Para muchos analistas, Yemen puede ser considerado el frente más importante en el que Arabia Saudí e Irán ponen en práctica la lucha subsidiaria (proxies). Esta interpretación no es la más precisa.


 

Lo que ocurre en Yemen desde la guerra civil es un conflicto asimétrico en donde miles de civiles han perdido sus vidas bajo los bombardeos directos de los saudíes, y millones de la población – entre ellos mujeres y niños – se encuentran en una grave situación médica y humanitaria. La malnutrición también se ha convertido en un problema grave. Mientras tanto, las fuerzas leales al Mansur al-Hadi respaldadas militarmente por la coalición saudí, y los insurgentes de Ansarallah (también conocido como Hutíes) apoyados por Irán se enfrentan ferozmente entre las llamas de fuego que arrasa el país.

Se tiende a pensar que el ataque con los drones a las infraestructuras petroleras saudíes y al aeropuerto de Najran fueron nada más que una respuesta de los huthíes a los bombardeos contra la población yemení. Pero aparte de esto, puede portar otros mensajes importantes como:

  • Arabia Saudí a pesar de dedicar una alta inversión al sector militar, tiene vulnerabilidades en inteligencia contra un grupo de insurgentes en el oeste de Yemen, en donde las «ayudas logísticas de Irán» contrariamente a las imaginaciones no pueden llegar con facilidad. Las autoridades saudíes confesaron que no tenían información alguna acerca de los ataques ocurridos en estas dos últimas semanas.

 

  • Aunque entendamos los últimos ataques únicamente como represalia, vemos que solo han sido en las áreas no civiles pero tampoco militares; han atacado las instalaciones petroleras de Arabia Saudí, buques petroleros y parte de un aeropuerto. No está registrado ningún fallecimiento del pueblo de Arabia Saudí, lo que demuestra que los Hutíes intentan demostrar su capacidad de dañar la base física y económica de ese país sin perjudicar la vida de la población.

 

  • A raíz del punto anterior, Ansarallah demuestra su alianza con Irán en las turbulencias regionales. La designación de la Guardia de la Revolución Islámica Iraní como organización terrorista por Estados Unidos y el embargo petrolero contra Irán fueron jaleados con la satisfacción de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes. Por consiguiente, declararon la disponibilidad de sustituir su crudo en lugar del crudo iraní en el mercado mundial. Estos ataques podrían coincidir con la insatisfacción de los políticos iraníes con las sanciones: «si nosotros no podamos vender crudo, nuestros rivales tampoco podrán». Hay que notar que existe diferencia entre «demostrar una alianza» y el hecho de «recibir órdenes directas«.

 

  • Ansarallah logra presentarse como un grupo con tecnología más sofisticada de la que se creía anteriormente, con capacidad de pasarse de un grupo insurgente local en un actor influyente a nivel regional. Los hutíes han descartado la dependencia de la decición de los actores externos. «no pararemos de luchar incluso si lo dijera Irán» dijo hace unos días el General de Ansarallah, cuya alegación puede surgir debate y controversia.

 

No obstante, lo que es evidente es que los Hutíes han logrado convertirse en un némesis, peor de lo que ya eran, para Arabia Saudí. A pesar de la reunión de Estocolmo en 2018 y la reciente salida de los Hutíes de los puertos ubicados en la costa del mar Rojo, no se observa por el momento una firme determinación para el cese del conflicto en Yemen. Al contrario, hasta puede enlazarse más adelante con las tensiones ajenas que está creciendo en el golfo Pérsico. La mediación de los países como Omán e Iraq serán efectiva para la reducción de las tensiones.

 

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