El fin de semana la Liga Árabe ha celebrado su 4ª Cumbre Económica y de Desarrollo Social en un Líbano que continúa desde mayo de 2018 sin un gobierno tras las elecciones.


 

La cumbre se ha celebrado en un momento en el que las relaciones de los países árabes están cambiando tras la guerra de Siria, y en la que la tensión por disputas del pasado ha desembocado en acontecimientos como la quema de banderas libias por parte de seguidores del movimiento chií libanés Amal, una de las principales fuerzas del país.

El rechazo hacia la cumbre por parte de los países del golfo es innegable después de que los líderes de estado rehusasen participar y enviasen a representantes en su lugar. Qatar, sin embargo, ha roto con las dinámicas del Consejo de Cooperación de los Estados Árabes del Golfo (CCEAG) al además de apoyar la cumbre, invertir 500 millones de dólares en Líbano.

La posición tomada por el jefe de estado qatarí, el Emir Tamim bin Hamad al-Thani, se puede interpretar como una provocación del CCEAG y una consecuencia de su acercamiento con Irán.

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