El fin de la historia del que habló Fukuyama en 1992 nunca se llegó a producir. Al igual que la lucha de ideologías no ha terminado, tampoco se ha acabado la lucha de las grandes potencias por el poder. Durante los últimos años se ha reavivado el debate acerca de los planes y estrategias que se emplean, ya sea para defender el orden establecido tras la Guerra Fría, o para supuestamente, crear un mundo multipolar. 


La geopolítica es un método de estudio de la política exterior para comprender, explicar y predecir el comportamiento político internacional a través de variables geográficas. Estos factores geográficos no solo son importantes para el prisma militar, sino también para el económico y el cultural. No se puede explicar la importancia geoestratégica de por ejemplo, Europa Oriental u Oriente Medio, sin conocer cuál es la visión geopolítica del mundo que adoptan los estados, y como dicha visión es clave para el devenir de sus actuaciones a nivel regional, pero también global. Por ello, es conveniente que en este artículo arroje un poco de luz sobre algunas de las teorías que han influido e influyen en las actuaciones de los países más poderosos desde el siglo XIX. 

Teoría del estado orgánico

La teoría del estado orgánico no es muy conocida para el público general, aún a pesar de ser de las primeras teorías geopolíticas, y por ello, bastante arcaica y simple. Es destacable que la noción de “geopolítica” tuvo en sus inicios una connotación negativa, debido precisamente a la teoría del estado orgánico. 

El etnógrafo y geógrafo alemán, Friedrich Ratzel, fue el que ideó esta teoría en 1897. Es, por lo antes mencionado, uno de los máximos exponentes de la geografía política moderna entendida como una parte fundamental de la geografía humana. Ratzel fue ampliamente influenciado por la época Bismarckiana en la que vivió, donde el militarismo prusiano estaba en auge y a Alemania le urgía lanzarse a competir con las potencias coloniales. 

El trabajo de Ratzel tuvo gran influencia en uno de sus alumnos, el politólogo sueco Rudolf Kjellen, el primero (1899) en acuñar el término “Geopolitica”. Estos dos teóricos, junto con Humboldt y Carl Ritter, sentaron las bases para la Geopolitik alemana que se desarrollaría tras la unificación bajo el mandato de Bismarck. A su vez la Geopolitik  sería ampliamente expuesta por Karl Haushofer, una de las personalidades que más influenció el expansionismo alemán durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Ilustración de “Leviatan” por Scott Westerfield. Los estados de Europa en 1914 representados como animales o máquinas en actitud agresiva y con alusiones imperialistas. 

Ratzel afirmó que la denominación “teoría orgánica” proviene de una visión de que los estados, entendidos como entidades políticas, se comportan de forma parecida a los organismos vivos. Para que este estado-organismo sobreviva y obtenga poder político, necesita nutrirse. Esta nutrición se consigue a base del tan famoso término del que se apropió la Alemania Nazi, el Lebensraum (espacio vital o hábitat). Con este término Ratzel se refería al territorio físico, por lo tanto, se puede afirmar que la teoría orgánica establece la necesidad de las entidades políticas de buscar continuamente “alimento” (territorios) para sobrevivir. Ratzel emplea conceptos de la biología y ciencias naturales para interpretar la geografía política. 

La analogía consiste en que el alimento para un organismo es territorio para un país y cuanto más territorio conquista, más puede la entidad política particular sostenerse y preservarse. Como resultado, la teoría orgánica implica que para que una entidad política mantenga el control, invariablemente necesita buscar Lebensraum y salir y conquistar todo el territorio que pueda. La complacencia no es una opción, de lo contrario, arriesga su seguridad y siempre es vulnerable a los ataques porque otras entidades políticas también se comportan de esta manera orgánica y tratarán de conquistar la mayor cantidad de territorio posible con el fin de preservarse. Es fácil notar la gran influencia de la biología evolucionista (algo característico de su tiempo) en el pensamiento de Friedrich Ratzel. La supervivencia del estado como una situación de lucha constante, según crece su territorio lo hacen su poder, riqueza, fuerza colectiva y por ende, su tiempo de vida. 

Teoría del Heartland

Dentro de la óptica de principios del siglo XX, el historiador, político y geógrafo británico Halford Mackinder propuso en 1904, en su conferencia “El Pivote geográfico de la historia”, la idea de que el poder se determina a través de un medio geográfico. Mackinder desarrolló su teoría cuando el Imperio Ruso estaba en su mayor apogeo territorial. Mientras, el Reino Unido se erigía como la mayor potencia marítima. Su teoría estuvo fuertemente influenciada por esta circunstancia.

Mackinder afirmaba que las grandes invasiones de pueblos como los hunos o los mongoles provenían de Asia Central, desde allí se expandieron y llegaron hasta India, Persia o Europa, sin olvidar también el este de Asia, primordialmente China. Asia Central era la tierra de poder, el corazón, el “Heartland”. A su vez, el Heartland está rodeado por el Creciente interior y quien busque controlar la Isla Mundial, se expandirá hacia este creciente interior. Al controlar toda esa vasta área rica en recursos, nadie podría hacer frente a la potencia terrestre del Heartland. 

Mackinder hizo una serie de modificaciones en 1919 a su teoría, en la cual incluyó a toda Europa Oriental y sostuvo que: 

“Quien controle Europa Oriental, controlará el Heartland, y quien controle el Heartland, controlará la Isla Mundial, y por ello, el mundo.” 

Debido a que en Europa Oriental, exceptuando los Balcanes, predominan las llanuras, dicha región se ha llevado siempre la peor parte de todas las invasiones procedentes de Asia Central. Mientras, la parte occidental del continente se ha beneficiado de contar con una región tapón que absorbía ese empuje asiático. Por esta razón, Europa Oriental es, a su vez, el terreno perfecto desde donde expandirse hacia Asia; el mero control de la parte occidental europea no sirve de nada si no se ejercen un poder e influencia en el este. Es por ello que a partir de 1919 y sobretodo durante la Segunda Guerra Mundial, podemos observar una lucha dentro de la Isla Mundial por el control de la Europa Oriental que llevaba al Heartland. La Alemania Nazi buscó expandirse primordialmente hacia el este con su “Lebensraum”,  algo que la Unión Soviética no pensaba permitir. 

Independientemente de otros espacios clave como Oriente Medio o Asia, todavía se puede contemplar a Europa Oriental como una región clave donde la pugna entre EE.UU y Rusia es más evidente que en cualquier otra zona. Es indudable que el primero trata de crear una especie de “cordón sanitario” desde el Mar Báltico hasta el Mar Negro, atrayendo hacia su esfera a países que, históricamente han sido parte o aliados de Rusia. Algo interesante es que, aún a pesar de que Rusia era el candidato histórico perfecto para dominar el Heartland, la abrumadora parte de su población, infraestructura e industria se encuentran en la Rusia europea. Hoy en día Rusia no puede competir con la hegemonía China en Asia, por ello trata de mantener su influencia en Europa Oriental. Dentro de la dinámica de Mackinder y del dominio de Europa Oriental, también habría que atender a las potencias menores locales. Organizaciones como el grupo de Visegrado (Hungría, República Checa, Polonia y Eslovaquia) tratan de obtener cierta libertad de actuación, sin depender de las grandes potencias. También hay que tener en cuenta al creciente nacionalismo polaco y el resurgimiento de ideas como el Międzymorze o Intermarium, un concepto que busca resucitar las fronteras de la Mancomunidad Polaco-Lituana a través de la diplomacia. 

Mackinder sostenía que la dinámica mundial sería la de una potencia terrestre que domine el Heartland (por aquel entonces Rusia/Unión Soviética), la cual se enfrentaría con una potencia marítima (Gran Bretaña o EE.UU), la cual intentaría evitar que una potencia del Heartland se hiciese con la isla mundial. Desde una perspectiva actual, habría que considerar a China como un candidato más viable para ejercer el papel de esa potencia terrestre y más aún con su ambicioso proyecto de la nueva ruta de la seda. Con este plan China busca ejercer su influencia sobre la vasta área de Eurasia no gracias al poder militar, sino gracias al comercio. 

Teoría del Rimland

La teoría de Mackinder, aunque tuviese sentido en el mundo de principios del siglo XIX, no ha envejecido muy bien durante la etapa posterior a la Segunda Guerra Mundial. En 1942, el estadounidense Nicholas Spykman creó la teoría del Rimland, que rivaliza con la de Mackinder. El Rimland está compuesto por gran parte de lo que Mackinder denominó creciente interior. El Rimland, por ello, es la franja exterior de Eurasia que rodea al Heartland. 

Spykman influenció en gran medida la política exterior estadounidense durante la Guerra Fría. Sus escritos han sido clave para grandes personalidades estadounidenses de la Guerra Fría como Henry Kissinger, John Dulles o Zbignew Brzezinski. 

Spykman difiere de Mackinder y de hecho bebe de los tres más recientes conflictos a gran escala que vivió el continente Europeo, como las Guerras Napoleónicas y las dos guerras mundiales. Niega que la dinámica sea la de una potencia terrestre enfrentada a una potencia marítima, sino que, son eventualmente Gran Bretaña/EEUU (potencias marítimas) y sus aliados del Rimland, los que se enfrentan a Rusia y sus aliados del Rimland, o al contrario, las potencias marítimas y Rusia aliadas en contra de un poder dominante en el Rimland. 

Spykman sostenía que el Rimland de Eurasia y las zonas costeras eran clave para el control de la Isla Mundial. El Rimland contiene al Heartland, cualquiera que controle el Rimland controlaría eventualmente la Isla Mundial, ya que ésta se encontraría cercada. 

Esta teoría, explica muy bien parte de la estrategia de contención estadounidense durante la Guerra Fría y sobretodo, en la perspectiva europea, la gran expansión hacia el este que ha llevado la OTAN. Hay que añadir que Spykman se oponía a los procesos que buscaban unificar al continente europeo. Según su visión, eso alteraría la balanza, ya que, EE.UU intervino en Europa para evitar la supremacía alemana en el Rimland, por tanto, una integración Europea bajo el paraguas de una única organización comandada por europeos, perjudicaba a EE.UU y representaba, por ende, el mismo mal que un dominio nazi o soviético del continente. 

Spykman alteró la frase de Mackinder: 

“Quien controle el Rimland, domina Eurasia, quien domine Eurasia, controla el mundo.” 

A EE.UU le conviene mantener una balanza de poder en el Rimland. Le conviene una continua situación de desconfianza UE-Rusia, ya que eso impedirá que una importante parte del Rimland se alíe con Rusia y eventualmente China, lo cual convertiría a EE.UU en una potencia irrelevante. A su vez esta teoría explica muy bien la fijación estadounidense por Oriente Medio y su renuncia a perder influencia en la región. 

Por alguna extraña razón, la teoría de Spykman no se trata de la misma manera que la de Mackinder, a pesar de ser más moderna y adaptada a los tiempos. La teoría de Mackinder peca del eurocentrismo de la época y queda obsoleta con el surgimiento de potencias del Rimland como Irán, India o primordialmente China. La teoría de Spykman, por el contrario, aunque tampoco perfecta, sí ayuda a explicar y entender, parte de la realidad actual, derivada de la Guerra Fría y la época de dominio estadounidense que conllevó el fin de la misma. 

Teoría del Poder Marítimo de Mahan

Alfred Thayer Mahan fue un almirante y estratega naval estadounidense de finales del siglo XIX. Curiosamente, no se hizo famoso por sus acciones militares o por su amor a la navegación a vapor, la cual detestaba. Sin embargo, sus libros y artículos, de gran enseñanza estratégica, dejaron huella e influenciaron no sólo la política exterior de EE.UU, sino a todas las potencias que buscaban poder e influencia a través del dominio naval. En la Alemania del Kaiser Wilhelm II, éste obligó a sus marinos, entre ellos al famoso ministro de Marina Alfred von Tirpitz, a leer y aprender de las enseñanzas de Mahan para así poder responder al poderío naval británico durante la Primera Guerra Mundial. A su vez, el Japón imperial también tuvo interés por la teoría de Mahan, ya que dependía ampliamente de su armada para ampliar y sostener su imperio en el Pacífico. 

El desarrollo del pensamiento de Mahan junto con sus obras, suceden a la par que el surgimiento de la noción de geopolítica. Su obra más importante, sea quizás: The Influence of Sea Power Upon History (1660-1783). Mahan habla en clave geopolítica sin mencionar a la misma, al igual que los teóricos alemanes de su época, el conflicto es visto como un “progreso”, es un mero movimiento de corte político. En un tono parecido al de Mackinder (la dinámica de la historia mundial se determina por la pugna entre un poder naval y uno terrestre), Mahan considera que el poder naval prevalece sobre el terrestre y que es clave para vencer en cualquier conflicto, la historia lo prueba. 

Desde una visión reduccionista: la poderosa Persia (poder terrestre) vio cómo su invasión de Grecia empezaba a truncarse a raíz de la derrota de Salamina a manos de la armada de las ciudades estado griegas (poder naval). La potencia terrestre que era Roma, tuvo que primero quebrar en el mar al poder marítimo cartaginés para luego vencerles en dos guerras terrestres. Similares ejemplos se pueden encontrar en las dos guerras mundiales, donde partes clave de ambos conflictos se decidieron gracias a la potencia naval, con resultados conocidos por todos.

Según su visión, el poderío naval debe actuar separado del terrestre. El objetivo es buscar una primera y última batalla, una batalla decisiva frente al enemigo. Es también clave el mantenimiento de las vías de comunicación y suministro marítimo. Mahan se ve influenciado en su pensamiento por la estrategia británica, la mayor potencia del siglo XIX, cuyo poder se sostenía en la supremacía naval. El fin de quien busque dominar el mar debe ser explotarlo y defenderlo, mirando siempre el beneficio propio. El poder marítimo se sostiene también a través de un comercio próspero e ininterrumpido. En relación a EE.UU, Mahan consideraba que su país debía dotarse de una flota que le ayudase a controlar el entorno cercano, expandir su presencia a aguas más alejadas y finalmente dominar mercados y puertos estratégicos, actuando siempre a nivel global. 

De nuevo, Zbignew Brzezinski, es ejemplo de una figura influenciada por el pensamiento de Mahan. En su famosa obra, The Grand Chessboard (conocida en español como El Gran Tablero Mundial), Brzezinski desarrolla una idea que gira en torno a que la posición insular de EE.UU y a que la falta de vecinos hostiles le otorgan la capacidad de elegir si actúa o no en determinada zona del planeta a su antojo. Para ello se debe evitar la hegemonía de Eurasia y mantener el control marítimo, básicamente una idea calcada del enfoque global del Imperio Británico. Esta idea sería una proyección global del Plan Anaconda de la Unión durante la Guerra Civil en EE.UU. El bloqueo naval y el control de los grandes ríos que daban al Atlántico fueron clave para asfixiar a la Confederación. Según el plan de Mahan, EE.UU aplicaría, eventualmente, un control similar de los mares y océanos del planeta en caso de serle necesario. 

Aunque EE.UU sea la potencia marítima por excelencia hasta hoy en día, hay que poner también el foco en China. Si bien aún no tiene un poder marítimo similar al de EE.UU y, en algunos aspectos, tampoco superior a Rusia, China se está modernizando muy rápidamente y ya está empezando a tratar de cumplir el primer precepto de Mahan, dominar las aguas del entorno cercano. Un ejemplo de ello es el conflicto con sus vecinos y con EE.UU en el Mar de China.  

Si bien estas son algunas de las teorías geopolíticas principales, considero que es conveniente nombrar concepciones, planes o estrategias modernas que se han hecho conocidas en los últimos años.

 

Doctrina Gerasimov

Esta supuesta doctrina lleva varios años circulando, sobretodo, por medios, Think Tanks o incluso universidades anglosajonas. Recientemente llegó también a España y además en formato académico. 

La doctrina lleva el nombre de Valery Gerasimov, el Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Rusia, y supuestamente consiste en un plan que Gerasimov desarrolló para la Federación Rusa, el cual consistiría en utilizar la guerra híbrida y diferentes estrategias de desinformación e infiltración para perseguir sus intereses geopolíticos y disminuir el poder de la UE o EE.UU. 

La realidad es que esta doctrina no existe. No existe porque el responsable y primera persona en hablar de ello lo reconoció hace ya 2 años y ningún medio o académico occidental se ha hecho eco. El primero en publicar información sobre esta supuesta doctrina fue nada menos que Mark Galeotti, del Atlantic Council, un Think Tank asociado a la OTAN. Hay un artículo escrito por Galeotti para Foreign Policy, en marzo de 2018, que se titula “I am sorry for creating the Gerasimov Doctrine” (Siento haber creado la Doctrina Gerasimov). En dicho artículo Galeotti reconoció que recibió una traducción del discurso de Gerasimov recogido por la revista militar rusa Военно-промышленный курьер (Correo Militar-Industrial) en febrero de 2013. Galeotti afirma que leyó la traducción y publicó un artículo con la misma, a la que añadió sus propios comentarios, los cuales fueron malinterpretados. En su artículo en Foreign Policy afirma: 

Un blog es, tanto como cualquier otra cosa, un sitio de vanidad; obviamente quiero que la gente lo lea. Entonces, para un título ágil, acuñé el término «doctrina Gerasimov», aunque incluso entonces recalqué en el texto que este término no era más que «una marca de posición» y «ciertamente no es una doctrina». No pensé que la gente realmente creería que a Gerasimov se le ocurrió tal doctrina (Gerasimov es un general en jefe duro y efectivo, pero no un teórico), menos aún que era un plan «programático» para la guerra en Occidente.”

Por desgracia, los artículos sobre esta falsa e imaginaria doctrina no solo se han publicado en importantes medios como New York Times o Politico, sino incluso en el Instituto Español de Estudios estratégicos. 

Si bien esta doctrina no existe, es innegable que Rusia al igual que otras potencias, tiene también modernos planes geopolíticos. La política exterior de Rusia es muy errática y pragmática, pero pensar que alguien de la talla de Gerasimov haya revelado los planes de su país en una revista militar, a la vista de todos, es francamente irreal. 

Eurasianismo

El Eurasianismo es un movimiento político que nace entre los emigrados de la Guerra Civil Rusa Si bien es bastante antiguo, tuvo su época de auge en los años 90 de la Rusia post-soviética bajo el término de “Neo Eurasianismo”. Los teóricos que lo desarrollaron en un principio fueron los rusos Nikolai Danilevski y Konstantin Leóntiev. Es también destacable la labor del  lingüista ruso Nikolai Trubetskoi, con la publicación de Европа и человечество (Europa y la humanidad) en 1920, en la cual criticó el eurocentrismo y sentó la base ideológica para el Eurasianismo moderno.

El Eurasianismo consiste en una reacción a la Revolución de Octubre, la cual se considera una consecuencia de la rápida e ineficiente modernización de Rusia. El Euroasianismo busca establecer una autoridad separada de Europa y llama reflexionar y reconfigurar el papel de Rusia haciendo especial referencia la influencia asiática en la historia y cultura del país, así como en la religión cristiana ortodoxa como elemento diferenciador. 

De su evolución, el Neoeurasianismo, se podría destacar que no reniega sino que se vanagloria de la influencia asiática en Rusia. Aboga por un plan que unifique su concepción del espacio euroasiático bajo una misma doctrina colectivista que englobe las variadas etnias, elementos sociales y religiosos, proclamando la necesidad de luchar contra el “globalismo occidental.” Hoy en día el Neoeurasianismo está presente en toda una serie de grupos que van desde la extrema derecha al comunismo, es bastante minoritaria y está dividida. 

Una figura destacada del Neoeuroasianismo es la de Aleksandr Dugin, a quien algunos no dudan en describir como “el cerebro de Putin”. Es cierto que este filósofo y analista geopolítico es bastante prolífico e inteligente (domina una gran cantidad de idiomas), tuvo una gran influencia y sus obras se vendieron bastante bien en los 90 y principios de los 2000. No obstante, Dugin fue despedido de su puesto en la prestigiosa Universidad Estatal de Moscú hace casi una década y lo cierto es que no posee la influencia que muchos le atribuyen. Pese a todo le gusta la publicidad grandilocuente. Esto ha sido confirmado por Mark Sleboda, también antiguo docente en la Universidad Estatal de Moscú y compañero de Dugin. 

Trabajé con él durante 2 años [….] jamás ha hablado con Putin o alguien relevante en la administración. Fue expulsado de la UEM y marginado de las entrevistas de televisión durante los últimos años. […] se promociona a sí mismo y está más que contento de no negar e incluso seguirle el juego a las exageraciones y malinterpretaciones de medios occidentales [….] los occidentales suelen escribir sobre lo que dijo o hizo a finales de los 80 o 90 cuando era un joven radical explorando nuevas ideas […..] algunas de las cuales hoy niega o contradice.”

A pesar de esto no se puede descartar que Rusia ha aplicado algunos de los preceptos que señalaban los Eurasianistas. A raíz de las tensiones que Rusia sostiene con el mundo occidental, ha empezado a pivotar hacia Asia. Proyectos como la Unión Euroasiática o la Comunidad Económica Euroasiática son prueba de ello; no obstante, tampoco han sido decisivos y todo parece indicar que Rusia no será capaz de competir con China. Por ahora a ambos países les une su pugna común contra la hegemonía occidental, pero nadie sabe cómo se desarrollarán las relaciones una vez China desbanque a EE.UU como potencia hegemónica.

 

El Eje de Resistencia

Esta alianza político-ideológica, ha influenciado gran parte de la geopolítica reciente en Oriente Medio durante los últimos años, por ello merece ser nombrada. 

La primera vez que apareció el término fue en el periódico libio Al-Zahf Al-Akhdar. Fue una respuesta al llamado “eje del mal” que por aquel entonces empleaban los EE.UU de George W. Bush para referirse al Iraq de Sadam, Irán y a Corea del Norte. 

A raíz de la invasión estadounidense de Irak, en 2003, este término y su concepción empezaron a ser desarrollados en Irán, el cual apoyaba a diferentes grupos chií iraquíes. Esta idea de resistencia conjunta cuajó también en Siria, país donde ha habido gran cantidad de refugiados palestinos y desde donde se ha apoyado a Hezbolá en su defensa del Líbano ante las invasiones israelíes. 

Algunos de los académicos que han desarrollado el tema para audiencias occidentales son Hatem El Zein, de la Universidad Central de Queensland o Tim Anderson, director del Centro de Estudios Contrahegemónicos. Este último es autor de The Dirty War on Syria (La Guerra Sucia contra Siria) y del reciente Axis of Resistance: Towards an Independent Middle East (Eje de Resistencia: hacia un Oriente Medio Independiente).

Con la guerra en Siria, el eje dejó de ser una mera idea y se convirtió definitivamente en un hecho. Esta alianza está integrada por Irán, Siria, las milicias chiíes en Iraq y Hezbolá en el Líbano. Busca ser una respuesta a la esfera de influencia estadounidense en la región (Israel, Jordania, Arabia Saudí, Qatar, Bahrain y EAU). También se podría mencionar el caso particular de los Hutíes en Yemen, como aliados de éste eje y en ocasiones a potencias como Rusia, que a través de su cooperación con el mismo buscan disminuir la influencia de EE.UU en la región. 

Estas son la mayor parte de las teorías y modos de entender la visión de la geopolítica global que marcan el rumbo hoy en día. El análisis de las actuaciones de los distintos estados del mundo no debe adscribirse únicamente en torno al desarrollo de sus relaciones internacionales, sino tener en cuenta los factores internos que en ocasiones determinan su interacción con el entorno. Solamente así se podrá obtener una visión imparcial y adecuada del mundo, alejada de partidismos, ideologías y propaganda. 

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