la mezquita azul en Ereván, en Karabaj se restauraron dos mezquitas de Shushi, mientras que los azeríes restauraron la iglesia armenia del centro de Bakú, aunque evitaron situar una cruz en ella. 

¿Qué pasará con los monumentos y edificios históricos que cambian de manos? Los más famosos muy posiblemente sean preservados, bajo una historiografía distinta y antiarmenia, obviamente. Pero muchos otros no tan famosos serán destruidos, al igual que fue destruido el cementerio medieval de Julfa en el exclave azerí de Najicheván. Tanto Armenia como Azerbaiyán son miembros de la UNESCO y deben respetar las convenciones internacionales sobre el legado cultural, incluida la convención de la Haya de 1954. Pese a esto, cementerios y pequeñas iglesias serán sin duda las mayores víctimas culturales del cambio territorial. A su vez, mismo destino sufrirán los jachkar o “cruces de piedra”, esculpidos a mano y parte del legado del arte armenio presente en el Cáucaso desde la Antigüedad. Éstos serán muy posiblemente destruidos bajo la justificación de que han sido instalados por los armenios para “reclamar una tierra que no es suya”. El histórico odio entre las partes no juega a favor de la preservación precisamente. 

No será la última vez que el Alto Karabaj sea motivo de noticias, el conflicto no está en absoluto resuelto y todavía queda mucho por hacer. El alcance de la victoria/derrota de las distintas partes continuará siendo motivo de debates y discusiones, pero muchas personas ya están sufriendo las consecuencias sobre el terreno. 

 

 


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La entrada Moldavia-Transnistria: ¿Vientos de cambio o reanudación del conflicto? se publicó primero en 14 Milímetros.

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Desde la fragmentación de la URSS y la guerra con Transnistria en 1992, la República de Moldavia se ha mantenido en una posición ambivalente entre Este-Oeste, pero diversos factores indican que esta situación podría llegar a su fin. El país vivirá importantes elecciones presidenciales el 1 de noviembre. La habitual tensión política y social ha ido in crescendo desde la última crisis constitucional y la pandemia ha agravado una situación económica ya de por si complicada. ¿Cuál es el origen del conflicto entre Moldavia y Transnistria? ¿Cómo ha evolucionado la situación? ¿Podría producirse un estallido a raíz del resultado electoral?

 


 

Contexto histórico

El territorio que ocupó el Principado de Moldavia tiene profundas relaciones históricas y culturales con Rumanía. Fue uno de los principados que junto con Valaquia y Transilvania condicionaron la formación de la identidad nacional rumana. Para obtener una mejor comprensión del contexto histórico de Rumanía y la importancia del territorio moldavo, se recomienda la lectura previa del artículo dedicado a dicho país.

A principios del siglo XIX, mientras el Imperio Ruso y el Imperio Otomano se disputaban el Mar Negro y los Balcanes, la parte oriental del antiguo Principado de Moldavia (que hoy en día constituye gran parte del moderno estado) fue integrada dentro de Rusia bajo el nombre de Gobernación de Besarabia. La parte occidental permaneció bajo control de los Principados del Danubio (antecesor de Rumanía). En 1917, la crisis del Imperio Ruso y la revolución de febrero llevaron a una paulatina independencia de Besarabia. El gobierno de Alexander Kerensky delegó parte del poder a los sectores locales y en diciembre de 1917 se proclamó la República Democrática de Moldavia, con representación de diversos sectores de la sociedad seleccionados tras las elecciones al Sfatul Țării, que funcionó como órgano legislativo. Ésta república se conformó como un sujeto federal de la República Rusa y declaró su autonomía. Al mismo tiempo, la caída de Kerensky, la revolución de octubre y la descomposición del frente de batalla ruso produjeron la llegada de revolucionarios bolcheviques. Las autoridades de la recién constituida República de Moldavia pidieron la intervención de Rumanía. A comienzos de 1918, Moldavia declararía su independencia de lo que quedaba del Imperio Ruso. Hubo disputas con los sectores militares y campesinos favorables a los bolcheviques, pero la intervención de las tropas rumanas acabó con la derrota de éstos y en diciembre de 1918 el consejo del Sfatul Țării votó por la reunificación con Rumanía. Algunas de las medidas sobre la redistribución de la tierra prometidas por el Sfatul Țării no fueron satisfechas por las autoridades rumanas, causando cierto descontento. Cuando retornó a Rumanía, el territorio moldavo estaba aquejado de diversos atrasos con respecto al resto del país, problemas que no fueron solventados durante el caótico periodo político de entreguerras rumano.

 

Las autoridades soviéticas consideraron la unión ilegal, empleando como justificación que Moldavia había sido ocupada por tropas rumanas y la decisión del consejo moldavo estaba condicionada por ésta. La respuesta soviética fue constituir una efímera (1919-1920) República Socialista Soviética en Besarabia con capital en Odessa y más tarde en Tiraspol. Esta república soviética, que tenía un gobierno en el exilio, no llegó a existir y funcionar como estado, pero formaba parte de los planes soviéticos de recuperar Besarabia. En 1924 se constituyó la República Socialista Soviética Autónoma de Moldavia, integrada dentro de la RSS de Ucrania y que ocupó gran parte del territorio conocido hoy como Transnistria. La región serviría como punta de lanza, si bien estaba poblada por rumanos y moldavos, fue rápidamente industrializada y poblada con obreros rusos y ucranianos.  

Tras los tratados que pusieron fin a la Primera Guerra Mundial, la reunión de Moldavia y Transilvania con el resto del estado rumano llevó a la formación de la “Gran Rumanía”. El Tratado de Paris de 1920 (Rumanía, Francia, Reino Unido, Italia Japón) buscó el reconocimiento oficial de la soberanía rumana sobre la región de Besarabia, pero Japón no llegó a ratificar el tratado a pesar de firmarlo y éste no entró en vigor.  

Durante la Segunda Guerra Mundial, Besarabia fue anexionada por la URSS con la aquiescencia del Eje, que obviamente hizo poco por mantener la integridad territorial de su futuro aliado rumano y muchos alemanes étnicos de la zona fueron transferidos a la Alemania Nazi. Las actuales fronteras del estado moldavo son fruto de una habilidosa modificación que tuvo lugar durante la etapa soviética, convirtiendo a Moldavia en un “lisiado” en términos de política exterior independiente y, en parte, pensando evitar que el territorio fuese disputado por Rumanía, a través del establecimiento de un “tapón” geopolítico. Con el establecimiento de la República Socialista de Moldavia en 1940, el norte de Besarabia y Bukovina fueron transferidos a la República Socialista Soviética de Ucrania, constituyendo el óblast de Chernivtsi. Por su parte, la región costera del sur de Besarabia, Budjak, históricamente parte de Moldavia, también fue transferida a la RSS de Ucrania. Esto convirtió a Moldavia en uno de los pocos estados del mundo sin litoral y acabó con su acceso a los ricos puertos comerciales del Mar Negro. Este proceso no sólo afecto a la población moldava, sino también a un gran número rumanos, búlgaros y gagaúzos que pueblan las zonas transferidas. A cambio de las modificaciones territoriales, Moldavia recibió una gran parte de Transnistria (la ya mencionada República Socialista Soviética Autónoma de Moldavia), pero más que regalo, fue una condena, ya que ésta, como se ha explicado, fue poblada por una mayoría étnica ruso-ucraniana. Así se constituyó la República Socialista Soviética de Moldavia en 1940. La invasión de la Unión Soviética por parte del Eje y sus aliados restableció el temporal control rumano sobre la zona en 1941 e incluso llevó a la creación de una Gobernación Transnistria, separada del resto de Moldavia y considerada como una “compensación” territorial por parte del Eje a Rumanía, ya que ésta había cedido una importante parte de Transilvania a Hungría. Transnistria fue empleada como zona de exterminio para la población judía o romaní de Rumanía y parte de Ucrania, así como para los partisanos que se oponían al dominio del Eje. Los soviéticos recuperaron el territorio en 1944 y se llevó a cabo otra política de deportaciones contra sectores considerados hostiles y colaboracionistas. El gobierno central invirtió esfuerzos en poblar ésta república soviética con rusos, bielorrusos y ucranianos étnicos y en impulsar el desarrollo económico. La capital moldava, Chisináu, constituyó el núcleo del que surgiría el movimiento nacionalista que reafirmaría la independencia. 

 

 

Con el debilitamiento del poder soviético y la glasnost y perestroika, comenzó la fragmentación. En Moldavia se formó el Movimiento Democrático (Frente Popular de Moldavia), que más tarde sucumbiría entre las luchas por el poder, pero que llevaría a los moldavos por el camino de la independencia. La población transnistria, principalmente ruso-ucraniana, se oponía al nacionalismo moldavo, las políticas encaminadas a reafirmar la cultura e identidad moldava, el uso del alfabeto latino en vez del cirílico, la supresión del idioma ruso y la unión con Rumanía. En 1989, los moldavos representaban un 39,3% de la población de Trasnistria, mientras que los ucranianos un 28,3% y los rusos un 25,5%.

Cabe destacar que parte del movimiento de independencia moldavo se veía también motivado por el hecho de que el Partido Comunista de dicha república estuviese dirigido en gran medida por rusos o ucranianos en lugar de nativos moldavos, siendo políticos como Semion Grossu o Petru Lucinschi una excepción. Las disputas entre la población eslava y los moldavos se llevaban gestando varios años, la perspectiva de lo que sucedía entre otras repúblicas soviéticas no ayudaba precisamente y fueron incapaces de ponerse de acuerdo. En agosto de 1989 ya se había constituido en Trasnistria el Consejo Colectivo de Trabajadores Unidos (OSTK, siglas en ruso), que controlaba la industria moldava, la mayor parte de la cual se situaba en el territorio de la futura república transnistria. El OSTK convocó diversas huelgas en el sector industrial con bastante éxito. 

Tras las elecciones de febrero-marzo 1990, quedó aún más claro que Moldavia se iba a independizar de la URSS, pero también que el OSTK era fuerte en Transnistria. En septiembre de 1990 se proclamó oficialmente la República Socialista Soviética Moldava de Pridnestrovia, con capital en Tiraspol. Los miembros del OSTK esperaban continuar siendo parte de la URSS una vez habían declarado la independencia de Moldavia, pero esto no llegaría a suceder. El intento de golpe de estado por parte del núcleo duro del KPSS en Moscú, en agosto de 1991, sentenció a la URSS a la definitiva desaparición. Esto conllevó también la formalización de la independencia moldava el 27 de agosto de 1991. Transnistria declararía su independencia de la URSS el 25 de agosto de 1991. Lo irónico de ésta situación es que las autoridades moldavas justificaron la declaración de independencia afirmando que la creación de la República Socialista Soviética de Moldavia se hizo a través de la ilegalidad surgida del pacto Molotov-Ribbentrop por el que el Eje permitió, entre otras cosas, que la URSS se anexionase el territorio moldavo. Las autoridades de Transnistria, a su vez, usaron de forma inteligente este pretexto para más tarde justificar su independencia alegando que la unión del territorio transnistrio con Moldavia en 1940 estaba rota y que por tanto no tenían razones para seguir formando parte de dicho estado. 

Si bien el control del OSTK sobre Transnistria no era absoluto, se hicieron paulatinamente con el poder tras desplazar a los leales a Moldavia, fuesen funcionarios públicos o figuras civiles, a través de diversas tácticas. Algunas de las personas que se hicieron con el poder fueron Igor Smirnov, director de la fábrica Electromash, jefe del soviet de Tiraspol y Presidente de Transnistria desde 1991 a 2011, pero también otros como Viktor Diukarev, Andrei Maniolov o Grigore Mărăcuţă, entre otros muchos. 

Cabe destacar también el papel de la minoría de los gagaúzos, que hablan una lengua túrquica y practican el cristianismo ortodoxo. Este pueblo, según diversas teorías, se constituye a partir de búlgaros, otras poblaciones balcánicas y pueblos de la estepa o incluso también a partir de invasores de los turcos selyúcidas. Si bien esto es, como siempre, motivo de intensos debates. No obstante, su vinculación con el territorio es innegable. Los gagaúzos pueblan partes del sureste de Moldavia y Budjak (dentro de Ucrania). Los gagaúzos apoyaron al poder soviético y tras el fallido golpe de agosto de 1991 se declararon independientes. Moldavia les otorgó un estatus de autonomía y regulaciones legales para su cultura y lengua. Hoy en día constituyen un territorio autónomo dentro de Moldavia, una solución más pacífica que no se logró con Transnistria. 

En su intento por librarse definitivamente del control moldavo, Transnistria comenzó a armarse y organizarse. Ambos bandos habían heredado material soviético y Rumanía, obviamente, apoyó a Moldavia. Mientras, Transnistria contó con el apoyo de restos del 14º Ejercito de la Guardia Soviético, un remanente de tropas soviéticas que estaban en Trasnistria desde mediados de los cincuenta y que obviamente tenía acceso a más material que el bando moldavo. Rusia permaneció neutral en el conflicto (si bien hubo muestras públicas de simpatía por parte de diversos políticos), pero muchos integrantes del ejército mencionado se pasaron directamente al bando trasnistrio, incluido el general Yakovlev que en teoría debería dirigirlo y mantenerse neutral, lo cual causó su relevo. Estas acciones son, en parte, comprensibles, ya que muchos de los integrantes de éste ejército procedían de Moldavia o Transnistria. Cosacos del Don, Kuban o incluso nacionalistas ucranianos también acudieron en apoyo de los transnistrios.

 

Guerra y negociaciones frustradas

Hubo pequeñas escaramuzas, represalias e intentos por ganar terreno a partir de verano de 1990. Moldavia se mostraba reticente a recuperar el control sobre el territorio trasnistrio en una guerra abierta debido a que sabían que eran la parte militarmente débil. A pesar de esto, los representantes políticos poco pudieron hacer y las acciones independientes por parte de los grupos armados fueron habituales. Oficialmente, la guerra estalló en marzo de 1992, los combates tuvieron lugar a lo largo de la ribera del Dniéster, que separa a Moldavia de Transnistria. El conflicto terminó siendo una guerra de posiciones, pero también hubo combates urbanos en la ciudad de Bender. La asistencia del 14º Ejército fue finalmente decisiva y se decretó un alto el fuego el 21 de julio de 1992. El conflicto se saldó con varios miles de muertos y cerca de cien mil desplazados. Se creó una Comisión de Control compuesta por rusos, trasnistrios y moldavos tras un acuerdo entre Boris Yeltsin y Mircea Snegur. Trasnistria consiguió mantener el control de la mayor parte de la región así como la orilla oeste de la localidad de Bender. 

 

 

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Desde entonces hubo múltiples intentos, en 1997 (Memorándum Primakov) y 1999 con mediación de la OSCE y Ucrania, por llegar a una normalización de la situación. Tanto las posiciones de la parte trasnistria, que no se quiere ver integrada dentro de Moldavia, como las de la parte moldava, que no quiere dar a la región ningún estatus, dificultan el entendimiento. Sí se pudo acordar la retirada de una parte de los efectivos y material militar de Trasnistria, pero no se ha llegado a cumplir del todo, habiendo hoy cerca de 400 fuerzas de pacificación y unas 1500-2000 tropas regulares. El 14º Ejército se disolvió en 1995 y se formó el Grupo Operacional Ruso de Transnistria (OGRF), integrado dentro del Distrito Militar Occidental de las FF.AA rusas. 

En 2001, el Partido Comunista Moldavo (PCRM) se alzó con la victoria en las elecciones legislativas y presidenciales con un margen considerable y desplazó a las demás fuerzas. Las negociaciones tampoco avanzaron mucho bajo este gobierno. Es más, la entrada de Moldavia en la Organización Mundial de Comercio alteró la regulación sobre los permisos en aduanas y Moldavia pudo ejercer un bloqueo económico que devastó las exportaciones de Transnistria. En 2002, Rusia, Ucrania y la OSCE propusieron la formación de una federación, pero las negociaciones acabaron en nada. 

En 2003 se estuvo muy cerca de lograr avances en los acuerdos. El presidente moldavo, Vladimir Voronin, invitó a las autoridades transnistrias a participar en el borrador de una nueva constitución para Moldavia. La comisión encargada de esta tarea sería presidida conjuntamente por Chisináu y Tiraspol, con el apoyo de Rusia, Ucrania, la OSCE y el Consejo Europeo. Tras dos meses de negociaciones relativamente exitosas para redactar la constitución, Voronin planeó un referéndum sobre la misma para febrero de 2004. Mientras, la UE y EE.UU decidieron incluir a líderes transnistrios en listas de sanciones, Transnistria respondió declarando a líderes moldavos como persona non grata. Esto arruinó en gran medida las negociaciones de la comisión constitucional. Las dos partes se fueron distanciando cada vez más. El Memorándum Kozak de 2003, impulsado por el primer ministro ruso Dmitri Kozak, propuso de nuevo la creación de un estado federal asimétrico en Moldavia, con Trasnistria y Gagauzia como “sujetos de la federación Moldava”. El gobierno central moldavo sería responsable de las competencias de las dos regiones así como de sus respectivos gobiernos. La respuesta de Voronin fue negativa, consideró que había demasiadas contradicciones con las leyes moldavas que dificultarían el funcionamiento del estado. Si bien era cierto que Trasnistria habría tenido bastante poder para bloquear muchas decisiones políticas, la decisión moldava estuvo también motivada por la negativa a tratar con Trasnistria como un igual y las presiones de los actores externos para integrar a Moldavia en las esferas occidentales. La declaración conjunta sobre el memorándum nunca se llegó a producir y por ello se enquistó la definitiva retirada de las tropas y material ruso. Aparte de las diversas críticas de la presencia rusa por parte de EE.UU y la UE durante todos estos años, también hay una resolución de la Asamblea General de la ONU que llama a Rusia a retirar el OGRF.

En 2005, Moldavia impulsó el plan de “Las 3 D”: desmilitarización, descriminalización y democratización. Según este plan, la situación en Transnistria se podía solucionar únicamente tras la retirada de las tropas rusas y se reafirmó que Moldavia es un estado unitario. En 2009, el entonces presidente ruso, Dmitri Medvedev, se reunió con sus homólogos moldavo y trasnistrio. Se firmó una declaración para transformar la presencia rusa en la región como una misión bajo auspicio de la OSCE. Estas tropas permanecerían en la región hasta que se llegase a un acuerdo de carácter político que diese fin al conflicto. En 2011 comenzaron las reuniones del llamado “5+2”, que incluyen a Transnistria, Moldavia, Rusia, Ucrania, la OSCE además de a EE.UU y la UE como observadores. En 2016 se acordó un tímido paquete de medidas en Berlín. Se incrementarían y mejorarían las relaciones entre las dos partes enfrentadas, habría cooperación en el ámbito de la agricultura, la educación y algunos trámites administrativos, ya que algunos transnistrios tienen también pasaporte moldavo. 

 

Evolución político-económica en Transnistria y Moldavia

Una vez obtenida la independencia y ganada la guerra, la recién constituida República de Pridnestrovia tenía poco que celebrar, ya que se encontró bloqueada. La URSS se había desintegrado y ningún miembro de la ONU reconoció su independencia. Su territorio ocupa la orilla este del Dniéster y se haya dividido en cinco raiones además de un municipio y capital, Tiraspol. También tiene el control de facto sobre la ciudad de Bender. En total, Transnistria tiene una superficie de 4160 km2, un tamaño ligeramente superior al de Osetia del Sur. 

 

Transnistria se convirtió, sobre el papel, en un estado con sistema presidencialista con múltiples partidos. A pesar de esto y si bien conserva la simbología y nostalgia soviéticas, tiene poco que ver con un país comunista o con una democracia plena. Los antiguos miembros del OSTK como Igor Smirnov continuaron moviendo los hilos y se convirtieron en oligarcas, aprovechando que gran parte de la producción industrial moldava quedó en territorio transnistrio y privatizándola. Smirnov fue presidente entre 1991 y 2011 por el partido República, hasta que la formación Renovación (originalmente fundada como ONG) le “arrebató” paulatinamente el poder en las elecciones legislativas de 2005-2010 y en las presidenciales de 2011. Renovación, que aboga por un mayor aperturismo económico, liberalización y diálogo con Moldavia (sin comprometer la existencia de Trasnistria) ha dominado el parlamento con mayoría mientras que políticos como Yevgueni Shevchuk y Vadim Krasnoselsky han ocupado la presidencia. Si bien estos dos últimos presidentes forman parte de un intento de dar una imagen más jovial y tecnocrática, siguen estando asociados al conglomerado empresarial de antaño. Renovación consiguió impulsar a duras penas una reforma constitucional que instituyó un sistema semipresidencialista con tres centros de poder: parlamento, gobierno y presidente, reduciendo en cierta medida el cargo presidencial que había reforzado Igor Smirnov en un principio. En 2006, Transnistria organizó un referéndum sobre una futura integración en Rusia, con un 96% de votos a favor. El referéndum fue denunciado por Moldavia además de por la OSCE. En 2014, tras el referéndum ruso en Crimea, el parlamento transnistrio pidió (sin éxito) a la ONU el reconocimiento del referéndum realizado en 2006.  

 

 

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Como es lógico, la independencia de Transnistria ha dado lugar a fuertes intereses económicos, además de políticos, no sólo a ambos lados del Dniéster, sino también en sectores de Ucrania y Rusia, que tienen especial preferencia por la preservación del statu quo. Estos intereses son muy personalistas en el caso transnistrio. La planta de acero de Ribnitsa representa cerca de la mitad de las exportaciones (legales) de la región. Otras compañías son Tirotex, Moldova Steel Works (parte de la rusa Metalloinvest), una planta de cemento y la central eléctrica Kuchurgan, operada por Moldovskaya GRES, subsidiaria de la sociedad rusa Inter RAO. La corporación Sheriff, fundada por Viktor Gushan e Ilya Kazmaly en 1993, agrupa a la mayoría de los pequeños y medianos negocios privados transnistrios, exitoso equipo de fútbol incluido, y está relacionada con la formación política Renovación. Sheriff y los negocios de Smirnov se pueden considerar como los únicos actores económico-políticos de gran relevancia e impacto y que en teoría se han “disputado” el poder los últimos años, aunque en realidad exista un pacto tácito de coexistencia, ya que saben que su situación es precaria. 

La crisis económica de 2008 afectó en buena medida a la pequeña industria y el sector agrícola, pero el sector servicios vivió una expansión gracias al conglomerado Sheriff. A diferencia de Moldavia, Transnistria no tiene acceso a los mercados internacionales de capital y no recibe las mismas ayudas económicas que Moldavia recibe de, por ejemplo, la UE. Rusia puede apoyar a la región, pero su margen de actuación no es muy amplio y se ve afectado por las aventuras rusas en otras zonas, que durante los últimos años han requerido mayor atención y recursos. Rusia ha apoyado económicamente al territorio a través del suministro de energía, la ayuda con las pensiones, los salarios y también con la participación como copropietaria en algunas de las empresas. También ha sido el principal destino de las exportaciones transnistrias durante más de dos décadas. No obstante, la UE se ha convertido en un destino lucrativo, sobre todo gracias a la eliminación de algunas tarifas aduaneras a partir de la firma del Acuerdo de Asociación de Moldavia con la UE en 2014. Entre 2016 y 2019 los principales destinos de las exportaciones transnistrias han sido Moldavia (30%), Rumanía (25,4%), Ucrania (23,4%), Rusia (16,1%) e Italia (9%). Rusia, no obstante, sigue siendo el país del que proceden la mayor parte de las importaciones (48%), seguido por Ucrania (12%), Moldavia (8%) y Rumanía (7%). La balanza comercial transnistria es negativa. Si bien, según datos oficiales, las exportaciones han aumentado en un 68% desde 2001, las importaciones lo han hecho en más de un 117% y esto se debe principalmente a la dependencia de la energía rusa, que representó casi un 43% de las compras en 2019. Los productos que más exporta el territorio son: metales y productos derivados, combustible y otros productos energéticos (reventa de lo sobrante que reciben de Rusia), alimentos, minerales, maquinaria y textiles. 

Como es evidente, lo económico y el político son temas aparte en la disputa entre Chisináu y Tiraspol. Los dirigentes rusos no se oponen a los acuerdos comerciales de Transnistria con Occidente, ya que al fin y al cabo saben que los trasnistrios están adheridos a los intereses políticos de Rusia para mantener su independencia, no les queda otra. Una parte difícil de cuantificar de la economía transnistria durante sus primeros años fue el crimen organizado y la existencia de compañías de dudoso origen. Tanto Moldavia como Transnistria son altamente susceptibles a la corrupción y la debilidad estructural. La debilidad del sistema judicial y la pobreza son caldo de cultivo para que las organizaciones mafiosas usen el territorio como base de operaciones o zona de paso. En el caso transnistrio, se les acusa de tráfico de personas,vehículos, drogas, tabaco o alcohol. El tráfico de armas y material peligroso hacia diversos conflictos es también un tema a destacar, sobre todo si se tiene en cuenta el ya mencionado detalle de que el depósito del ya extinto 14º Ejército se encuentra en la aldea de Kolbasna, a apenas 20 kilómetros de la frontera con Moldavia. La magnitud de estos negocios ilegales nunca se ha podido determinar con exactitud y es motivo de debates, la falta de aperturismo y transparencia de las autoridades trasnistrias durante años ha favorecido una opinión negativa y en ocasiones exagerada. En 2005, el jefe de la misión de la OSCE, Claus Neukirch, afirmó que: “generalmente se habla sobre la venta de armamento en la región, pero no hay evidencias convincentes.” 

El carismático Teniente General ruso, Alexander Lebed, que sustituyó a Yakovlev al mando del 14º Ejército durante el conflicto de 1992, ya expresó su preocupación sobre el depósito de armas en diversas ocasiones y en una entrevista meses antes de su muerte en 2002. Lebed consideró positivo el rol de 14º Ejército durante el conflicto y apoyó la idea de que la presencia rusa en la región era necesaria para mantener la paz. No obstante, también sabía que Transnistria acabaría por estallar tarde o temprano y se enemistó con las autoridades locales al afirmar que estaba: “harto de dar seguridad a una panda de ladrones y matones” (en alusión a Igor Smirnov y los dirigentes transnistrios). Es más que probable que los negocios ilegales, sobre todo los relativos a las armas de gran calibre, estuviesen a la orden del día en Transnistria durante los 90 y principios de los 2000 y que dichas armas acabasen en alguno de los conflictos del Cáucaso o en el conflicto yugoslavo, entre otros. Eran prácticas muy extendidas en la Europa postsocialista y los países de la antigua URSS, en algunos casos no han desaparecido del todo. 

 

Como es ya sabido, los países postsocialistas de Europa Oriental se caracterizaron por la agresiva implementación del neoliberalismo y la economía de mercado, que causaron estragos en los 90. La falta de capacidad de los líderes y la masiva privatización de las pequeñas y medianas empresas así como del sector agrícola, clave para la economía, fueron un desastre. Moldavia acumuló una deuda con el FMI y el Banco Mundial, el PIB se redujo de forma abismal entre 1990 y 1995 en un 60% y la inflación fue enorme. Parte de su mal desempeño económico estuvo ligado al shock en Rusia, su mayor socio comercial por aquel entonces. Moldavia también sufrió a causa de la crisis rusa de 1998. 

En el plano político, Moldavia vivió una serie de cambios con la llegada al poder del partido agrario en 1994, que redujo en parte la presión sobre Trasnistria y Gagauzia. A finales de la década de los 90 y principios del nuevo siglo, el partido comunista PCRM se alzó paulatinamente con la victoria en las elecciones parlamentarias debido a la fragmentación de las formaciones liberales. En el 2000 se llevó a cabo un revisión constitucional que alteró la manera en la que se elegía al presidente, sustituyendo el sufragio directo por el indirecto

El ya mencionado presidente moldavo, Vladimir Voronin, empezó como figura favorable a Rusia, pero a raíz del fracaso en los acuerdos relativos a Transnistria, inició un giro hacia Occidente. Durante los primeros 15 años desde que se independizase, Moldavia se caracterizó por ser un país donde Occidente tenía suficiente influencia para hacer de palanca, pero con el que tenía poca vinculación. Moldavia se integró en la Política Europea de Vecindad, formando parte de la Asociación Oriental junto con Ucrania, Bielorrusia, Armenia, Azerbaiyán y Georgia. El PCRM conservaba ciertas dosis de izquierda (al menos sobre el papel) y su retórica giraba principalmente en torno al moldovanismo (promoción de la identidad y cultura moldavas como independientes de Rumanía), aunque no era en absoluto una formación netamente comunista.

No fue hasta las elecciones parlamentarias de 2009 cuando los distintos partidos de corte liberal europeísta  (PLDM, PDM y PL) se unieron para disputarle el poder al PCRM y Occidente pudo aumentar su capacidad de vinculación. En abril de 2009, el PCRM recibió cerca del 50% de los votos, pero la oposición en el parlamento se negó a elegir a los candidatos propuestos para presidente. Hubo protestas contra el dominio electoral de los comunistas por parte de grupos favorables a la UE y la unificación con Rumanía, quienes afirmaban que el amaño electoral era la causa de la victoria del PCRM. Se autorizó un recuento que fue boicoteado por los partidos de la oposición. La Comisión Electoral anunció que no hubo irregularidades y la OSCE dejo constancia en su informe de que las elecciones contaban con la suficiente base para ser democráticas y que el recuento fue positivo a pesar de diversas deficiencias en el procedimiento. 

Esto no evitó las protestas, hubo más de un centenar de heridos y varios muertos. Fueron de las primeras protestas antigubernamentales que se coordinaron en gran medida a través de redes sociales (en este caso a través de Twitter). El parlamento fue asaltado al grito de proclamas favorables a Rumanía, la integración europea y contra un supuesto comunismo que brilla por su ausencia. Las autoridades moldavas pusieron el foco en Rumanía, país al que acusaron de alentar y organizar las protestas. 

 

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Finalmente, al no haberse podido designar un presidente, se repitieron las elecciones en julio. A pesar de que el PCRM recibió casi un 45% de los votos, el pacto de la coalición (PLDM, PDM, PL) les relegó a la oposición. Moldavia entró en un periodo de grave crisis política, pero eso no evitó que se uniese a la Comunidad Energética en 2010. Desde entonces, la UE ha proporcionado numerosas ayudas económicas a Moldavia, aparte de los préstamos que el país recibió del FMI y el Banco Mundial. Rumanía incrementó su asistencia económica y eso favoreció que Moldavia concluyese un Acuerdo de Asociación con la UE y otro sobre libre comercio en 2014. 

Los comunistas y liberales se disputaron el poder y los boicots fueron algo habitual, fue prácticamente imposible que el legislativo designase a un presidente y la reforma constitucional de 2010, que planeaba solucionar este problema, fracasó de forma estrepitosa, con únicamente un 30% de participación. Se convocaron nuevas elecciones parlamentarias en noviembre de 2010 y el PCRM fue de nuevo el más votado, aunque perdiendo bastantes votos. La coalición de los tres partidos liberales volvió a formar gobierno y de nuevo hubo diversos debates y riñas por el puesto presidencial. El Partido Socialista moldavo (PSRM), que hasta entonces había recibido pocos votos o había apoyado al PCRM, formó su propio grupo a finales de 2011, encabezado por Igor Dodon. Finalmente, el 16 de marzo de 2012, el parlamento moldavo eligió a un presidente tras 917 días de pugna política y gracias a que 3 diputados del PCRM se pasaron al PSRM y votaron a favor de la investidura de Nicolae Timofti. Los problemas tampoco acabaron, monumentales casos de corrupción salpicaron al oligarca Ilhan Shor así como a Vladimir Plahotniuc y al gobierno del PDM. 

El PSRM de Igor Dodon terminó por desplazar al PCRM, el cual prácticamente ha desaparecido. A diferencia de éste último, el PSRM tiene una posición mucho más conciliadora con Rusia, la cual no oculta, y también se opone a la integración de Moldavia en las esferas occidentales de poder así como a la reunificación con Rumanía. Se caracterizan por cierta dosis de conservadurismo social y la renovación de la identidad nacional moldava en contraposición a la asimilación rumana y los “modelos culturales occidentales alejados de los valores tradicionales que degradan el espíritu”. Su objetivo es “construir una sociedad socialista democrática” y son críticos con el “capitalismo petrolero-arcaico” implementado hasta ahora, que ha llevado a Moldavia al “abismo” y la ha convertido en una “colonia”. Propugnan el desarrollo industrial y científico, la mejora de la educación y la sanidad, pero al igual que sucedió con el PCRM, no se les puede considerar dispuestos a instaurar un sistema comunista.  

El PSRM fue el partido más votado en las elecciones parlamentarias de 2014. En 2016 tuvo lugar una decisión polémica, la Corte Constitucional declaró la revisión del 2000 que instituyó el sufragio indirecto para designar al presidente, como inconstitucional y por ende la revirtió. Ese mismo año se celebraron elecciones presidenciales, en las que Igor Dodon se alzó con la victoria en segunda vuelta con un 52% de los votos. El PSRM aprovechó los casos de corrupción de sus rivales y las dificultades económicas para presentarse como alternativa viable, aunque victoria también estuvo marcada por denuncias de irregularidades en el censo.

Durante los últimos meses, los diversos problemas económicos y demográficos que enfrenta Moldavia desde finales de los 90 se han agudizado de nuevo a raíz de la pandemia y de que el poder ejecutivo se haya enfrentado con una oposición que cuenta con la simpatía de las élites rumanas. La crisis constitucional del verano de 2019, que siguió a las elecciones legislativas, pasó prácticamente desapercibida. Se necesitaba un acuerdo entre dos de los tres mayores partidos para formar gobierno. Legalmente, el parlamento tenía, según la constitución “3 meses” para ello. En caso de no lograrlo, el presidente Dodon debía disolverlo. El TC interpretó que estos 3 meses contaban con 90 días (marzo, abril y mayo sumaban 92 días). Las luchas de poder vieron la formación de un gobierno prácticamente a última hora con la alianza de la plataforma DA-PAS (liberales europeístas), liderada por Maia Sandu y el PSRM. El problema fue que esta alianza se formó al día 91.

Dodon se negó a disolver el parlamento (siendo favorable a la interpretación de los 92 días). El cabinete saliente, controlado por el Partido Democrático (PDM), protestó la situación y el TC se puso de su parte, intentando destituir a Dodon y dar poderes a Pavel Filip (PDM). Filip intentó disolver el parlamento y llamó a nuevas elecciones. La recién formada coalición DA-PAS/PSRM consideró que estas acciones eran ilegales y no las acató. Se convocaron protestas y acampadas en la capital. Se dio una situación de gobierno dual en la que dos cabinetes se acusaban mutuamente de estar infringiendo la ley. La crisis terminó cuando en junio el TC rectificó su decisión de apoyar la queja del PDM y reconoció al nuevo gobierno dirigido por Maia Sandu. Desde Rusia hasta la UE, todos criticaron las acciones del PDM. El entonces líder del PDM, Vladimir Plahotniuc, quien a su vez es uno de los oligarcas más poderosos e influyentes del país, huyó en su avión a EE.UU (ahora se encuentra en Turquía), a pesar de existir una prohibición de visa para él y su familia en dicho país. Consecuentemente, los miembros del TC, cercanos al PDM y a Plahotniuc, renunciaron a su puesto. 

 

 

Por si todo esto no pareciese ya suficiente tensión, Maia Sandu fue sometida a una moción de confianza en noviembre de 2019, la cual perdió. El PSRM afirmó que el bloque DA-PAS, que lideraba Sandu, había violado el acuerdo de gobierno al sugerir que éste último delegase poderes a la Primera Ministra para proponer a miembros del poder judicial. Tras esto, el bloque DA-PAS también se rompió. Ion Chicu fue nombrado Primer Ministro y sobrevivió a una moción de censura en julio de este año e irónicamente lidera un gobierno conjunto con el PDM. Éste último vive un proceso de reconstrucción y sigue siendo un partido personalista con muchos funcionarios públicos de nivel municipal o regional que aspiran a volver a ser el partido número uno. Por el momento, el PDM usa al PSRM para recuperar fuerzas y con la perspectiva de asaltar el poder en un futuro cercano, mientras, el PSRM se sirve del PDM para conservar un ajustado control en el parlamento a través del “matrimonio anormal” de prorrusos y proeuropeos. 

El caos político moldavo se ve favorecido por la debilidad energético-comercial y la corrupción, al igual que en el caso Transnistrio. Moldavia no produce como antaño y es muy dependiente de sus vecinos. Su balanza comercial es negativa, pero no de forma tan marcada como la de Transnistria, aunque también es preocupante. Al igual que Transnistria, Moldavia exporta alimentos, maquinaria, ropa y metales, mientras que importa manufactura, productos energéticos y químicos. Sus mayores socios en cuanto a exportaciones son: Rumanía (27%), Italia (10,2%), Alemania (7,83%) y Rusia (7,54%). En importaciones se invierte un poco el orden: Rumanía (20,3%), Ucrania (12%), Rusia (9,35%) y Alemania (8,32%). Entre 2011 y 2018 Moldavia incrementó su comercio con Rumanía en un 141% y lo redujo Rusia en un 64%, al igual que en el caso de Transnistria, los negocios con Occidente se han incrementado. 

Crisis poblacional y pobreza.

Moldavia ha mejorado su situación económica respecto a los 90 y el crecimiento desde principios del 2000 ha sido relativamente estable, pero no fue hasta 2013 cuando alcanzó el 68% del PIB que tenía en 1990. A pesar de esto, sigue siendo considerado como el estado más pobre de Europa y el salario neto mensual equivale a 330€. El éxodo poblacional es un gran problema. Si en 1989 contaba con 4.3 millones de habitantes (sumando Transnistria), en 2019 quedaban únicamente 2.68 millones (3 millones sumando Transnistria). Los moldavos son el grupo étnico más numeroso con diferencia, pero también cuentan con las minorías de rumanos, ucranianos, gagaúzos, rusos y búlgaros, entre otros. Moldavia ha perdido 1/3 de su población y según la ONU, para 2035 perderá un 22% más, situándose en los 2.08 millones. Moldavia se enfrenta, sin duda, a la desaparición como estado a pesar de ser relativamente joven para el estándar UE, ya que la edad media se sitúa en los 37 años. 

Dentro de la dinámica habitual, el descenso poblacional en Transnistria también es notable. Contaba con más de 600 mil habitantes en 1989. Esa cifra se ha reducido hasta las 465 mil personas en 2020 según los datos publicados por el Ministerio de Desarrollo Económico de la república. No obstante, es muy probable que ésta cifra sea algo inferior debido a que incluye a la población considerada como “ausente”.  En 2020 se contabilizan diversos grupos étnicos: 34% rusos, 33% moldavos, 27% ucranianos, 3% búlgaros 1,2% gagaúzos y unos pocos miles de alemanes y polacos, entre otros. La región sufre de una inflación del 100,30% y el salario medio, según datos oficiales, se sitúa en los 5035 rublos transnistrios, lo cual equivale a unos 266€. 

La situación es obviamente muy complicada. Si tomamos otros datos como la tasa de mortalidad infantil, que suele ser uno de los indicadores principales que revelan las condiciones de un estado, veremos que Moldavia se sitúa (2019) todavía en un ratio de 12. Moldavia está acompañada por estados como Colombia o Perú y bastante lejos de vecinos como Rumanía (6) o Ucrania (7). En el espacio postsoviético, tan sólo las repúblicas de Asia Central (excepto Kazajistán) y Azerbaiyán tienen peores datos.  

 

 

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¿Explosión a la vista?

Diversos candidatos estaban dispuestos disputar el poder a Dodon. Maria Sandu por PAS, Andrei Nastase por PPDA (que rompió con Sandu y el PAS en 2019), Renato Usati (PN), Violeta Ivanova (MR) o Tudor Deliu (PLDM), entre otros. Las encuestas indicaron casi desde el principio que Maria Sandu es quien contaba con más papeletas para enfrentarse cara a cara con Dodon en segunda vuelta. Durante el mes de septiembre, Dodon osciló en torno al 30% de los apoyos, con Sandu siguiéndole de cerca. Las encuestas de octubre arrojan diversos porcentajes dependiendo de quien la realice, pero la mayoría muestran a Dodon como vencedor. Sandu espera conseguir un buen resultado en primera vuelta y aunar los apoyos de las formaciones europeístas y panrumanistas (PPDA, PLDM, coalición MPU) para la segunda vuelta. La oposición moldava vivió un nuevo despertar durante las presidenciales de 2016 y su marcado carácter liberal y proeuropeo será decisivo. Las elecciones en el país no destacan tanto por las vagas promesas en política interior, que apenas suelen cumplirse, sino por el componente externo. Dodon sigue poniendo el énfasis en el carácter plural de la política exterior moldava, lo cual beneficia a Rusia, pero conlleva que ésta se tenga que comprometer a prestar una asistencia económica cada vez más costosa. Esto contrasta con la visión de Sandu, sobre todo el énfasis en la UE y la integración en las estructuras y dinámicas de la organización. No obstante, ésta fórmula tampoco es infalible,

La abstención, como de costumbre, será considerable. Maia Sandu, que ocupó un puesto como asesora en el Banco Mundial, cuenta con el apoyo directo de los organismos de la UE, que tras invertir tanto dinero en el país durante años, esperan ver un definitivo cambio de rumbo. Este mismo año, la Comisión Europea propuso un paquete de ayudas de 100 millones de euros para Moldavia dentro de un programa de apoyo para estados vecinos de la organización. El presidente del Partido Popular Europeo, Donald Tusk, mostró su apoyo a Sandu a principios de septiembre, ya que PAS es observador en el PPE. 

Sandu comenzó a avisar acerca del “fraude masivo” que considera que se producirá en las elecciones, algo que también hizo en 2016. Dodon, por su parte, mantuvo una videoconferencia con Vladimir Putin a finales de septiembre y aseguró un préstamo de 200 millones de euros para Moldavia en caso de victoria. También pidió un descuento del 12% en el precio del diésel para los sectores agrícolas. Dodon no tendría dificultades para revalidar el puesto de no haber sido por los efectos de la pandemia, que acentúan una situación ya de por sí difícil y le debilitan. Es por ello que el director del Servicio de Inteligencia Exterior ruso (SVR), Serguei Naryshkin, aseguró que se está orquestando una “revolución de color” en el país. 

Tanto la oposición como el gobierno se acusan, respectivamente, de contar con consejeros rumanos y rusos entre sus filas y de llevar a cabo tácticas de desinformación. También es muy posible que se produzcan manifestaciones de una u otra parte contra el eventual vencedor, una situación que podría degenerar en violencia. A pesar de esto, una victoria de Sandu no conllevaría un cambio inmediato, ya que Moldavia no es una república presidencialista y el parlamento está dominado por el PSRM y sus socios de gobierno del PDM. 

En agosto de este año, un 72% de los moldavos consideraba que el país se dirigía en la dirección equivocada, siendo el desempleo (32%), los bajos salarios (23%) y un liderazgo incompetente y poco profesional (22%) los principales problemas. Los recientes eventos en Bielorrusia, el conflicto entre Azerbaiyán y Armenia y las protestas en Kirguistán parecen haber encendido los ánimos en el espacio postsoviético. Que Moldavia se sume a esta lista, tampoco sería sorprendente. La reciente estabilización del poder político en Rumanía, con el descalabro de los socialistas y el auge del centro-derecha liberal, conllevará sin duda mayores intentos desde Bucarest por impulsar un cambio político en Moldavia que favorezca una eventual reunificación. Rumanía celebrará elecciones legislativas en diciembre, una victoria de candidatos europeístas en Moldavia, gracias a la asistencia de su vecino, sería un gran reclamo electoral. 

Las buenas relaciones y el comercio entre Moldavia y Rumanía han ido en aumento, así como los movimientos que buscan una reunificación. Muchos moldavos poseen pasaporte rumano y ven en ésta una vía de acceso a la UE, pero no constituyen una mayoría clara. En Rumanía, un 53% considera que ésta y Moldavia se deberían reunificar. En Moldavia este sentimiento es menor. Una encuesta de IMAS en junio de este año reveló que el 37% de los moldavos votarían a favor de una reunificación. Un contraste es que un 64% de los moldavos se muestra favorable al ingreso en la UE, pero tan solo un 23% votaría a favor de ingresar en la OTAN, lo cual destaca respecto a la visión mayoritariamente positiva de los rumanos (61%) con la OTAN. Los resultados son más favorables a la reunificación en Chisináu y regiones aledañas, donde el voto a las formaciones liberales, europeístas y panrumanistas es más marcado que en el norte y sur. 

Un intento radical de cambio político en Moldavia llevaría a una situación de conflicto no sólo entre la población moldava, sino también con Transnistria y posiblemente Rusia. Si bien es cierto que el comercio con ésta última ha ido en descenso, todavía es un socio comercial importante, sobre todo en materia energética. Para combatir esta dependencia, Rumanía ideó el gasoducto Ungheni-Chisináu, a través del interconector Iasi-Ungheni,  como alternativa al suministro ruso. No obstante, la capacidad de este gasoducto rondaría los 0.5 bcm al año (Rumanía pretende triplicar esta cifra), como comparación, Gazprom vendió cerca de 2,89 bcm de gas a Moldavia en 2019 y además de eso, el gas ruso es más barato, según el jefe de Moldovagaz. El gas natural representa más de la mitad del suministro total de energía primaria a Moldavia (53% en 2018), el petróleo aproximadamente una cuarta parte (23% en 2018). Rumanía planea expandir el suministro, pero para ello, primero debe resolver sus problemas con la explotación de las reservas en el Mar Negro, que se ha visto detenida por trámites legales y diversos problemas con ExxonMobil y OMV. En todo caso, el impacto notable de este suministro de gas rumano a Moldavia no llegará hasta 2022 o incluso 2023, siendo optimistas. Otro problema para este suministro lo constituye el sistema de transmisión. Si bien el gasoducto y el interconector son propiedad de Vestmoldtrasngaz, filial de la rumana Transgaz, el resto de la red es parte de Moldovagaz, cuyo accionista principal es la rusa Gazprom (64% de las acciones). Gazprom podría bloquear suministros alternativos mientras negocia una prolongación del contrato y Moldovagaz no se disuelva, tal y como le exige la UE a Chisináu. A principios de octubre, Transgaz aprobó la venta del 25% de Vestmoldtransgaz al Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo, los actores occidentales están tomando pasos para incrementar el poder de negociación de Rumanía en la región, con la vista puesta en Moldavia y la influencia de Gazprom. 

 

 

La influencia rusa en Moldavia, sin embargo, va más allá de la energía y está también presente en los sectores bancario o incluso religioso. Las remesas de los emigrados Moldavos son otro tema a destacar, ya que representan un 15,9% del PIB según el Banco Mundial (2019), si bien lejos del 30% de hace más de una década, todavía es una cifra considerable y que se ve afectada por la situación de pandemia. Muchos de estos emigrados moldavos trabajan en Ucrania o países de la UE, pero también en Rusia. Según el Centro de Promoción y Apoyo a la Juventud Moldava, en total hay más de 477 mil, pero estas cifras, según los estudios de RANEPA, son más bajas, oscilan torno a las 350 mil personas y van en descenso. 

Sin duda, expulsar la histórica influencia rusa de Moldavía así como a las tropas rusas de Transnistria sería todo un éxito geopolítico para la UE y para los EE.UU. Éstos últimos están trasladando parte de su contingente desde Alemania a Rumanía y buscan expandir las bases de la OTAN en dicho país. Recientemente, el Ministerio de Interior Moldavo ha anunciado “repetidas provocaciones” por parte de Transnistria, incluido el supuesto secuestro de un policía moldavo por parte de los servicios secretos transnistrios en Floresti. Los ánimos están cada vez más caldeados, las noticias sobre provocaciones y los avisos sobre amaños electorales previos a unas elecciones tan importantes no son una señal positiva. 

Expulsar a Rusia de Moldavia y romper del todo con ella es algo complicado, fácil de decir, pero no de hacer, las formaciones europeístas lo saben. Incluso en el caso de que se instalase un gobierno totalmente hostil a Rusia en Chisináu, se podrían producir embargos como en 2013, tras la firma del acuerdo moldavo de asociación con la UE. Esto haría daño a la industria y agricultura moldavas, pero a medio plazo terminaría por llevar a una mayor diversificación del mercado y al debilitamiento de la capacidad rusa en la región. A la larga, la expulsión la influencia rusa de Moldavia y posiblemente Transnistria (algo que Rusia no tolerará) conllevaría un ahorro de dinero para el Kemlin en préstamos y fondos. Como contrapartida, los actores occidentales y sobre todo Rumanía (si de verdad pretende una reunificación), tendrían que asumir los costes y coordinar masivos paquetes de ayuda económica y programas para Moldavia, al igual que se ha estado haciendo con Ucrania, con “éxitos” muy cuestionables. El factor migratorio también se tendría que tener en cuenta para un país que se está desangrando. Mayores facilidades en el proceso de visas con la UE o la unificación con Rumanía conllevarían un incremento del éxodo. La perspectiva de proporcionar ingente ayuda económica a Moldavia, programas de integración y demás en ésta época de pandemia, con el frente bielorruso todavía abierto, así como los quebraderos de cabeza y desafíos que provoca Turquía, entre otros muchos problemas, serían otra dificultad añadida para la UE. 

Las autoridades de Transnistria no verían con buenos ojos un acercamiento a Occidente y menos aún una reunificación con Rumanía. Incluso sin la presencia de las tropas rusas, los transnistrios recurrirían a las armas para defender su independencia. Si todo se saliese de control, sería también peligroso para Ucrania, que ya tiene suficientes problemas con el conflicto en el este del país, al cual se sumaría otro en su frontera suroeste. En caso de ver su influencia atacada por la fuerza, Rusia podría aprovechar para desestabilizar en ambos frentes y lo que es más, otros países podrían ser propensos a intervenir diplomáticamente. Hay que recordar, de nuevo, que toda la región histórica que nos concierne además de contar con población moldava, rumana, ucraniana y rusa, cuenta con el factor de las minorías gagaúza, búlgara, generalmente favorables a Rusia. A la disputa entre la influencia rusa y occidental se le sumaría el deseo de cada estado por defender a su minoría respectiva. Un ejemplo de ello es que las minorías que residen en el territorio ucraniano se ven sujetas a discriminación con las nuevas reformas educativas, algo que provocó las protestas de Bulgaria, Hungría o Moldavia, entre otros. Incluso Turquía podría invocar la carta de la minoría gagaúza (debido a la conexión lingüística) si lo quisiese y trataría de ejercer presión para alimentar su imagen como “defensor de los turcos”. En 2015 los gagaúzos eligieron a Irina Vlah como nueva gobernadora. Vlah cuenta con el apoyo del PSRM y destacó por hablar de la necesidad de acercarse a Rusia. En 2014 un 98% de los gagaúzos votó en un referéndum, muy criticado por Chisináu, a favor de la integración en la Unión Aduanera Euroasiática que lidera Rusia. A su vez, un 99% votó a favor de que Gagauzia se declarase independiente si Moldavia llegase a perder su independencia. En resumen, se podría ver incluso una cooperación ruso-turca en favor de los gagaúzos si llegase a haber una escalada de tensión, ya que juegan a favor de los intereses de ambos estados. La perspectiva de una guerra parece lejana, pero si algunos actores no cuidan sus pasos, todo podría degenerar en caos. Los intereses extranjeros son muchos, los costes políticos, económicos y humanitarios serían catastróficos. 

Moldavia y Transnistria constituyen un caso especial y un claro ejemplo de los resquicios fronterizos entre los imperios ruso/soviético, la difusa cuestión nacional moldava, el panrumanismo y la expansión de la Unión Europea. En un mundo idílico, las distintas potencias con intereses en la zona cooperarían para solucionar la disputa, pero en el mundo real no siempre funciona así. La idea de una federación asimétrica pareció la mejor solución hace años, pero con la progresiva degradación en Moldavia, su existencia, no ya como estado independiente, sino como estado en sí, tiene cada vez menos perspectivas de futuro y más de inestabilidad. Los esfuerzos de la UE para aumentar los vínculos con Moldavia siguen sin conseguir neutralizar la influencia rusa. Si bien ésta ha disminuido, los europeístas no han obtenido los resultados electorales esperados durante estos años. Las divisiones sociales, culturales y políticas en Moldavia así como entre las sociedades en ambas orillas del río Dniéster se han incrementado y acentuado; la salud de las instituciones se ha deteriorado, la clase política es incapaz de una reforma efectiva. Moldavia corre el peligro de resquebrajarse a causa de estas prolongadas disputas este-oeste. Las tensas relaciones de la UE con Rusia no ayudan en absoluto a avanzar hacia una solución pacífica que satisfaga a todas las partes. El conflicto Moldavia-Transnistria se torna menos resoluble con cada año que pasa y representa un peligro del cual pocos parecen ser conscientes. 

 

 

 


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Rumanía es un punto clave de encuentro histórico y cultural entre el sur, centro y este de Europa. Es un estado imposible de encuadrar debido a las tres zonas que lo rodean y que geográfica, política y económicamente lo dividen en “las tres Rumanías”.


 

Este artículo tratará de explicar la importancia estratégica del país, su historia, los desafíos que ha enfrentado y los que le aguardan. Durante estos meses, Rumanía vivirá dos grandes procesos electorales (locales y legislativas) y sin duda habrá que estar pendientes del resultado de las presidenciales de su fraternal vecino, Moldavia, que apenas recibe atención a pesar de su importancia para la estabilidad en la zona. 

El factor geográfico más determinante para Rumanía y su identidad histórica han sido los Montes Cárpatos. Extendiéndose desde el paso del Danubio por Bratislava, tejiendo un semicírculo por Transcarpatia y Transilvania y finalizando en las Puertas de Hierro que separan a estos montes del sistema montañoso balcánico. Zona rica en recursos minerales y vida silvestre, ha servido durante mucho tiempo como defensa y refugio en forma de arco contra los invasores. La presencia de los imponentes Cárpatos hace que Rumanía destaque estratégicamente frente a los estados que ocupan la gran llanura europea. La presencia húngara y austríaca durante varios siglos en Transilvania ha conllevado cierto carácter e influencia centroeuropea para la región. 

En el noreste, en la actual Moldavia, está localizada la desembocadura de la estepa euroasiática que se extiende hasta Mongolia, lo cual ha conllevado el trasiego de múltiples pueblos nómadas que en ocasiones han terminado chocando contra los Cárpatos. La zona de Moldavia está primordialmente integrada dentro de las dinámicas propias del extremo más oriental de Europa. 

El río Danubio ha jugado otro papel importante para Rumanía, ya que gracias a su flujo por el sur del país, condiciona la existencia de una fértil llanura en las planicies valacas, zona agrícola clave. Es en la llanura de Valaquia donde se encuentra la capital, Bucarest, así como otras ciudades importantes para el comercio, el tráfico fluvial y la industria. Si bien la población de Rumanía está repartida de forma equilibrada por el territorio, la importancia económica y política de Valaquia, su conexión con los Balcanes (Bulgaria, Serbia y Turquía) y el desarrollo que vivió durante la época otomana la convierten en el corazón del estado rumano surgido en el siglo XIX. Al norte de Bucarest se encuentra Ploiesti, la capital del oro negro, centro industrial para la producción y refinación de petróleo que convirtió a Rumanía en uno de los estados pioneros en la producción y exportación de dicho recurso durante el siglo XIX y principios del XX. Valaquia es clave para el comercio con Occidente, y es por ello que Rumanía es muy dependiente de la UE y siempre se mantiene expectante acerca de lo que ocurre en el corazón de la unión. Rumanía también representa el extremo oriental del canal Meno-Rin-Danubio y una zona importante donde se cruzan los corredores de transporte paneuropeos de este a oeste (Estambul-Tesalónica-Constanza-Bucarest-Budapest-Viena-Bratislava-Praga-Dresde) y de norte a sur (Helsinki-Moscú-Kiev-Odessa-Chisináu-Bucarest-Dimitrovgrad-Alexandrópolis). La importancia de Rumanía como ruta comercial y energética se podría ver incrementada por la consecución de proyectos como la Iniciativa 3 Mares, el cual, entre otras cosas, busca desarrollar la ruta transcarpática (Bulgaria-Rumanía-Hungría-Eslovaquia-Polonia) para el comercio de bienes y el flujo de energía, en detrimento de las clásicas rutas Este-Oeste y en favor de la cooperación inter-regional entre los pequeños y medianos países de Europa Oriental. 

Otra zona a considerar para Rumanía es el Mar Negro. La región costera y el puerto comercial de Constanza son un punto de conexión geoeconómico que unen los mercados de Europa Central y del Este con Asia. Constanza es el mayor puerto de la cuenca del Mar Negro y juega un factor importante de conexión fluvial con el Mar del Norte (Rotterdam). El Mar Negro constituyó en su día también una debilidad, ya que la desembocadura del Danubio fue utilizada por los otomanos como punto de invasión fluvial a través de la cual se internaron en el corazón de Valaquia. Es por esto que durante siglos, los principados rumanos se aliaron ya fuese con los otomanos o con Rusia cada vez que su posición en el Mar Negro estaba en peligro y el país estuviese sujeto a una invasión. El Mar Negro podría tornarse todavía más importante para la economía rumana dentro de unos años debido al paulatino agotamiento de las reservas petroleras de Ploiesti. Éstas podrían ser sustituidas por la explotación de los recursos marinos. No obstante, Rumanía todavía no dispone de la capacidad para llevar a cabo tales tareas por sí sola y ha encontrado diversos problemas legales así como otras dificultades para desarrollar la última fase del proyecto Neptun Deep junto con la estadounidense ExxonMobil y la austríaca OMV. Dicho proyecto se ha visto también afectado por la pandemia del covid y su financiación quedó postergada hasta 2021. Los planes rumanos también enfrentan los desafíos de Turquía y Rusia, que persiguen la consecución de sus propios intereses en el Mar Negro. 

El territorio actual de Rumanía es también punto de contacto de los 4 grandes factores climáticos y biogeográficos de Europa.

Occidental, caracterizado por la presencia de masas oceánicas de aire, es más presente en la llanura de Banat – Crişana y la parte oeste de los montes Apuseni. 

Oriental, caracterizado por un clima continental templado y sombreado, presente en la meseta de Moldavia y la llanura de Bărăgan.

Sur, marcado por cierta aridez y diversas especies de flora y fauna. Presente en el Banat, Cerna, las montañas Mehedinţi, y el sur de Dobrudja 

Norteño, muy atenuado en las zonas boscosas de los Cárpatos ucranianos, pero que igualmente afecta a la Subcarpatia de Bucovina y la meseta de Suceava. 

 

 

Fue en los Cárpatos y en la llanura de Panonia donde los Dacios/Getas crearon sus primeros asentamientos y desde donde se expandieron. En los Cárpatos es donde la Dacia romana, establecida en tiempos de Trajano, tenía sus urbes más importantes, así como su capital, Ulpia Traiana. Es esta región de Dacia Romana (Transilvania y zonas adyacentes), la cual juega, como ya se ha dicho, un papel importante en la historia y cultura rumanas. Si bien la región cumplía su función como muro de contención frente a los invasores de la estepa y otorgó gran beneficio a los romanos a través de sus minas, fue abandonada por el Imperio durante el siglo III por orden del emperador Aureliano. El saliente dacio era difícil de defender por las constantes presiones de las tribus al norte y este y el Imperio tenía otros muchos problemas; por lo que retornó a la frontera natural que demarca el Danubio. La población, no obstante, conservó la herencia romana en su identidad, cultural y lengua. 

Tras el abandono romano, diversos pueblos germánicos como godos, gépidos y ávaros pasaron a dominar la zona de Dacia y alrededores. La población local se dedicó a las prácticas habituales de la época como el pastoreo y la agricultura. La influencia latina, por su parte no desapareció del todo y la creciente influencia griega representada por el Imperio Bizantino, no consiguió asentarse más allá de la frontera del Danubio. El escarpado terreno contribuyó a que los locales mantuviesen parte de su identidad diferenciada, lo cual conllevó el germen para la posterior aparición de la nación rumana. Al no existir una autoridad clara sobre la zona, la invasión huna del Imperio Romano atravesó los Cárpatos con facilidad. Los hunos sembraron caos, pero también hicieron de la zona parte de su hogar, al igual que muchas tribus eslavas que llegaron procedentes del noreste a partir del siglo VI. 

La llegada del pueblo de los Bulgar, durante el siglo VI, conllevó una pugna con el Imperio Bizantino. Estos predecesores de los actuales búlgaros se habían asentado en el delta del Danubio, en la parte rumana de la región de Dobrudja, pero no les era un área favorable. Los bizantinos trataron de expulsarlos, pero fueron derrotados y los bulgar se asentaron al sur del Danubio. Los ávaros, por su parte, se habían establecido en la zona de la Panonia y también tenían control sobre la antigua Dacia romana. 

El posterior dominio que ejercerían los búlgaros sobre el territorio de la actual Rumanía es siempre motivo de debate. No obstante, entre los siglos VIII y IX, el reino búlgaro sostendría diversos conflictos contra la expansión de los Jázaros hacia los Balcanes a través de la ruta del noreste (actual Moldavia) y contribuiría en la destrucción y desaparición del reino de los Ávaros de Panonia. Se cree que Bulgaria expandió su dominio hasta el curso del Dniester al norte y noreste además de hasta la actual Budapest al noroeste. Todo esto es debatible, era un área de gran tamaño poblado por pueblos dispersos y difícil de mantener. Lo más probable es que el dominio búlgaro no estuviese asentado más allá de Valaquia, siendo el resto de la actual Rumanía un área de avanzadillas defensivas frente a invasores. 

A finales del siglo IX, las grandes tribus de los magiares (húngaros), procedentes de la estepa póntica y presionados por la migración de los pechenegos, invadieron los Cárpatos y la llanura panónica y se mezclaron con la población local. Desplazaron el dominio de los búlgaros al sur del Danubio y establecieron su control en lo que antaño fue el territorio de los ávaros. Cuando los pechenegos migraron, desplazaron a los magiares más allá de los Cárpatos. Durante el periodo feudal la población local sirvió en las filas de diversos bandos dependiendo de la situación y comenzaron a organizarse bajo la dirección de pequeños señores al servicio de las distintas potencias en la zona. Los pechenegos junto con los cumanos, que llegaron a principios del siglo XI, fueron los últimos pueblos nómadas en diseminarse por el territorio de la actual Rumanía. El Reino de Hungría, los Habsburgo y el Imperio Austríaco, pasarían a  dominar Transilvania durante cientos de años y a dejar su impronta. A partir del siglo XIV, distintos voivodas y príncipes comenzaron a rebelarse contra la autoridad extranjera y crearon principados como el de Valaquia y Moldavia. Pese a ello, Polonia, Lituania y Rusia presionaban por el norte y noreste, mientras los turcos avanzaban por el sur de la Península Balcánica. Los predecesores de los rumanos tuvieron que sobrevivir a base de su ingenio y de nuevo aliarse con uno u otro bando dependiendo de la situación.  

La orografía rumana contribuyó a la división histórica en tres entidades distintas o “tres Rumanías”: Moldavia, Valaquia y Transilvania. La rivalidad entre estas regiones, los distintos poderes que las controlaban y el factor del terreno contribuyó a la dificultosa unión de Rumanía bajo una misma autoridad independiente durante siglos. La prestigiosa casa Basarab dio lugar a la pugna entre las casas de Draculesti y Danesti, que se disputaron los tronos de Valaquia y Moldavia mientras combatían la injerencia extranjera. Entre los diversos líderes que hubo destacan algunos nombres como Stefan III de Moldavia, Vlad Draculea, Mihai el Valiente (primero que consiguió unificar los tres territorios rumanos), Dimitrie Cantemir o Constantin Brancoveanu.

 

 

A pesar de su resistencia, los dos principados rumanos de Valaquia y Moldavia perdieron totalmente su capacidad de ejercer una política externa independiente y se convirtieron en vasallos del Imperio Otomano, siendo más tarde objeto de disputa entre éste y el Imperio Ruso, que buscaba incrementar su influencia en los Balcanes. 

El siglo XIX fue el momento clave para Rumanía. El Imperio Otomano no podía contener a Rusia y ésta comenzó a incrementar su presencia en los Balcanes a partir de la Guerra ruso turca de 1806-1812. Los rusos ya habían establecido su influencia en la región a partir del tratado de Küçük Kaynarca, que les daba derechos de intervención, entre otros. Gran parte de lo que venía siendo Moldavia acabó en manos rusas y fue integrada en la gobernación de Besarabia. El Regulamentul Organic, a pesar de establecer el protectorado ruso sobre los principados rumanos, fue el primer paso para crear una futura constitución rumana. 

No fue hasta las revoluciones de 1848 y con la continua reducción de poder del Imperio Otomano y sus guerras con Rusia, cuando Valaquia y la parte de Moldavia que no había sido integrada en Besarabia intentaron unirse de nuevo bajo un estado rumano. En ambos territorios los intentos de revolución fueron reprimidos por otomanos y rusos, no obstante, el despertar nacional era ya imparable y se lograron diversos avances legales, en materia de derechos y administración. 

Si bien el factor del idioma rumano jugó un gran papel en la formación del sentimiento nacional en Valaquia y Moldavia, en Transilvania lo fue sobre todo la religión ortodoxa. Los habitantes rumanos fortalecieron su conciencia étnica en contraposición a sus dominadores católicos y ello quedó patente gracias a personas como Avram Iancu, que lideraron la oposición paralela de los rumanos de Transilvania, independientemente de las protestas de la población húngara frente al descontento con la administración imperial austríaca. No obstante, pasaría tiempo hasta que este territorio se uniese a Moldavia y Valaquia. 

Es en este periodo cuando se escribe la letra del actual himno rumano, la cual es tomada del poema escrito por Andrei Muresanu, destacado personaje durante la revolución de 1848, originario precisamente de Transilvania y prueba de la importancia identitaria de la herencia romana. Una de las primeras estrofas dice así:

“Ahora o nunca, demostremos al mundo que por estas manos fluye la sangre de romano, y de que en nuestro pecho conservamos con orgullo un nombre, triunfante en batalla, el nombre de Trajano”. 

Tras la Guerra de Crimea y la derrota rusa, el tratado de Paris de 1856 estableció de manera oficial los “Principados del Danubio”, los cuales fueron puestos bajo protección de las grandes potencias y los rumanos acabaron organizándose bajo el liderazgo de Alexandru Ioan Cuza como domnitor (príncipe) y su Partida Națională. En 1862 los principados adoptaron el nombre de Rumanía y se llevaron a cabo profundas reformas para impulsar una constitución, una organización estatal eficiente, transferir la propiedad de la tierra a los que la trabajaban, crear un sistema educativo, un sistema legal y un ejército. Durante esta época, Rumanía sirvió como base de operaciones y centro de reabastecimiento para los revolucionarios búlgaros y griegos que luchaban contra el dominio otomano. 

Alexandru Ioan Cuza no duró mucho en el poder a causa de la reforma agraria y tuvo que abdicar, siendo sustituido por Karl de Hohenzollern-Sigmarinen o Carol I, como se le suele denominar. El parlamento rumano declaró su independencia en 1877, la cual vio reconocida tras el tratado de Berlín y por su participación en la guerra ruso-turca (1877-1878). A pesar de la procedencia germana de su monarca, el gobierno rumano supo ver la oportunidad de ganar Transilvania durante la Primera Guerra Mundial y se alió con la Entente. No obstante, las tropas rumanas no fueron rival para la alianza germano-búlgara y el país quedó aislado tras la retirada del Imperio Ruso de la guerra. Rumanía tuvo que pedir la paz. No obstante, la Entente pudo cambiar las tornas en 1918, Rumanía consiguió reengancharse al conflicto y pudo beneficiarse del Tratado de Versalles y el Tratado de Trianón, especialmente tras haber derrotado a la efímera República Soviética Húngara de Bela Kun en 1919. Hungría perdió definitivamente territorio en favor de Rumanía y las grandes potencias reconocieron la unión de Bucovina y Transilvania con el estado rumano. Transilvania todavía está poblada por una considerable población étnica húngara y Trianón representó una humillación para Hungría. Aún a día de hoy, ese tratado es motivo de conflicto y causa de ciertas aspiraciones revisionistas. A pesar de ello y contra lo que suele ser habitual, la región no constituye un “polvorín” dentro de la propia Rumanía. Además de esto, Besarabia volvió a Rumanía tras la disolución de la también efímera República Socialista Soviética que se formó allí en 1919. Con esta nueva configuración, Rumanía logró constituir su ansiada “Gran Rumanía”, el único estado de la zona balcánica en conseguir satisfacer en gran medida su irredentismo.

 

 

Este éxito no duraría mucho. Durante los próximos años Rumanía destacó por la radicalización política y social.  En 1927, Corneliu Codreanu fundó la Guardia de Hierro (Garda de Fier), también conocida como Legión de San Miguel Arcángel, cuyos integrantes se denominaban “legionarios”. Esta era una organización fascista que incluyó bastantes elementos clericales y misticismos en su estructura ideológica, además de que sus ideas giraban en torno a la persecución de un “hombre nuevo” a través de la consecución de una “espiritualidad pura”. En 1907 una gran revuelta campesina ya había sido reprimida con mucha dureza por las autoridades, lo que llevó a que gran parte del descontento fuese capitalizado por la Guardia de Hierro para sus propios intereses. Una parte importante de la élite política rumana era francófila, pero el país sufría mucho económicamente y a pesar de las leves mejoras en el ámbito de la industria, las malas condiciones campesinas continuaron favoreciendo el auge de la Guardia de Hierro y sus posiciones.

Se había mantenido un aparente sistema Constitucional Monárquico durante el Reinado de Ferdinand I, tras su muerte, el Partido Nacional Liberal (PNL), que había dominado durante años, se tornó corrupto, siendo suplantado por el Partido Nacional Campesino, una formación agraria y de centro-derecha fiel a la monarquía que había surgido como consecuencia de la unión del Partido Nacional Rumano de Transilvania y el Partido Campesino. La formación agraria arrasó en las elecciones de 1928, consiguiendo el 79% de los votos, pero la crisis económica derivada de la Gran Depresión acabó con los planes de cambio que tenía el PNC de sacar al campesinado de la pobreza y el atraso. En 1933 el Rey Carol II decidió encargar de nuevo la formación de gobierno al PNL. El Primer Ministro, Ion Duca, se propuso combatir con dureza el auge del fascismo y prometía grandes cambios, pero fue asesinado cuando apenas llevaba 45 días en el cargo, el primer asesinato de una gran personalidad política desde hacía más de 50 años. 

En este periodo de entreguerras hubo más de 20 gobiernos y Rumanía jugó a mantener el equilibrio a través del mantenimiento de su alianza con Francia y la Pequeña entente (Checoslovaquia, Yugoslavia) mientras sectores crecientes en el país coqueteaban con el fascismo. Irónicamente, Gheorge Tătărescu fue el único primer ministro en cumplir los cuatro años de mandato. El Rey Carol II había simpatizado en un principio con Codreanu y trató de controlar el movimiento fascista, pero fracasó y acabó enemistándose con él. Carol II veía que la Guardia de Hierro podría ser una punta de lanza de la Alemania Nazi y la Hungría fascista para hacerse con el poder en el país y dividir de nuevo sus territorios. En 1938, el monarca rumano abolió la constitución e inició una dictadura real con políticos afines (Frente de Renacimiento Nacional). Comenzó una gran persecución contra la GH, Codreanu y otros muchos que fueron detenidos. Al ver que las acciones de la guardia no frenaban, sus miembros fueron ejecutados. A pesar de haber descabezado al movimiento, éste todavía era fuerte y respondió asesinando al Primer Ministro, Armand Călinescu. Gheorge Tătărescu volvió a encabezar el gobierno y en un gesto al Eje, liberó a los legionarios detenidos, lo cual más tarde demostraría ser un error. Con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial quedó claro que ni Francia ni el Reino Unido podrían ayudar a Rumanía y tras la rendición francesa en junio de 1940,  la élite política francófila rumana quedó totalmente desacreditada. La Alemania Nazi consiguió forzar un derecho de paso a partir de amenazas además de un muy favorable pacto de suministro de petróleo desde Rumanía. Entonces comenzó el reparto del país. La URSS envió un ultimátum y anexionó Besarabia y el norte de Bucovina sin que el Eje hiciese nada por ayudar a su nuevo aliado rumano. Tătărescu fue sustituido por figuras todavía más simpatizantes al Eje, entre ellos Horia Sima, nuevo jefe de la Guardia de Hierro. A pesar de esto, los políticos rumanos siguieron siendo presionados y cedieron el norte y centro de Transilvania a Hungría durante el arbitraje de Viena. Al mes siguiente, en el Tratado de Craiova, Bulgaria obtuvo la devolución de la Dobrudja meridional, que había perdido tras la Segunda Guerra Balcánica y estaba poblada por una mayoría búlgara. Carol II perdió todo su prestigio a causa de estas concesiones y se vio obligado a ceder el poder al mariscal Ion Antonescu, quien desde entonces fue el conducător (líder) de Rumanía y contó con el apoyo de la mayor parte del ejército. 

 

El Estado Nacional-Legionario

El Rey Miguel I de Rumanía sustituyó a su padre en el trono, aunque en realidad el monarca fue un mero títere de Antonescu durante los primeros años. Antonescu estableció un gobierno junto con la Guardia de Hierro y proclamaron el Estado Nacional Legionario, siendo la Guardia el único partido político del país. Bajo su liderazgo, Rumanía terminó de aliarse por completo con el Eje (Pacto Tripartito y Anticomintern). Antonescu nunca confió del todo en la Guardia de Hierro y desaprobó los pogromos y los actos de terrorismo contra políticos no afines que llevaba a cabo la guardia. Contra los judíos, Antonescu prefería un proceso de expropiación y consecuentes leyes antisemitas que implicasen menor caos del que generaba la guardia. En enero de 1941 los legionarios se rebelaron y con ello llevaron a cabo un sádico pogromo en Bucarest. Antonescu decidió acabar con ellos, movilizar al ejército, prohibir a la organización y hacerse con todo el poder. El enfrentamiento llegó incluso a dividir a los nazis estacionados en Rumanía, apoyando los de mayor rango a Antonescu, mientras que los de menor rango intentaron ayudar a Sima y su organización. Como es lógico, la Guardia de Hierro no fue rival para el ejército, y la organización fue disuelta. Si bien muchos de sus jerarcas, entre ellos Sima, pudieron escapar.

Antonescu colaboró ampliamente en el Holocausto, la persecución de otras minorías, así como la represión contra compatriotas que no simpatizaban con sus ideales. Tras acabar con la Guardia de Hierro, disolvió el Estado Legionario y formó un gobierno militar que fue apoyado por la mayor parte de las antiguas formaciones políticas, a las cuales dio algo de libertad de acción. Desde entonces, el gobierno destacó por apoyarse en los sectores militares para controlar el estado. No existía en sí un movimiento ideológico de masas como en Alemania, pero sí un gobierno conservador y autoritario. No obstante, Antonescu sí pretendía compensar las concesiones territoriales de sus antecesores con la ganancia de territorio durante la invasión a la URSS, justificándolo con que los rumanos, siendo descendientes de los romanos (latinos), debían someter a los eslavos, a quienes consideraba inferiores. En 1944 ante la inminente derrota del Eje, Antonescu, que había perdido el favor del ejército, intentó negociar con los aliados, pero en su contra ya se había organizado un Bloque Nacional integrado por distintos partidos: desde liberales o campesinos hasta comunistas. Este bloque estaba apoyado por el Rey Miguel I, quien llevaba varios años en contacto con los aliados. En agosto se produjo finalmente el golpe, ante la inminente llegada de las tropas soviéticas. Miguel I rompió con el Eje y Rumanía cambió de bando, consiguiendo finalmente recuperar la región de Transilvania. 

Durante el periodo de entreguerras, los comunistas habían intentado infiltrarse en las formaciones socialdemócratas sin mucho éxito; y es que los partidos de izquierdas eran un ir y venir de disputas. Debido al alto componente conservador/religioso, el severo atraso en el que vivía el sector campesino, el mayor poder de las formaciones agrarias, la falta de industria y la represión de las autoridades, la presencia de formaciones comunistas en Rumanía había sido generalmente débil y dependiente de la influencia soviética. 

 

El socialismo rumano

Tras diversas disputas, Petru Groza (Frente de Labradores) llegó al puesto de primer ministro, que ocupó desde 1945 a 1952. Hubo enfrentamientos con Miguel I, sus partidarios y el Partido Nacional Campesino, entre otros. Mientras, Antonescu y diversos colaboradores con el nazismo fueron ejecutados o encarcelados. Miguel I se vio obligado a abdicar en 1947. De nuevo, la naturaleza política de Rumanía no tardó en actuar: múltiples sectores socialistas y comunistas pugnaron por el poder y el país intentó seguir un camino propio. Gheorghe Gheorghiu-Dej, firme estalinista y secretario general del Partido Comunista Rumano (PCR), se opuso a la desestalinización, fomentó políticas económicas de industrialización opuestas a los deseos de la URSS y una agresiva colectivización. Comenzó una política emancipadora, promovió el comercio y relaciones con los países occidentales e intentó posicionarse a favor de China. Tras su muerte en 1965, Nicolae Ceausescu, le sucedió

El polémico líder rumano continuó la estela de su predecesor, pero destacó por ser bastante carismático en sus primeros años e iniciar un proceso liberalizador en el plano cultural e ideológico. Continuó impulsando la industria y las obras y servicios públicos, se opuso a la invasión de Checoslovaquia en 1968 e incrementó las relaciones con los países y organismos occidentales, siendo Rumanía un caso aparte dentro del bloque socialista (exceptuando el caso yugoslavo). No obstante, todo acabó degenerando debido a su grandilocuencia. En sus tesis de julio de 1971, quedó patente que a partir de su visita a Asia, Ceausescu comenzó a sentir admiración por eventos como la revolución cultural china o el sistema juche de Corea del Norte, y quería aplicar lo mismo en Rumanía… pero a su manera. Se impulsó una revolución cultural, el culto a la personalidad y el nacionalismo protocronista. El protocronismo rumano (dacomanía/dacología), si bien surge mucho antes de la llegada del comunismo, buscaba idealizar a los antepasados dacios, presentándolos como una civilización que jugó un papel clave en la historia de la humanidad, restando importancia a la influencia romana y atribuyendo diversos logros y descubrimientos al pueblo rumano, aún a falta de pruebas claras. 

Con el gran énfasis que se puso en la industria pesada y la adquisición de tecnología, Rumanía terminó cometiendo el error de pedir préstamos a organismos occidentales. La producción superó al consumo, las crisis de 1973 y 1979 dificultaron más la situación. El pago de los préstamos se complicó y los intereses aumentaron. Al gobierno no se le ocurrió otra cosa que pedir una línea de crédito al FMI y aplicar medidas de austeridad durante toda la década de los 80, lo cual tuvo sus repercusiones en las importaciones, entre otras cosas, de alimentos. Rumanía ya había comenzado conversaciones con el FMI en los 60 y la organización aceptó su membresía en 1972. Fue el primer estado del Comecon en unirse. Esto significó que Rumanía sería monitoreada en profundidad por el FMI, que conocía sus fortalezas y debilidades. 

Se tuvieron que destinar gran parte de los fondos del estado a pagar las deudas y aplicar recortes. La calidad de vida se vio muy afectada. Si bien países como la vecina Bulgaria introdujeron duras medidas económicas tras el colapso socialista y durante la consecuente crisis de los 90 derivada del paso al capitalismo, Rumanía lo tuvo que hacer una década antes, lo cual terminó por incrementar el descontento y generar odio un contra el sistema que tenía gran parte de su base de estabilidad en el devenir económico. Las revueltas de Brasov, protagonizadas por obreros, ya habían sentenciado a Ceausescu en 1987. Éste se dio cuenta de su error e intentó romper con el FMI, pero ya era demasiado tarde. En diciembre de 1989 todo degeneró rápidamente, las protestas eran incontrolables y Ceausescu había perdido el favor entre los sectores oficialistas además de la confianza de las fuerzas armadas, se produjeron cientos de muertos. Ion Iliescu y el Frente de Salvación Nacional (FSN) aprovecharon la situación para llegar al poder. Ceausescu y su mujer fueron detenidos, juzgados sumariamente y ejecutados el 25 de diciembre. Si bien la represión contra los díscolos y manifestantes aumentó durante los últimos años, sobre todo a partir del giro conservador y personalista, la última estocada contra el gobierno y el propio Ceausescu está marcada por una polémica manipulación mediática como fue la difusión de imágenes de fosas comunes en Timisoara, que se convirtieron en uno de los símbolos de la revolución. En un principio se consideró que los cuerpos pertenecían a victimas del Securitate (policía secreta), pero más tarde se descubrió que eran de personas que habían muerto con anterioridad a las protestas y que habían sido desenterradas de sus tumbas para ser grabados por la prensa y causar mayor indignación nacional e internacional. 

 

 

No todos los problemas acabaron con la caída de Ceausescu. Durante los últimos años, la política rumana se ha caracterizado por los grandes partidos y coaliciones turnándose en el poder constantemente, rompiendo sus alianzas en función de los casos de corrupción y diversos enfrentamientos entre las élites que han causado la caída y formación de nuevos cabinetes una y otra vez. 

 

La era capitalista

Con Iliescu en el poder (1989-1996, 2000-2004), se llevaron a cabo las típicas reformas privatizadoras y neoliberales que tuvieron lugar en todos los países postsocialistas. Rumanía continuó pidiendo dinero al FMI a pesar de que la deuda adquirida en tiempos de Ceausescu ya había sido saldada en 1989. También hubo manifestaciones contra las nuevas autoridades nada más cambiar el régimen, además de diversas polémicas con el soborno a mineros para acallar las protestas contrarias al gobierno. A Iliescu y sus cercanos se les acusa de integrar un círculo de antiguos miembros del partido comunista que habrían aprovechado la debilidad de Ceausescu para hacerse con el poder, algo que hasta este punto es evidente que viene siendo la tónica habitual en la historia rumana. Diversas investigaciones criminales serían abiertas contra él, hasta ser de nuevo acusado (2019) de incitar a la violencia durante la revolución de 1989 así como otros crímenes posteriores. No obstante, el caso es todavía motivo de polémica y conflicto.

Toda una serie de nuevos partidos surgieron o resurgieron a partir de 1990, entre ellos el histórico PNL, que se opuso al Frente de Salvación Nacional (FSN). El FSN terminó por romperse en 1992 antes de las elecciones generales de ese año y se dividió en dos formaciones, siendo el Partido Socialdemócrata (PSD) el más exitoso y el que ocuparía el gobierno durante varios años. El PSD dominó la política, mientras que la coalición de derecha (CDR) integrada por el antiguo Partido Nacional Campesino (PNT-CD) y el PNL integraron la oposición. En 1996 las tornas cambiaron y el CDR se hizo con el poder en parte de los feudos rurales del PSD, pero esto fue efímero, ya que en el 2000 el PSD de Iliescu regresó al poder. Iliescu introdujo a Rumanía en la OTAN e inició el proceso que llevaría a firmar el tratado de adhesión a la UE. Si bien el PNL forjó todo tipo de alianzas con otras formaciones de derecha, el dominio electoral del PSD y sus pequeños aliados fue indiscutible durante la mayor parte del tiempo, pero se vio paulatinamente erosionado por los múltiples casos de corrupción. A pesar de las acusaciones y conspiraciones existentes sobre la naturaleza “comunista” del PSD, este partido no aspira ni a retornar a tal sistema ni a llevar a cabo medidas rompedoras en ese sentido. Es más, la Ley de Seguridad Nacional rumana de 1991 (art. 3, apartado h) nombra como “amenazas” el “iniciar, organizar, ejecutar o apoyar cualquier acción totalitaria y extremista de naturaleza fascista, legionaria o comunista”, entre otras muchas. 

Pedir préstamos al FMI y otros organismos fue algo que se volvió a repetir con la crisis del 2008. La gran desregularización del mercado laboral llevada a cabo desde entonces empeoró aún más las condiciones en el país, la membresía en los sindicatos y las organizaciones de trabajadores se vio amargamente afectada por las medidas. Rumanía compite generalmente con Bulgaria para liderar los primeros puestos en índices de pobreza y desigualdad dentro de la UE. A pesar de cosechar aparentes buenos datos en crecimiento de PIB año tras año y de la inversión extranjera, lleva 30 años viviendo un éxodo poblacional y una problemática baja tasa de reemplazo. Si en 1990 contaba con 24 millones de habitantes, hoy en día se encuentra en 19.24 millones. Según la ONU, Rumanía está dentro del top 10 de países que perderán más de un 15% de su población hasta 2050, situándose junto a otros países como Serbia, Polonia, Lituania, Ucrania o Moldavia, pero sin llegar todavía a las cifras críticas de Bulgaria. Otro de los grandes problemas que ha caracterizado a Rumanía durante las últimas décadas es la lacra de la prostitución y el tráfico de personas, circunstancias favorecidas por el crimen organizado, que se aprovechó del descalabro económico y social.  En 2006, un 45% de las personas que se prostituían en Europa procedían de la mitad Este. En 2008, el 12% afirmaban proceder de Rumanía. Entre 2015-2016, Rumanía ocupó el top 5 de países que “exportaban” víctimas de prostitución y el que registraba la mayor cantidad de personas detenidas por tráfico de personas. 

El relativo fracaso de muchas medidas implementadas a partir de 1989 conllevaron que partes considerables de la población se replanteasen cómo se llegó a la situación actual y si algunas decisiones se tomaron de forma demasiado drástica. En 2010, el Instituto Rumano de Evaluación y Estrategia (IRES) llevó a cabo una encuesta sobre la época comunista: un 71% de los rumanos consideraban que Ceausescu no merecía el destino que tuvo. Un 84% afirmó que no le habrían condenado a muerte. Un 63% consideró que antes de 1989 se vivía mejor, pero también consideraron (68%) que el comunismo no se había aplicado como debería y un 57% no se arrepentía de su caída. Según una encuesta más reciente, llevada cabo por INSCOP en 2019 y encargada por el Laboratorio de Análisis de Guerra de la Información y Comunicación Estratégica, un 27% consideró que el comunismo hizo bien a Rumanía, frente a un 29% que consideraba lo contrario. Un 34% optó por resaltar que “es complicado” ya que hay muchas diferencias entre el comunismo existente en los 50 y el comunismo aplicado por Ceausescu. 

En 2012 tuvo lugar una notable crisis constitucional entre los grandes partidos, que vio el enfrentamiento entre el presidente, Traian Băsescu (PNL-PD) y el Primer Ministro, Victor Ponta (PSD), este conflicto generó toda una ola mediática de acusaciones entre ambas partes que llegaron a exponer los trapos sucios de uno y otro (Plagio Ponta/Rompetrol). Băsescu se enfrentó a su segundo referéndum para la destitución presidencial, el primero fue en 2007 y lo ganó, no obstante, en 2012 perdió con un 88% de los rumanos votando por su salida. El problema fue que tan solo hubo un 46% de participación y el Tribunal Constitucional consideró el referéndum inválido. Desde 2014, la presidencia está ocupada por Klaus Iohannis (PNL) quien revalidó con firmeza el puesto en 2019. Durante las legislativas de 2016 el PSD obtuvo una victoria contundente y formó gobierno con Sorin Grindeanu a la cabeza. El problema para el PSD fue que su líder, Liviu Dragnea estaba siendo investigado por abuso de poder y corrupción, entre otros crímenes. Finalmente sería condenado y la mala acción de su partido produjo las masivas protestas de 2017 y 2019, las cuales marcaron un antes y después y mostraron el hartazgo general con la corrupción y el estado del país. El gobierno del PSD-ALDE pretendía sacar adelante proyectos de ley que afectarían al Código Penal y que tenían por objetivo indultos, amnistía para delitos como el abuso de poder e intromisión en el poder judicial. Parte de estas medidas tenían por objetivo ayudar a políticos que estaban siendo investigados por corrupción, como Liviu Dragnea.

Las protestas fueron un descalabro absoluto para la popularidad del PSD y gran parte de su cúpula. Grindeanu cayó tras seis meses de gobierno, el PSD intentó recomponerse, pero perdió el poder otras dos veces entre enero de 2017 y octubre de 2019. Desde entonces, la formación socialdemócrata ha perdido cerca del 25% de su electorado Ludovic Orban (líder del PNL) tomó el relevo del gobierno, pero en minoría. Perdió una moción de confianza en febrero de 2020 y las elecciones parecían inevitables, pero volvió a formar gobierno el siguiente mes gracias a algunos acuerdos con pequeñas formaciones. Orban y el PNL se han mantenido en el poder durante los meses de la pandemia gracias al apoyo de las minorías (exceptuando la húngara) y dos formaciones liberales. En agosto, el gobierno de Orban sobrevivió a una nueva moción de confianza, el PSD, que todavía es la mayor formación tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado, no parece que vaya a intentar tumbar de nuevo al gobierno y se da por vencido. El PNL está muy bien posicionado para afianzar el terreno ganado con nuevas victorias en las próximas elecciones locales del 27 de septiembre, las cuales fueron pospuestas a raíz de la pandemia. A estas alturas, la decepción con la clase política conlleva que el factor más determinante para el votante sea el nombre de los candidatos y no tanto el del partido. 

El PNL ha sufrido bastante los problemas derivados de la pandemia, al perder alrededor de un 13-14% en intención de voto desde febrero, dependiendo de la encuestadora. El PSD se ha beneficiado levemente, pero todavía se sitúa por detrás. La nueva Alianza 2020 USR-PLUS, creada en 2019 de la fusión de los dos partidos liberales, está enemistada con el PSD y apoyó al presidente Klaus Iohannis en 2019. Esta nueva formación, de marcado carácter europeísta no trae consigo caras nuevas precisamente, pero parece revivir parte de las antiguas tradiciones de francofilia en la política rumana; contando con buenos contactos en Bruselas y con el apoyo tácito del presidente francés Emmanuel Macron. Lo más factible es que PNL, USR-PLUS, y en todo caso el PMP, sean la mayoría en los consejos locales y condados. Aún si los candidatos del PSD obtienen una victoria ajustada en algunas localidades, se enfrentarán a una coalición hostil de derecha y las opciones de pacto para los socialdemócratas serán limitadas. Las elecciones locales decidirán el resultado de las próximas legislativas del 6 de diciembre, donde la derecha también pactaría para gobernar con soltura, no obstante, habrá que estar atentos al resultado en Bucarest y otras grandes urbes, ya que el USR-PLUS podría aprovechar un buen resultado para asaltar directamente el poder y exigir concesiones. 

Salvo sorpresas, Ludovic Orban repetirá como cabeza del gobierno del PNL tras las legislativas y el PSD sufrirá una gran fuga de votos, al igual que sucedió en las presidenciales de 2019. Esto acabaría con las dos décadas de dominio de los socialdemócratas en ambas cámaras, marcando Orban y Iohannis el paso en las instituciones. Hay que reconocer que Rumanía necesita algo de estabilidad tras pasar por 14 gobiernos tan solo durante la última década, sin embargo, la perspectiva de una derecha fuerte en el gobierno y una oposición debilitada, en manos del PSD, preocupará a algunos observadores extranjeros, sobre todo en los tiempos que corren.

En 2018, un 77% de los rumanos consideró que el país se dirigía en la dirección equivocada, siendo grandes problemas la pobreza, el desempleo, la corrupción, el estado de la sanidad o la incompetencia de los políticos. Solo un 35% afirmó que la democracia en Rumanía funciona correctamente, mientras que un 62% afirmó lo contrario. Un 81% consideró que los partidos políticos no contribuyen lo suficiente o no contribuyen en absoluto para solucionar los problemas del país. Las instituciones en las que los rumanos depositan más confianza son el ejército (78%), la iglesia (56%) y la policía (53%). Un 30% se definen como liberales, un 25% como socialdemócratas y un 10% como democristianos. 

La población rumana ha ido tomando conciencia de su situación durante los últimos años y los partidos y los políticos tendrán que tener cuidado con las decisiones que lleven a cabo. 

 

La cuestión moldava

De nuevo en el plano exterior, los intentos de Rusia de recuperar su influencia conllevan que Rumanía constituya junto con Polonia y Turquía, uno de los puntos defensivos para la política exterior de EE.UU y la UE en la región, esto es: Polonia contiene a Rusia en la gran llanura europea, Turquía hace (o hacía) lo suyo en el Mar Negro y el Cáucaso y Rumanía cumple su papel al intentar frenar a Rusia en los Balcanes. Cuando EE.UU anunció la intención de trasladar parte de sus tropas estacionadas en Alemania a otros destinos, Rumanía se ofreció a ser uno de esos países en acoger dichas tropas. Desde hace años, Rumanía es parte del importante entramado que constituye el escudo de defensa antimisiles desplegado en Europa y recibe con alegría los nuevos proyectos propuestos por la OTAN. Existen grandes planes para renovar la base aérea de Campia Turzii, que se convertiría en una de las mayores bases de operaciones de EE.UU fuera de sus fronteras y contribuiría al paulatino desplazamiento de las fuerzas de la OTAN hacia el este. 

Un 53% de los rumanos considera que Moldavia se debería reunificar con Rumanía y un 64% considera a Rusia la principal amenaza. Rumanía está perfectamente integrada política e ideológicamente en la esfera de dominio occidental y las opiniones positivas (en todos los rangos de edad y educación) que mantiene su población respecto a la UE (60%) y la OTAN (61%) son un hecho. El conflicto congelado de Transnistria, que afecta la puesta en marcha y consecución de algunos de los intereses rumanos, refuerza el deseo de cooperación con los organismos occidentales. 

El conflicto ucraniano ha levantado la preocupación de las autoridades rumanas, país con el que comparte una gran frontera. A esto hay que sumar el factor moldavo, ya que esta república tiene una población que se puede considerar étnicamente rumana. En los 90 ambos estados planearon unirse, pero la geopolítica paró el intento en seco debido al conflicto de las autoridades moldavas con los habitantes de Transnistria, que no quieren ser parte de Moldavia o Rumanía. 

Las actuales fronteras de Moldavia se diseñaron con gran habilidad durante la etapa soviética, convirtiendo a este país en un “lisiado” en términos de política exterior independiente y pensando en evitar que el territorio fuese recuperado por Rumanía. Con el establecimiento de la República Socialista de Moldavia en 1940, el norte de Besarabia y Bukovina fueron transferidos a la República Socialista Soviética de Ucrania como regalo, constituyendo el óblast de Chernivtsi. A su vez, la región costera del sur de Besarabia, Budjak, históricamente parte de Moldavia, también fue transferida a la RSS de Ucrania. Esto convirtió a Moldavia en uno de los pocos estados del mundo sin litoral y acabó con su acceso a los ricos puertos comerciales del Mar Negro. Este proceso no sólo afecto a la población moldava, sino a rumanos, búlgaros y gagaúzos que pueblan las zonas transferidas y que hoy día se ven sometidos a nocivas políticas nacionalistas en Ucrania. A cambio de las modificaciones territoriales, Moldavia recibió la región de Transnistria, pero más que regalo, fue una condena, ya que la región está poblada por una mayoría étnica ruso-ucraniana. Esto ha ligado directamente muchas de las decisiones moldavas en política exterior a la cuestión rusa.

La UE se muestra cauta ante toda acción en Moldavia debido a la cuestión Transnistria, y Rumanía ve dificultado e imposibilitado su proceso de unión con Moldavia así como los planes panrumanistas de perseguir la nueva consecución de la “Gran Rumanía”. 

Moldavia celebrará elecciones presidenciales el próximo 1 de noviembre y habrá que estar pendientes de si Igor Dodon, del partido socialista (PSRM), consigue revalidar el puesto o pierde frente a la candidata Maia Sandu, del partido de centro-derecha y europeísta (PAS).  Dodon ha sido objeto de todo tipo de críticas desde su llegada al poder en 2016 debido a su postura con Rusia, que algunos catalogan de “rusófila” o incluso “prorrusa”, algo que él ha negado afirmando que Moldavia no debe posicionarse sino seguir un camino propio. 

 

 

Durante los últimos meses, los diversos problemas económicos y demográficos que enfrenta Moldavia desde finales de los 90 se han agudizado de nuevo a raíz de la pandemia y de que el poder ejecutivo se haya enfrentado con una oposición que recibe respaldo desde las élites rumanas. La clase política moldava no ofrece a la población más que batallas políticas en vez de mejoras en las condiciones de vida y el paquete de 100 millones de euros que ofreció la UE tampoco solventará muchos de los problemas. La crisis constitucional en verano de 2019, que siguió a las elecciones legislativas, pasó prácticamente desapercibida en muchos medios. Se necesitaba un acuerdo entre dos de los tres mayores partidos para formar gobierno. Legalmente, el parlamento tenía, según la constitución “3 meses” para ello. En caso de no lograrlo, el presidente (Dodon en este caso) debía disolverlo. El TC interpretó que estos 3 meses contaban con 90 días (marzo, abril y mayo sumaban 92 días). Las luchas de poder vieron la formación de un gobierno prácticamente a última hora con la alianza de la plataforma DA-PAS, liderada por Maia Sandu y el PSRM. El problema fue que esta alianza se formó al día 91.

Dodon se negó a disolver el parlamento (siendo favorable a la interpretación de los 92 días). El cabinete saliente, controlado por el Partido Democrático (PDM), protestó la situación y el TC se puso de su parte, intentando destituir a Dodon y dar poderes a Pavel Filip (PDM). Filip intentó disolver el parlamento y llamó a nuevas elecciones. La recién formada coalición DA-PAS/PSRM consideró que estas acciones eran ilegales y no las acató. Se convocaron protestas y acampadas en la capital. Se dio una situación de gobierno dual en la que dos cabinetes se acusaban mutuamente de estar infringiendo la ley. La crisis terminó cuando en junio el TC rectificó su decisión de apoyar la queja del PDM y reconoció al nuevo gobierno dirigido por Maia Sandu. Desde Rusia hasta la UE, todos criticaron las acciones del PDM. El entonces líder del PDM, Vladimir Plahotniuc, quien a su vez es uno de los oligarcas más poderosos e influyentes del país, huyó en su avión a EE.UU, a pesar de existir una prohibición de visa para él y su familia en dicho país. Consecuentemente, los miembros del TC, cercanos al PDM y a Plahotniuc, renunciaron a su puesto. Por si todo esto no pareciese ya suficiente tensión, Maia Sandu fue sometida a una moción de confianza en noviembre de 2019, la cual perdió. El PSRM afirmó que el bloque DA-PAS, que lideraba Sandu, había violado el acuerdo de gobierno al sugerir que éste último delegase poderes a la Primera Ministra para proponer a miembros del poder judicial. Tras esto, el bloque DA-PAS también se rompió de facto. Ion Chicu fue nombrado Primer Ministro y sobrevivió a una moción de censura en julio de este año e irónicamente lidera un gobierno conjunto con el PDM.

El fallido gobierno con Sandu era considerado prometedor por los observadores occidentales debido a sus posturas favorables a la integración europea, que servirían como balanza contra Dodon y sus aspiraciones. Actualmente la oposición favorable a occidente se haya dividida y Dodon cuenta con cierta ventaja, pero no se debe descartar ninguna posibilidad, ya que los indecisos serán importantes para obtener la victoria, pero también la diáspora. Ésta última vivió un despertar durante las presidenciales de 2016 y su marcado carácter liberal y proeuropeo será decisivo. Las elecciones moldavas destacan no tanto por las vagas promesas en política interior, sino por el componente externo. Dodon sigue poniendo el énfasis en el carácter plural de la política exterior moldava, lo cual beneficia a Rusia, pero conlleva que ésta se tenga que comprometer a prestar una asistencia económica cada vez más costosa. Esto contrasta con la visión de Sandu, sobre todo el énfasis en la UE y la integración en las estructuras y dinámicas de la organización. No obstante, ésta formula no es infalible, un claro ejemplo es Bulgaria, donde el impopular Primer Ministro proeuropeo ha sido incapaz de resolver los problemas del país durante los últimos 11 años. Mientras, la UE se dedica a desoír las protestas y mantiene a un gobierno corrupto en el poder a través de los fondos europeos. Esta perspectiva tampoco sería favorable para Moldavia, más aún teniendo en cuenta el masivo descenso demográfico y la emigración. 

La sociedad moldava está cada vez más polarizada y el enfrentamiento entre los unionistas, que buscan una mayor integración con la UE, además de la reunificación con Rumanía y los que se oponen a tales pasos, está al caer. Dodon puede lograr la victoria apelando a los sectores moderados y los favorables a Rusia, de lograrlo, el país se mantendría en su statu quo y prácticamente nada cambiaría. Además, las más que probables protestas en su contra serán más peligrosas. Sandu, por su parte, tratará de compensar esta estrategia atacando a males endémicos como la corrupción, apelando a sectores liberales y promoviendo la necesidad de reformas domésticas, aún cuando la perspectiva para aplicar las mismas una vez en el poder sea prácticamente inexistente y lleve a repetir experiencias ya conocidas por todos.

Mientras gran parte de la atención mediática durante las últimas semanas ha estado puesta en eventos como Bielorrusia, el prolongado deterioro en Moldavia debería ser objeto de gran preocupación, teniendo en cuenta todos los intereses extranjeros enfrentados y la volatilidad del país como consecuencia del factor transnistrio. En estos tiempos donde la incertidumbre y la crisis se ven más acentuadas, el descontento de la población y el bloqueo político podrían desembocar en el caos en una zona clave de Europa en la que Rumanía debería jugar un papel decisivo. 

Rumanía cuenta con grandes recursos para convertirse en una potencia regional. Si bien el país se sitúa entre conflictos como el de Yugoslavia y los del espacio postsoviético, se puede decir que constituye un oasis de estabilidad en una región particular. Es precisamente esto lo que lo convierte en un socio clave para ganar presencia en los Balcanes y alrededores, así como en un candidato a dominar la región. No obstante, tiene pendiente solucionar diversos problemas internos y de gran calado que frenan en gran medida ese potencial, como son el interminable enfrentamiento entre su clase política, grandes dosis de corrupción y nepotismo, falta de mayores políticas sociales y para el sector público, un cada vez más preocupante descenso demográfico y la necesidad de un mayor impulso económico. Si las autoridades rumanas dejan de poner trabas al país y la población toma conciencia de forma decisiva, Rumanía podrá asumir, de una vez por todas, el rol que le corresponde.

 

 


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Maima M. Abdeslam: las mujeres en el Sahara somos las guardianas de nuestra cultura, familia y tradición; abanderamos la resistencia https://14milimetros.com/maima-m-abdeslam-las-mujeres-en-el-sahara-somos-las-guardianas-de-nuestra-cultura-familia-y-tradicion-abanderamos-la-resistencia/ https://14milimetros.com/maima-m-abdeslam-las-mujeres-en-el-sahara-somos-las-guardianas-de-nuestra-cultura-familia-y-tradicion-abanderamos-la-resistencia/#comments Mon, 21 Sep 2020 16:01:05 +0000 https://14milimetros.com/?p=3423 Hoy charlamos con Maima Mahmoud Abdeslam, representante del Frente Polisario en Suiza, en las Naciones Unidas, y ante las organizaciones internacionales en Ginebra. Ingeniera en Telecomunicaciones y Electrónica por la cubana Universidad de Oriente, es una orgullosa políglota, madre de tres hijos y divorciada. Durante 12 años ejerció como profesora en el campamento de refugiados […]

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Hoy charlamos con Maima Mahmoud Abdeslam, representante del Frente Polisario en Suiza, en las Naciones Unidas, y ante las organizaciones internacionales en Ginebra. Ingeniera en Telecomunicaciones y Electrónica por la cubana Universidad de Oriente, es una orgullosa políglota, madre de tres hijos y divorciada.



Durante 12 años ejerció como profesora en el campamento de refugiados de Dajla para posteriormente ser intérprete en los juzgados de las Palmas de Gran Canaria, fue consultora vocal y ocupó varios trabajos en instituciones saharauis como la Unión Nacional de Mujeres Saharauis. En 2010 inició su carrera diplomática, primero en Finlandia como delegada, y desde 2013 en Ginebra.

A menudo extraña ver desde occidente a una mujer árabe y musulmana en primera línea política. Sin embargo, más allá de los clichés, ¿cuál es el papel de la mujer saharaui en la sociedad saharaui?

 

M: Bueno, el papel de la mujer en la sociedad saharaui es que ella no se encuentra  en una posición diferente a la del hombre en cuanto a sus deberes en la lucha por la liberación nacional. Nos sentimos totalmente responsables, como los hombres, de seguir resistiendo hasta conseguir la independencia. Y esta responsabilidad que cargamos todos a la espalda nos obliga a realizar muchos sacrificios a nivel personal, a nivel familiar, a nivel de la sociedad, para que podamos hacer trabajos tan difíciles como lo es el mío. Tenemos que alejarnos de nuestras redes sociales, de nuestra familia, de nuestra sociedad para poder realizar ese trabajo de militancia; que en mi caso es el de representar al pueblo saharaui en y frente a las Naciones Unidas en Suiza.

 

En ese sentido ¿cuál es el papel de la mujer saharaui dentro de la vida política de la RASD y en la resistencia?

M:Pues es un papel que no difiere mucho respecto al del hombre; simplemente cambia que por el momento todavía  las mujeres no han sido solicitadas para ejercer actividades militares… aunque las mujeres si han realizado entrenamientos, se han preparado y existe una escuela militar femenina. Todavía no han solicitado sus servicios en el frente, pero si han sido muy solicitados sus servicios en retaguardia: tales como preparar el sistema sanitario, la moral de resistencia social… son maestras, son educadoras en nuestro sistema, son madres de familia y también son emigrantes.

Hay muchas mujeres saharauis que han emigrado y trabajan en Europa para que sus familias puedan vivir y resistir en los campos de refugiados. Somos guardianas de nuestra cultura, nuestra vestimenta y nuestra tradición. Somos guardianas de la importancia de la mujer en nuestra sociedad.

Como sabes, en el Sáhara Occidental nosotras no conocemos la violencia doméstica, no conocemos el maltrato físico a las mujeres, y esto se da porque las mujeres mismas han sido la policía para rechazar a cualquier hombre de nuestra sociedad que ejerce ese tipo de actividades.

Es decir, las mujeres saharauis no han llevado a cabo ninguna lucha feminista para conseguir que no haya violencia de género; sencilla y llanamente se han creado una serie de valores en los que se ve muy negativamente que un hombre maltrate a su mujer. Es la misma sociedad la que excluye a este hombre que maltrata.

Las mujeres también son guardianes de nuestra lengua, que es el Hassanía, que no es una lengua que se hable exclusivamente en Mauritania y el Sáhara Occidental. Yo no veo mucha diferencia entre hombres y mujeres en la lucha. Lo que veo por ejemplo ahora mismo es que debido a que estamos en un status quo indeterminado, las mujeres han ocupado, digamos, el papel de guardianes de la familia; siendo las que tienen y cuidan  a los hijos. Los hombres casi están ausentes por diferentes razones: unos por ejemplo son militares y otros por otras razones nunca están presentes en las jaimas.  En conclusión, las mujeres son las que llevan la organización de los campamentos, las familias y abanderan el papel de resistencia dentro de la sociedad saharaui.

 

Maima Mahmoud Abdelsman

 

Respecto a lo que comentas de mujer y tradición… ¿cuáles son las principales problemáticas dentro y fuera de su sociedad para la mujer?

M:Bueno, uno de los problemas más graves que tenemos  las mujeres es que nos hemos arrogado la responsabilidad de cuidar a la sociedad. Por ejemplo, cuando en una familia hay alguien de mayor edad y hay dos hermanos -un hombre y  una mujer-, es la mujer quien sacrificaría su vida para cuidar de este anciano. Lo mismo ocurre con una madre con muchos hijos y ya débil; son las hijas quienes sacrificarían sus estudios para ayudarla y cuidar de ella.

Así que es una sociedad en la que cada uno tiene un rol. Lo que pasa es que debido al sistema inestable en el que vivimos, a las mujeres se les han puesto muchas responsabilidades sociales: yo he sido testigo de cómo muchas mujeres sacrificaron sus estudios y trabajos para cuidar a su familias. En fin, la sociedad exige mucho más a la mujer saharaui que al hombre en cuanto a ayudar al individuo que necesita ayuda; ya sean niños o ancianos, son las mujeres las que se sacrifican para ayudarles.

 

¿Cómo se defienden los intereses del pueblo saharaui desde el Consejo de Derechos Humanos en la sede de Naciones Unidas en Ginebra?

M: Ginebra es la capital de muchas oficinas internacionales, entre ellas el Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Internacional del Trabajo (OIT)… y como sabes, es la sede del Consejo de derechos Humanos además de la oficina del Alto Comisariado están en Ginebra, por lo tanto es el lugar para realizar los procedimientos para la protección de los Derechos Humanos.

Lo que hemos hecho en Ginebra es centrarnos en la defensa de los derechos humanos. Tenemos una oficina del frente Polisario en la cual trabajan tres personas además del llamado Grupo de Apoyo del Sahara Occidental en Ginebra, compuesto por  países amigos de la causa saharaui donde se realizan paneles de alto nivel, intervenciones en el plenario en nombre de estos países aliados… También hemos hecho otro grupo de apoyo, compuesto por 212 ONGs que siguen los dosieres, realizan paneles e intervenciones plenarias desarrollando una plataforma que defiende al pueblo saharaui.

Y esta última oficina del Polisario además, elabora dosieres en coordinación con otras organizaciones saharauis sobre la cuestión de los desaparecidos, la cuestión de los presos políticos, la cuestión de la tortura y la cuestión del disfrute de todos los derechos que están siendo violados en el Sáhara Occidental por el ocupante marroquí. En definitiva, Ginebra es la capital de los derechos humanos, y es una plataforma en la cual los saharauis nos sentimos obligados a participar para visibilizar la causa saharaui.

 

Maima M. con el presidente del Alto Comisionado de la Naciones Unidas para los Refugiados



¿Cuáles son esas violaciones de DDHH que sufren los saharauis bajo ocupación marroquí?

 

M: En el Sáhara Occidental Ocupado, los saharauis son ciudadanos de segunda clase ¡En su propia tierra! Son torturados, vejados, no tienen acceso al trabajo. No tienen libertad de movimiento, ni de asociación, ni de expresión, y viven en extrema pobreza.

El sistema de ocupación marroquí ha creado una dependencia total mediante  unas cartillas dotadas del equivalente a 150 dólares por persona al mes a la par que te privan del acceso a un puesto laboral. Sin acceso al trabajo, Marruecos coacciona de diversas maneras: una sería por ejemplo amenazando con que si te manifiestas contra la ocupación, te cortan esta ayuda.

Insisto, son ciudadanos de segunda clase en su propia tierra que viven en extrema pobreza. Existen presos políticos, es un territorio totalmente cerrado al mundo exterior. No lo pueden visitar periodistas, ni parlamentarios, ni nadie; lo cual permite al ocupante marroquí violar los derechos humanos a sus anchas sin ningún testigo.

Esto es terrible, pero todavía es peor que en el Sahara occidental es el único territorio donde no se conoce nada sobre las violaciones de derechos humanos por parte de la Oficina del Alto Comisariado de la ONU dirigida por Michelle Bachelet, que lleva años sin escribir ningún informe, ni realizar ninguna visita técnica ni profesional. El Sáhara occidental no solo está silenciado por el ocupante, sino que también está silenciado por las diferentes agencias de Naciones Unidas que se supone deberían proteger los derechos humanos.

El Sáhara Occidental es el único territorio del mundo donde no hay un centro administrativo. Es decir, España dejó la responsabilidad en el 75 y a Marruecos no se le reconoce la soberanía, por lo que la responsabilidad de ese territorio recae sobre la ONU hasta la celebración de un referéndum de autodeterminación.  Desgraciadamente nadie ha hecho sus deberes. Ni Marruecos, ni España ni las Naciones Unidas han informado sobre qué ocurre en el Sáhara Occidental. Realmente es una vergüenza que en el Siglo XXI exista a unos kilómetros de Europa un territorio cerrado a cal y canto, y que el ocupante Marroquí campe a sus anchas haciendo lo que le da la gana.

 

¿Cuál es el trabajo que desde tu puesto llevas a cabo en torno al expolio de los recursos naturales en los Territorios ocupados?

 

M: El Sáhara occidental se considera un territorio no autónomo, por lo que toda actividad económica en este territorio es ilegal sin el consentimiento del pueblo saharaui o su único representante legal: el Frente Polisario. Como bien sabes, todas las actividades económicas de las empresas españolas y de otras partes el mundo en los territorios ocupados son totalmente ilegales y se consideran robo.

Están robado al pueblo saharaui con el consentimiento de la comunidad internacional, porque todo el mundo sabe que el Sahara occidental no pertenece a Marruecos. Por lo tanto estas empresas que roban estos recursos no respetan el derecho internacional.

Es vergonzoso, así que nosotros  desde Ginebra intentamos dar a conocer qué empresas roban los recursos naturales del Sáhara Occidental sin el consentimiento de nuestro pueblo. Para ello nos valemos de diferentes actividades, como los grupos de apoyo -ya sea de países u organizaciones-, participando en seminarios como el más reciente ‘Transnational and Human Rights’…

Te pongo algún ejemplo, aunque hay muchas empresas españolas como Mercadona que traen la mayoría de sus pescados del Sáhara occidental. Hay otras europeas como la francesa Azur o Total o Siemens. Hay muchísimas empresas que utilizan los recursos naturales del Sáhara Occidental sin el consentimiento del pueblo saharaui, y por lo tanto, que están robando.

Además, no hay ninguna excusa o justificación para no repartir las ganancias de este expolio con el pueblo saharaui que vive de las  limosnas que llegan desde Europa a través de ayudas los campamentos de refugiados. Los recursos naturales son el obstáculo para la solución del Sáhara occidental y esto es realmente vergonzoso.



Sabemos que ACNUR también tiene su sede en Ginebra ¿Ha mostrado alguna preocupación especial por los refugiados Saharauis? Refugiados que junto a los palestinos son los más antiguos del Mundo.



M: Mira, primeramente, para ACNUR los refugiados más antiguos son los saharauis pese a que los palestinos son mucho más antiguos ya que tienen su  propia agencia, la UNRWA. Entonces, siendo los saharauis los más antiguos, quiere decir que ACNUR no hace bien su tarea. Cede a las presiones de Marruecos; un país no acogedor de refugiados que además no es un donante número uno.

Marruecos ha logrado hacer presión sobre ACNUR para que no publique un informe con la cantidad exacta de refugiados saharauis, La publicación de este informe es muy importante, porque representa la cantidad de refugiados real y además  aporta un camino libre a las donaciones para esos refugiados. Desgraciadamente ACNUR ha cedido al chantaje marroquí no publicando dicho informe en ninguna parte.

Estamos muy descontentos con ACNUR que ha olvidado su mandato de proteger a los refugiados, por el simple chantaje de un país no receptor de refugiados y no donante de ayuda para los refugiados.



¿Cómo actúa Marruecos, el lobby majzenita, en el Consejo de Derechos Humanos de Ginebra?



M: Actúa de una manera muy sucia, muy sucia, porque corrompe a la mayoría de  funcionarios de Naciones Unidas para crear problemas de visibilización y representación de la causa saharaui.

Además, paga a un puñado de mercenarios saharauis para crear la imagen que Marruecos está muy lejos de la ocupación del territorio saharaui, que es un conflicto interno entre dos facciones saharauis; una independentista y otra pro-marroquí.

Esto es totalmente falso, dado que Marruecos ocupa militarmente el territorio del Sáhara Occidental. Ellos corrompen el sistema de naciones Unidas para silenciarnos, el Majzen y la embajada marroquí en Ginebra juegan muy sucio, y de hecho tengo en mi poder documentos que prueban y cómo esta embajada de Marruecos paga  a grupos de presión hasta 10.000 dólares al año para introducir su discurso  en diversos foros en Naciones Unidas.

 

¿Cómo evaluarías a los aliados de la RASD y del pueblo saharaui, el grupo de embajadores amigos de la RASD?

 

M: Yo realmente les estoy muy muy agradecida, porque son un grupo de embajadoras muy fuertes y valientes que expresan de una manera pacífica su apoyo, y dan al pueblo saharaui la posibilidad de tener voz en diversos foros, ya que la RASD no es un miembro de Naciones Unidas y por tanto no tiene voz.

Este grupo de países nos permite dirigir nuestro mensaje, dirigir  nuestras demandas al Consejo a través de esa posibilidad que nos dan. Estoy muy orgullosa de ellos: les aplaudo cada día, y nos gustaría seguir cooperando con ellos. La verdad, no tengo palabras para agradecer  su esfuerzo ya que han conseguido visibilizar la causa saharaui. Este grupo aquí es el problema de Marruecos, así que lo quieren destruir con toda su fuerza, pero la voluntad de estos hombres y estas mujeres han logrado mantener este grupo desde hace más de tres años.

Estoy muy orgullosa de ellos y les exhorto a proseguir con su labor.

 

Voluntarios saharauis que viajan como voluntarios a Suiza para hacer lobby a favor de los derechos humanos en el Sáhara Occidental

 

Tu actividad diplomática te ha llevado a vivir en Suiza ¿cómo perciben la sociedad civil y la clase política Suiza la cuestión saharaui?


M: Yo soy una emigrante más. Suiza  no reconoce a la República Árabe Saharaui Democrática, y por lo tanto no tengo título de embajadora; solo de representate del Frente Polisario. Respetan mi actividad basados en la democracia y los derechos humanos que rigen el Gobierno Suizo. Tengo muy buenas relaciones con varios partidos, tenemos un grupo de apoyo de parlamentarios con la causa saharaui y tenemos relaciones con el ministerio de exteriores de manera bastante Aislada.

Suiza es un país neutral con el tema del Sáhara Occidental. Los intereses económicos prevalecen sobre los intereses políticos, pero gracias a Dios es un país todavía democrático y realmente me han dado la oportunidad de trabajar, y no tengo sino agradecimientos hacia ellos. Estoy muy contenta, puedo realizar mi actividad sin miedo, y esto es muy importante porque en muchos países realmente no les gusta la voz del pueblo saharaui y los echan. Aquí (Suiza) estamos muy contentos con la tolerancia. Tenemos varias organizaciones que nos acogen bien, cooperación con varias asociaciones, hacemos un montón de actividades, hacemos manifestaciones… realmente nada me ha impedido realizar aquí mi trabajo.

 

Si no me equivoco, hace relativamente poco tiempo las principales cadenas de supermercados suizos no adquieren productos expoliados del Sáhara Ocupado. ¿Qué ha ocurrido?

 

M: Lo que ha ocurrido es el resultado de nuestra relación con organizaciones como Terre des hommes o el Comité Suizo de Apoyo al Pueblo Saharaui o la Asociación de Españoles por el Sahara Ocidental en  Suiza, la Asociación de amigos del Pueblo Saharaui en la Suiza germano parlante o Western Sahara Resources Watch que han trabajado duramente desde 2015 hasta la actualidad tratando de concienciar con actividades frente a supermercados, haciendo reuniones con los responsables de estas cadenas, explicando que no se puede poner en la mesa productos de territorios ocupados… gracias a ese trabajo y ese esfuerzo, los supermercados suizos decidieron hace dos años  finalizar los contratos y no firmar nuevos, nos lo prometieron.

Llevamos lo que va de año sin productos del Sáhara Occidental sobre todo agrícolas en los supermercados suizos. Esta batalla se ha ganado gracias a la concienciación de los consumidores, de la sociedad civil y de los directores de supermercados. Hemos trabajado años, y el resultado es alentador. Llamo a  todo el mundo a que se acerque a la campaña de boicot porque es la manera más eficaz de acabar con la ocupación marroquí; como el boicot ha acabado con el Apartheid, como  el boicot hace que la legalidad internacional sea respetada.

Nos congratulamos todos por este gran resultado y espero que otros países sigan la misma línea.

 

Maima Mahmoud Abdeslam

 

 


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